Capitulo Único

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Yo no me esperaba convertirme en un héroe. Siempre fui alguien normal, alguien a quien no te pararías a mirar dos veces. Mi nombre es Jacques, vivo en América pero soy de origen francés y toda mi vida cambió el día en el que conocí a Harley Philips y Leonard King (o, más bien, el día en el que se estreyaron en mi casa).

Aquel día me encontraba en el salón, sentado en el sofá, leyendo El Asesino de Cristal de Xavier Kean. A mi lado había una humeante taza de chocolate de la que emanaba un delicioso olor, y de fondo se escuchaban los coches que pasaban por la ECR-17. Pronto, los coches quedaron eclipsados por un extraño sonido, parecido al pitido de un silbato, que cada vez sonaba más alto y cerca. Entonces, el sonido desapareció, y dos personas se estreyaron contra mi ventana.

La extraña visita fue muy corta. Los dos desconocidos entraron en mi casa. El primero, de unos 17 años, era bajito y delgaducho, tanto que parecía que el más mínimo soplo de viento se lo llevaría volando. Tenía ojos marrón claro, a juego con su pelo, que hacía que su pálida cabeza pareciese redonda. Su cara estaba llena de pecas, y enmarcada por unas gafas demasiado grandes. Vestía una camiseta, que estaba semicubierta por una bata de laboratorio. Sus delgadas piernas estaban cubiertas por unos pantalones amarillo oscuro, que finalizaban en unos zapatos marrones. Tenía una sonrisa amable.

Su compañero, por el contrario, parecía tener menos interés por estar aquí. Era una cabeza más alto que el otro, y parecía un par de años mayor. Tenía un peli castaño muy repeinado en forma de tupé, como el que llevan los adolescentes populares en las películas juveniles. Sus ojos verdes estaban enmarcados por unas gafas negras. Llevaba una camiseta blanca, sobre la cual había una chaqueta de cuero negra. Completando su atuendo estaban unos pantalones y zapatos negros

El más joven de los dos dió un paso adelante y dijo:

- Hola, me llamo Harley Philips, y él es mi compañero Leonard King -. Leonard asintió a modo de saludo mientras se cruzaba de brazos -. ¿Cuál es tu nombre?

-Jacques -. Contesté -. Ahora, o me decís que hacéis aquí, o llamo a la policía.

Harley sonrió aún más con mis palabras, y contestó:

- Eso no será necesario, Jacques. Estábamos realizando un experimento y nos estrellamos contra tu casa. Te pagaremos los daños, pero antes necesitamos ir al baño.

- ¡No! -. Dije con más fuerza de la que pretendía -. Nadie se va de aquí hasta que me explquéis de donde venís y que estabais haciendo.

- Bueno, ya que no quieres por las buenas... -. Comenzó a decir Leonard. Entonces sacó una especie de cámara, me apuntó con ella y le dió a un botón.

Eso es lo último que recuerdo de aquello. Te preguntarás, entonces, como estoy contándote esto. La respuesta es muy básica, cámaras de seguridad.

A la mañana siguiente me desperté en el sofá, sin recordar nada del día anterior. Fui al baño, para ver si al lavarme la cara se me aclaraban también las ideas. Y allí lo encontré, a lo que me convertiría en un héroe. Encontré... un reloj.

Ya sé lo que estarás pensando. Un reloj, ¿en serio?. Pues sí, un reloj. Parecía que este no funcionaba, así que pulsé un botón. Todo lo que había a mi alrededor desapareció, y yo fui enviado al vacío.

Pronto todo volvió a aparecer, pero era diferente. Esta no era mi casa. Asustado, volví a pulsar el botón y volví a aparecer en otro sitio. Empecé a pulsar los botones frenéticamente, y cada vez aparecía en un lugar diferente. Cuándo pulsé todos los botones a la vez aparecí en mi casa.

Corrí hacia mi habitación, desesperado, y encendí el ordenador. Entré en las grabaciones de las cámaras y ví lo que sucedió el día anterior.

Después de haber visto las imágenes, y estando todavía desconcertado por el reloj, decidí ver que hacía exactamente.

Volví a pulsar el botón y aparecí en otro sitio, está vez en una calle llena de gente. Paté a un señor y le pregunté si podía decirme dónde estaba. Al parecer me encontraba en una ciudad llamada Xadoc. Caminé por la calle hasta que encontré una especie de cyber bar. Me senté en un ordenador, pedí un café,, y me puse a investigar donde estaba.

Al buscar Xadoc me salieron varias imágenes de la ciudad y me ponía que estaba situada en un país llamado Ailim. Cómo desconocía la existencia de este país busqué cuán lejos estaba de Ecam, mi ciudad. Pero había un problema, mi ciudad no aparecía. Busqué un mapa mundial y ví que la mayoría de países que yo conocía no aparecían. Extrañado, comencé a buscar a gente famosa, comida, monumentos,..., nada aparecía. Este no era mi mundo.

Entonces ví una imagen que llamó mi atención, una imagen del reloj. Clické en ella y me salió una tienda online en la que ponía que el reloj no era un reloj, sino un CPAM. Busqué que era eso. Al parecer era un Creador de Portales A través del Multiverso. Volví a entrar en la tienda online, y allí me pedía un código para poder comprarlo que, al investigar, descubrí que solo lo tenían los miembros de alto rango del ejército. Ahora que ya sabía que era el reloj, volví a casa. Desde entonces me he dedicado a ayudar a todos lo mundos.

Además, conseguí un reloj (si, otro más) que me permitía viajar en el tiempo (es una larga historia, quizás otro día os cuente como). Podía estar en todas partes, a todas horas, por lo que siempre llegaba a tiempo para ayudar.

O al menos lo hice durante un tiempo.

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