Prólogo

2K 95 16
                                        

Mantuve mi mirada en la botella de cristal de Coca Cola girando todo el rato. El juego se estaba volviendo aterrador, ya que los turnos anteriores de sus amigos explicaron experiencias espeluznantes. Yo quería contar una de las mías, como cualquier niña de catorce años haría, llamar la atención de todos y alumbrarlos con historias raras que no saben bien si es real o no.

La botella giró de nuevo, parando justo en mi dirección.

— Ada. — Levanté la mirada, encontrándome con la de Yolanda, mi mejor amiga. — Te toca.

Me puse las manos en la barbilla, pensando en cuál de las tantas experiencias podía contar. Si solo fuera una sería más fácil, pero me ocurrieron más de cinco veces.

— Vale, vale. — Dije, sonriendo falsamente, fingiendo que no estaba nerviosa (También para intentar calmarme). — Tengo una experiencia super rara. Que lo pasé con una amiga de mi infancia.

— ¿En serio? ¿Qué hizo ella? ¿Es alguien que conocemos? — Preguntó un chico que estaba sentado a mi lado, se llamaba Alex.

Volví a pensar por unos segundos. Realmente, fue una de las experiencias más raras que pasé. O eso creo. Había pasado un tiempo desde que ellos aparecieron.

— Pues hizo lo mismo que yo, niño. Estábamos acojonadas. Y no creo que la conozcas. — Reí, calmando el tenso ambiente que había en la habitación. — Fue por las colonias de... me acuerdo de que eran por el penúltimo o último año de primaria. A mí nunca me gustaron las colonias, es más, las detesto.

Algunos de ellos se tapaban la boca o ponían cara de sorprendidos. Me esperaba esa reacción en ellos.

— No, no. No puede ser que exista alguien que no le guste las colonias. — Soltó una amiga, que no podía cerrar la boca de lo sorprendida que estaba.

— Oh, por favor. Sabéis muy bien que no soy del todo normal. — Me volví a reír, la cosa se estaba tranquilizando y eso me hacía sentir que tenía más control en lo que iba a explicar.

Después de unos minutos, conseguimos estar todo callados ya que se formó un debate sobre las colonias tontamente. Me armé de valor y comencé:

— Me acuerdo de que se estaba haciendo de noche. Bueno, ya estaba oscuro. Estaba cenando con mis amigos, pero tuve malestares, por lo que le dije a la profesora que no me encontraba bien. Me dijo que fuese a la habitación de chicas a descansar. — Di una pausa, para coger mi botella de agua y beber un poco.

— Yo me acuerdo de que me dijiste hace tiempo que ese lugar tenía muchos pisos y las habitaciones estaban muy arriba. ¿No te dio mal rollo subir? — La pregunta de Yolanda me pillo en medio de mi trago de agua, solo consiguiendo como respuesta mi negación con la cabeza.

Dejé la botella en el suelo.

— No. No. No. — Respondí rápidamente. — Le pedí a mi amiga que me acompañase, porque en ese momento le tenía miedo a la oscuridad. Y lo peor de todo, es que las escaleras eran como de caracol. No me acuerdo mucho. Solo sé que podías ver las escaleras para abajo por el agujero de en medio. Subimos las escaleras a oscuras, ya que no sabíamos donde estaban los interruptores. Subimos y eso, hasta que escuchamos un ruido abajo, como si alguien también estuviese subiendo las escaleras con nosotras. Miramos abajo por el agujero, viendo como una persona con capucha sacaba la cabeza en medio de las escaleras para mirar hacia arriba.

Pude ver las miradas de miedo de mis amigos, algunos de ellos ya se estaban hasta abrazando del miedo.

— ¿Le viste la cara? — Preguntó uno de los chicos, el cual se intentaba hacer el valiente fingiendo no tener miedo.

— Ahora que lo dices... No. Ninguna de las dos le vimos la cara. Pero sentimos algo, como que no era bueno, que teníamos que salir corriendo. — Seguí explicando la experiencia con un nudo en la garganta. — Justo el momento que nos vio, corrió hacía nosotras. Estábamos asustadas, y fuimos deprisa a las habitaciones y nos encerramos en los baños.

Me abracé a mí misma, mis pelos estaban de punta. De solo recordarlo mi corazón daba un vuelco. ¿Qué hubiese pasado si nos hubiésemos quedado quieta?

— ¿Desapareció? O... ¿Os persiguió? — Inquirió otro amigo.

— Insistió. Golpeaba la puerta...una...otra...y otra vez. Hasta que paró. — Mi mirada se perdió nuevamente en la botella de cristal. — No sabíamos que hacer. Así que esperamos unos cinco minutos hasta que salimos. No había nadie.

— ¿No podía ser un profesor o un niño haciendo una broma? — La pregunta de mi amiga me recordó ese momento, donde también me hice esa pregunta, con la esperanza de que no hubiese sido real.

Negué con la cabeza.

— No. Nosotras dos también nos preguntamos lo mismo. Hasta el día siguiente estuvimos preguntando a todos. Pero...todos empezaron a pensar que estábamos locas, no había nadie más ahí aparte de nosotros. — Sin darme cuenta, me mordí las uñas, asustada de que una cosa así volviese a pasar. — Lo peor es que mi amiga tuvo que volver a pasar por las escaleras sola para ir al comedor y yo me quedé en la cama de esa habitación a oscuras. Lo que hicimos era como pedir a gritos que nos matasen.

— ¿Pero luego de eso no vieron algo raro?

Asentí lentamente, sin querer aceptarlo.

— Ella no. Yo sí. — Respondí brevemente. — No pude conciliar el sueño. Me sentía observada y me pasé todas esas horas vigilando en cada rincón. Luego de eso, vinieron todas las chicas y las profes. Me hice la dormida, acabando dormida al final. Desperté por la noche y vi a ese mismo hombre en pie, justo al lado de donde dormían las profesoras. Me observaba fijamente.

— ¿Te hizo algo? — Abrí los ojos como platos. No lo sabía, no me acordaba. ¿Por qué no lo recuerdo? ¿Por qué?

— No lo sé. Solo sé que me volví a despertar todo el rato por la noche, con ganas de mear. Y cuando entraba al baño, desaparecía esa sensación. — Mis palabras asustaron más a las personas que estaban en la habitación.

— Yo creo que era un acosador. — Dijo un amigo.

— Sí. No me puedo creer que hiciese esas cosas.

— ¿No será que eso del baño solo fue tu imaginación por el miedo?

— Parece tan real. Que miedo.

Las cosas que decían mis amigos estaban perdiendo el sentido. Lo único que podía pensar que es lo que ocurrió realmente esa noche. ¿Por qué esa persona lo había visto más de una vez en mi vida? No tiene sentido. 

InternadoWhere stories live. Discover now