Era un día muy caluroso, y Jeon Jungkook moría por un descanso, pero claro que no lo obtendría hasta terminar de regar y recoger la cosecha madura. No sé quejaba de aquello, al contrario se sentía muy orgulloso para que a sus 23 años de edad su cosecha este muy bien cuidada y que cada año está crezca más, aún así no olvidaba darle gracias al bosque y a la madre naturaleza por permitirle dar frutos para su bienestar y salud, lo agradecía bastante, con solo su cosecha bastaba, no era fan de la carne, claro la consumía, pero únicamente en invierno cuando muy pocas veces había frutos, se lamentaba por aquello pero su supervivencia también valía, y vamos que vivir muy lejos de la ciudad era complicado, pero no sé quejaba, amaba su vida así tal y como está.
Por la posición del sol calculaba que casi era mediodía, su cosecha recogida y regada estaba lista, se dirigió a su pequeña casa, que consistía en una pequeña cabaña de dos habitaciones, no era gran cosa y no importaba, acomodó su fruto en orden tal cual le gustaba y en un pequeño canasto guardó su consumo del día y también un poco para aquel animalito que se le cruzará.
Sin duda era un día como cualquier otro, caluroso y tranquilo, a pesar de que el sol quemaba, ráfagas de viento corrían por el lugar, aún así no podía evitar sudar, tomo arapos limpios y los guardo en el canasto, tomando también un pequeño morral y su hacha, se aseguró de que ninguna farola estuviera encendida, y emprendió su viaje hacia el pequeño lago subiendo a la colina.
Era un poco largo el camino, pero lo conocía muy bien de memoria, Y solía entretenerse con los conejos que se le cruzaban o las pequeñas ardillas sobre los árboles, y en medio del camino, había una madriguera que tanto amaba visitar, llena de pequeños erizos de tierra, siempre solía llevarles una manzana y repartirlas en pequeñas porciones, y hoy claro no sería la excepción, en verdad que amaba tanto a esas pequeñas criaturas, incluso se a dado cuenta que el cariño es mutuo, ya que lo reconocen y no suelen alterarse ante su presencia, recuerda muy bien un día en dónde dos pequeños lo siguieron camino a su cabaña, los tuvo que resguardar dentro de esta para que ningún depredador les hiciera daño, y al siguiente día fue a dejarlos a su respectivo hogar, tenía tantas ganas de quedarse con alguno, pero no sería lo correcto.
También para evitar el pesado camino al lago solía silbar e imitar a las pequeñas aves a su alrededor, o simplemente de disfrutar su hermoso cantar, sin duda que si no sabía disfrutar de lo bello de aquello se sentiría solo o aburrido, aunque sabía que en si no estaba completamente solo, tenía por enterado que hace unos cuantos meses una gran cabaña fue construída del otro lado de la colonia, y en cierta manera no le agradaba aquello, a estado al pendiente de ella y solo a visto movimiento de humanos dos veces, y aquello fue en temporadas dónde el invierno estaba por terminar.
Le era un poco inquietante que su tranquilidad en algún momento fuera interrumpida.
Jeon Jungkook no siempre estuvo solo, claro que no, su abuela la cual fue la que lo crió estuvo presente hasta sus diecisiete años de edad, enseñándole a como sobrevivir de cualquier forma incluso en sus últimos días de vida le enseño cómo debía de tratar a las criaturas del bosque, recordaba muy bien que siempre le repetía "Nochu, no solo hay animales en este lugar, no solo la cosecha es exportadora de vida, la madre naturaleza no es lo único a lo que le da vida y energía en este gran lugar, también hay criaturas viviendo a nuestro alrededor, suele algunas veces cambiar de formas y tamaños, y no por ser diferentes merecen un mal trato, no por ser distintos merecen ser menos, todo se debe cuidar por igual". Él claramente nunca en su vida a visto alguna criatura diferente, pero como su abuela le decía, suelen cambiar de tamaños y formas, así que tampoco le sorprendería ya haber visto alguna y no darse cuenta.
Pero si tuviese la oportunidad de apreciar una en todo su esplendor, no la trataría diferente al resto, se sentirá muy dichoso ante aquello, y esperaba que si se le es permitido poder apreciar alguna en su vida.
Entre tanto divagar, llegó al bellísimo lago, que mostraba vida dentro de él y su agua cristalina y azulada brillando gracias a los rayos del sol, en verdad amaba pasar su día en aquél lugar, no le importaba que el camino estuviera retirado nunca se cansaría de aquello. Dejando su canasto sobre el árbol más cercano fue retirando sus prendas colgando las en las mismas ramas de este. Y sin pensar lo dos veces se introdujo a la profunda agua en un clavado, estaba helada pero eso no le importaba, solo quería relajarse, soltó pequeñas risas al sentir sus pies ser devorados por los pequeños pecesitos que rondaban ahí, se encontraba nadando boca arriba, divagando en su mente y disfrutando del ambiente, cuando de repente siente una extraña sensación, como si fuese observado, levanto levemente la cabeza busco alguna amenaza o algo, pero a lo lejos solo pudo Observar a un pequeño y lindo lince de pelaje brilloso y sedoso.
Lo dejo pasar, salió de aquel lago ya que su piel se estaba convirtiendo arrugada y masuda tal cual como una pasa, y por lo frío que ya estaba su cuerpo, se visitó con los trapos que trajo y saco un poco de la fruta que había traído en su canasto, un par de manzanas y unas moras, aliviando un poco su estómago ya que no había comido absolutamente nada en todo lo que llevaba del día, al terminar regó las semillas para que den frutos cerca y los corazones de manzana los enterró para que sirviera de composta. Recostando se en un árbol miro el gran cielo azul el cual era adornado con nubes blancas de diferentes tamaños, siempre se preguntaba si el fuera diferente, si viviera en la ciudad, ¿podría admirar esto? ¿Lograría amar tanto la belleza de la naturaleza como lo hace actualmente?
Divagar, era lo que más hacia en su día, era lo que más lograba hacer y era muy bueno en aquello, por las suaves corrientes de aire y el arrulló de las copas de los árboles quedó dormido, pero no lo suficiente para no sentir una presencia cerca o que era acariciado levemente el rostro, poniéndose alerta y con el cuerpo tensó abrió los ojos, si esperar observar unos preciosos ojos castaños claros, que eran protegidos por una cortina de pestañas obscuras y gruesas, una tez blanca casi como las nubes, no podía creer lo que veían sus ojos, pero menos podía creerlo al notar un leve brillo dorado sobre esa piel.
—Uh, ¿Acaso eres...?
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Paulo Caritate • KookGi•
FanfictionÉl no creía tanto en fantasías, solo eran historias que escuchaba de pequeño, pero solía respetar las, y jamás creía que una criatura curiosa sin duda le daría un cambio completó a su vida. Historia original: MovSteri Portada: Eun💕 16/04/2020
