No podía entender como mi progenitora, la mujer que me dio la vida, mi madre, me podía decir que después de veinte años en Grecia, nos mudábamos a Estados Unidos. No lo entiendo, de verdad que no, o sea, ¿no se da cuenta de que todos mis amigos, mi vida, mis recuerdos están aquí?
- Callia, te aseguro que la vida en Canadá será mejor de lo que tu pequeña mente puede imaginar - dice mi madre con una sonrisa en la cara.
- Mamá, pretendes que viaje a otro continente, ¿cómo crees que me siento? -
- Tranquila cariño, en cuanto veas nuestro nuevo hogar cambiarás de opinión - mi madre siempre tan positiva. Bueno, mientras preparo las maletas os pondré un poco al día sobre mi, empezando por mi nombre, me llamo Callia Metaxas Rey, mi padre era militar y en una misión en Afganistán falleció trágicamente. Tengo veinte años, terminé el instituto y no tengo pensado ir a la universidad. Mi madre, la mujer que me dio la noticia, es Ademia, algo muy curioso, ya que su nombre significa "sin marido", pero bueno, son casualidades de la vida, supongo.
- Mamá, ¿a qué hora sale nuestro vuelo? - pregunto al cerrar mi última maleta llena de ropa.
- Tenemos que estar en el aeropuerto a las seis de la mañana - suspiro cansada, ya que madrugar nunca ha sido mi punto fuerte. Al llegar la hora, nos ponemos a cenar entre recuerdos, risas y algún que otro comentario irónico de mi persona; beso la mejilla de mi madre al terminar la cena y me voy a mi cuarto, donde me coloco el pijama y me acuesto en mi cómoda cama, tapándome con las cálidas mantas.
***
- Mamá, es muy temprano - me quejo como una niña pequeña mientras arrastro mi maleta por el aeropuerto.
- Lo sé - dice mi madre viendo los billetes - pero deja de quejarte cariño, en el avión podrás dormir tranquilamente - después de recorrer casi todo el aeropuerto debido a la poca orientación de mi madre, conseguimos llegar a la puerta de embarque, donde dejamos las maletas, mostramos nuestros billetes y nos dejan subir al avión, donde encontramos nuestros respectivos asientos, me acomodo y me dispongo a dormir las once horas de vuelo, aproximadamente.
***
- Callia, ya hemos llegado - dice mi madre mientras me mueve de un lado a otro sin ningún cuidado.
- Ya voy, ya voy - me levanto. Cogemos nuestras cosas y salimos del avión junto a los demás pasajeros, que lo primero que hacen es estirar sus cuerpos y respirar el aire puro de Canadá.
- Vamos - entramos en el aeropuerto, esperamos a nuestras maletas y salimos al exterior donde pedimos un taxi, mi madre le indica la dirección y el hombre calvo, de unos cincuenta años nos lleva hasta allí entre comentarios de mi madre, y risas nerviosas del pobre hombre que no sabía que decirle a mi madre para que se callase.
- ¿Hemos llegado? - pregunto una vez el taxi deja de moverse, miro por la ventana y veo una casa de dos plantas, bastante acogedora, a decir verdad.
- Sí - mi madre saca unos billetes de su cartera - tome buen hombre, quédese con el cambio - ambas salimos del taxi, cruzamos la calle y ahí está, nuestra futura casa. Mamá abre la puerta, y lo primero que puedo apreciar es el hermoso recibidor color rosa pastel, un pasillo que lleva hasta el salón, una puerta que de seguro es la cocina, unas escaleras que conducen a la planta de arriba y un hermoso ventanal que da acceso a la terraza.
- ¿Puedo ir a ver mi habitación? - mi madre solo asiente mientras deja las cosas en el suelo. Corro escaleras arriba, y veo un largo pasillo lleno de puertas, abro la primera y veo un cuarto de baño, la segunda es una habitación bastante amplia con cama de matrimonio, sábanas verdes, paredes blancas, armario empotrado y una alfombra verde; camino hasta la siguiente puerta, la abro y veo una habitación más amplia toda vía, solo que esta tiene baño propio, cama de matrimonio, armario empotrado y las paredes son color canela; y por último abro la siguiente puerta, la cual es una habitación tan amplia como la anterior, tiene lo mismo, solo que las paredes son de un verde muy claro. Al final, me decido por la color canela, el verde no me gusta nada en las paredes. Empiezo a colocar mis cosas en sus respectivos lugares, muevo algún que otro mueble del sitio y distribuyo la habitación a mi gusto, ya que me encanta tener mi espacio.
- Cariño, ¿ya has ordenado todo? - pregunta mi madre entrando sin llamar, como hace siempre.
- Sí, he movido cosas y tal, pero ya está todo hecho - me tiro sobre la cama.
- Bueno, ¿te apetece ir a comer por ahí? - asiento - pues venga, vístete decente que vamos a un restaurante que hay por aquí cerca según el Google Maps - mi madre tiene una pequeña obsesión con esa aplicación, y no es cosa mía, es que cuando empecé el instituto, yo todavía no tenía coche, por lo que me tenía que llevar ella, y pues necesitó el GPS para poder llegar, y desde entonces lo usa para encontrar cualquier sitio. Me levanto de la cama, abro el armario y busco unos pantalones vaqueros rotos en las rodillas, una blusa rosa palo con estampado de golondrinas, mis zapatos de tacón negros y una chaqueta negra, me visto, arreglo un poco mi melena larga color rosa y morada dejando que caiga sobre mi espalda hasta mi cintura, me coloco unos cuantos accesorios, me maquillo levemente, agarro mi bolso y meto el móvil, la cartera y unas cuantas cosas más y lista.
- Mamá, ya estoy lista - grito desde la puerta de mi habitación, la cual cierro una vez salgo, bajo las escaleras hasta el recibidor, y allí espero a mi madre, quien se vistió con unos pantalones vaqueros, una camiseta amarilla, unos tacones negros y una chaqueta negra. Sí, se podría decir que a la hora de vestir tenemos algún que otro gusto igual.
- Pues vamos - pedimos un taxi, ya que nuestros coches no llegarían hasta mañana, le damos la dirección y en menos de diez minutos ya estábamos en la puerta del restaurante - muchas gracias - el taxista se despide de nosotras, y entramos en el restaurante, donde una mujer más o menos de mediana edad nos recibe, nos asigna una mesa y nos da unas cartas para poder elegir nuestra comida.
***
- Entonces, vas a querer trabajar en algún sitio, ¿no? - dice mi madre mientras come su postre.
- Sí mamá, ya sabes que no quiero tocar el dinero que nos dejó papá, a no ser que fuese una emergencia -
- Ya lo sé cielo, pero para tus estudios ... -
- Mamá, tranquila, ya casi tengo lo suficiente para poder estudiar lo que quiero -
- Bueno, sabes que cuentas con mi apoyo, tanto maternal como económico -
- Lo sé - sonreímos y seguimos comiendo de nuestro delicioso postre, hasta que la puerta de la entrada del restaurante es abierta de forma violenta, mi madre mira asustada hacia la puerta y juro que su cara era de pánico - mamá, ¿qué pasa? -
- Nada, vámonos - ambas nos levantamos, haciendo ruido con las sillas, lo que hizo que la atención del hombre desconocido se posara sobre nosotras - mierda - susurra mi madre.
- Vaya hombre, mira a quien me vine a encontrar - dice el desconocido con una sonrisa de oreja a oreja.
- Hola Dameon, veo que las entradas dramáticas siguen siendo tu punto fuerte - el tal Dameon comienza a reír de forma escandalosa y se funde en un abrazo con mi madre, quien también empieza a reír.
KAMU SEDANG MEMBACA
Madness
Fiksi RemajaEsta historia narra la vida de Callia, nuestra protagonista, quien junto a su madre emprenden un largo viaje hasta Canadá, Vancouver, donde conocerán a gente maravillosa y posiblemente, el amor.
