El sonido del bolígrafo de Alice me sacó de mis más profundos pensamientos. Analicé la situación por completo. El examen del maestro había empezado hace más de media hora, y yo no hice más que quedarme como un imbécil admirando el tono verde opaco del pizarrón. Mi cabeza se movió de un lado a otro, intentando buscar ayuda pero lastimosamente se topó con la cabellera rubia de Miranda.
¿Cómo podía ser tan preciosa?
Realmente me tenía como un loco enamorado rendido a sus pies, estaría dispuesto a cumplir cualquier capricho extravagante tan sólo para verla mostrar esa linda sonrisa donde resaltan sus blanquecinos dientes y se forman pequeñas arrugas en sus ojos color miel. Debería considerarse un delito ser igual de bella que ella. Aunque bueno, quizá Alice no piense igual; Alice es mi mejor amiga desde que aprendí a sumar, y desde aquel desastroso 3 de Junio la conozco. A Alice nunca le cayó del todo bien Miranda, empezando por su personalidad egocéntrica y arrogante, además de encantarle humillar a los demás presumiendo el trabajo de su madre. Sí, era una especie de demonio disfrazado de ángel, pero, ¿quién era yo para criticarla?
Alice era completamente distinta a mi actual crush de la secundaria. Era pelinegra y poseía grandes ojos color avellana, era bastante linda a decir verdad. Aún recuerdo la vez en la que creí estar enamorado de ella, pero afortunadamente, Miranda se transfirió a mi escuela días antes de que pudiera declararme. Amo y amaré ese 20 de Abril en la que ví cruzar por primera vez los pasillos, recuerdo como sacudía su cabello de un lado a otro y sonreía tímidamente a cualquiera que la observara más de 10 segundos. Claro, días después mostró su verdadera personalidad, ganándose más enemigas que amigas.
¿Y yo? Yo simplemente era un adolescente más del montón que caía rendido por los encantos de esa joven en pleno desarrollo. Era increíble la forma en la que caí rendido a sus pies al tan sólo unos minutos de conocerla, y cuando se lo conté a mi padre, se lo tomó de maravilla. Él más que nadie quería que experimente aquella etapa del amor, además de quitarse de una vez por todas las sospechas de que era homosexual. Eso fue un gran alivio para él.
Y así fue como caí rendido en mis pensamientos otra vez, dándome cuenta de que el examen acababa de terminar al sentir las manos del profesor forcejear con las mías para quitarme la prueba.
Todos, absolutamente todos me miraban, incluida ella.
─ Serás idiota.
─Me volteé confundido admirando a Alice bufar mirándome directo a los ojos. Murmuró un está mirándote, cosa que hizo que volviera a mi antigua posición. Y efectivamente, frente a mí se encontraban dos bellos ojos observándome de pies a cabeza.
─ Te pedí la número cinco, pero tú sólo pensabas en Dios sabrá qué. Ni para eso me serviste, Oliver.
─ ¿Realmente eres tú? ¿Miranda? ¿Me estás hablando?
─ Piérdete.
Sí, sin duda era ella. Ciertas veces solía preguntarme que pensaría su madre al ver lo que verdaderamente era su pequeño ángel, que simplemente se escondía tras la fachada de ser una buena niña, pero en la escuela era quizá todo lo contrario. Eso sí, la belleza que poseía era un punto a su favor para que nadie de cierta forma, la traicionara.
Sentía las sacudidas y empujones de Alice para que pueda salir del shock en el quedé al tener aquella mini-conversación con la chica de la cual estoy profundamente enamorado, esto no pasaba todos los días, créanme.
─ ¿Podrías dejar de admirar su existencia como si fuera la mismísima Afrodita? Vamos, ni siquiera es tan bella.
─ Cállate Alice, es perfecta.
─ Lo que sientes por ella es tóxico, entiéndelo. Eres una especie de admirador secreto, obviando la última palabra.
Y en parte tenía razón. Últimamente he creído que por lo único que asisto a la es escuela es sólo para presenciarla, pero aún no había logrado siquiera un mínimo avance para acercarme a Miranda. Debía idear una forma para lograr ganarme aunque sea un pequeño espacio en su frágil corazón, oh sí, necesitaría a Alice.
─ ¿Te gustan las regalos?
─ ¿Eh...?
─ Ya sabes, peluches, chocolates, paletas, entre otras cosas.
─ Me conoces hace más de 5 años, ya debes saber qué me gusta. Y respondiéndote, no. Sólo me gustan las flores.
─ Rosas.
─ ¿Qué?
Y antes de tener que darle más explicaciones, tomé mi mochila comenzando a correr a paso rápido al oír el timbre anunciando el final de clases. Debía recolectar miles de rosas, pegamento, colores, hojas, tenía demasiadas cosas en las cuales preocuparme.
Estaba seguro de que con esto no fallaría.
A Miranda le encantan las rosas, eso quiero creer, tendré que ganarme su cariño a causa de éstas. Pero no me molesta. Las rosas son hermosas, ¿a quién no le gustaría recibir una el mismo día de su cumpleaños?
Miranda cumpliría sus ansiados quince en unos días, y sé que mi regalo sería el que mejor recibiría. Por mi mente pasaban miles de escenarios entre ella y yo, de seguro se verá hermosa en el vestido rojo que le comentó a su amiga que compraría.
Sí, sé que ahora mismo parezco su admirador u algo, pero lastimosamente es lo que hoy en día soy. Ella me convirtió en esto.
Le daría rosas por su corazón.
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Rosas por tu corazón. / Primer libro.
Ficção AdolescenteOliver está profundamente enamorado de Miranda. Para él no existía mejor forma que enamorarla por medio de distintos tipos de regalos, pero ningún intento suyo funcionó. Es ahí donde su mejor amiga decide aconsejarle que le regale bellas rosas rojas...
