Bien estaba yo sentada sobre esa cálida alfombra, pero sintiendo el frío recorrer desde mis huesos hasta llegar a mi putrefacta alma, ya quisiera saber por qué me sentía de tal manera, porqué hablaba de mí misma de tal manera, sin embargo, la razón siempre estuvo frente a mis narices.
- ¿Alguna vez llegaste a pensar si quiera en darle el beneficio de la duda a tus amigos? - habías dicho con tanta precisión y con un tono tan audaz que quise gritarte con todas mis fuerzas, hasta no escuchar más mi voz, aquella voz que odiaba desde el fondo de mi corazón, pero que había aprendido a soportar.
-No. - susurre trémulamente, sentía tu calor a poco centímetro de mi cuerpo, pero sin llegar a tocarme si quiera, mis labios se agrietaban con cada intento que hacía por hidratarlos con mi propia lengua, tenía tanto frío que se podía notar en mis pequeños temblores, pero no sabía qué hacer, porque la casa estaba tan cálida que no sabía cómo solucionar mi problema de escalofríos.
-Tal vez debiste hacerlo. - de nueva cuenta me volviste a preguntar... esta vez fue un leve susurro dirigido hacia mi dirección. No quise verte, sin embargo, podía notar que fue más una pregunta que una afirmación.
Así que me encogí de hombros y volví a susurrar, esta vez el sonido de mi voz cortó las invisibles líneas de mi sufrimiento. -Tal vez debí hacerlo. -
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Algunas cosas que quise decir pero nunca dije
ContoY me di cuenta... de que ya no era la persona que me había prometido ser y que cada esfuerzo por intentar ser alguien diferente había terminado en el fracaso. Caí en la realidad de qué tal vez yo era la persona de la que los demás no querían hablar...
