Capítulo 1

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Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?... Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar. 

Pienso las palabras del que considero al escritor más famoso de la literatura clásica. Me acomodo mejor en mi silla, creo que dio hambre. Bajo a la cocina y me encuentro a mi familia.

—¡Buenos días, Familia! —salude y me dirigí al refrigerador, para servirme un cereal.

—¿Esto es un sueño? —se rasca los ojos Jennifer, mi hermana mayor—. ¡Saliste de tu cueva! ¡Es un gran logro, Vicky!

—Jenni, no molestes a este murciélago —bromea mi mamá. A todos les gusta burlarse de mi.

—Si, no molestes a esta lechuza, que te puede sacar los ojos —continuó la burla Theo, mi hermano mayor.

—¿Les he dicho que son muy grosero conmigo? —pregunté con un gesto de indignado.

—Nunca nos hemos burlado de ti, hija. No sé de dónde sacas esa ideas erróneas —mi padre les siguió el juego.

Está bien, no había salido de mi cuarto desde hace tres días, pero tampoco era para tanto, me siento muy agredida.

—Son bien groseros conmigo —comí de mi cereal.

—Pará nada, hija —sonrió mi mamá.

—¡Vicky! Antes de que se me olvide, hija —salto mi papá al recordar algo—. Hoy hay una gran reunión del trabajo, todos vamos a ir, quiero que vengas con nosotros.

—¿Pará qué o qué? —pregunte.

—Es que queremos presumir a los buenos hijos que tenemos —sonrió mi mamá, mientras abrazaba por la espalda a papá.

—¿A qué hora será? —pregunté.

—A las ocho empieza, pero queremos estar ahí una media hora antes —se miraron mis papas sonrientes.

—¡Está genial! Me da tiempo de dormir un rato —sonreí, es cierto que no había dormido nada por estar leyendo.

—A las siete debes de estar lista —me miró serio mi papá.

—¿Cuándo me he tardado arreglandome? —prácticamente nunca, pues no me arreglaba jaja.

—Nunca, porque no lo haces, pero hoy quiero que vayas presentable, arreglada, chula —me guiño el ojo mi mamá—. Por eso quiero que Jenni te ayude a vestirte.

—¿Qué? —fue lo único que dije.

—¡Si! —celebró mi hermana, como niña pequeña.

—Creo que está bien que lo haga yo sólita, madre —rogué con mi gesto.

—No hay de que temerle a la belleza, Vicky —tocó mi hombro con una mirada perversa.

Cariño, me haces daño. Stories to obsess over. Discover now