Hace mucho años conocí a un hombre que desde su más prematura infancia lucho contra las adversidades de la vida para cambiar su destino, y sin doblegarse ante el, se enfrento a sus miedos más profundos persiguiendo un solo objetivo, cambiar su desdichada suerte, por ello, quiero recordarlo, por que quizás sin haberlo imaginado él me enseño a no doblegarme ante la vida.
Nació un dos de agosto de 1954 en una vieja y turbulenta ciudad del sur de buenos Aires llamada Almagro, donde paso su infancia y parte de su adolescencia arraigado a una mala vida que marco en gran parte su fría y rustica personalidad. Sin haber podido elegir el camino, arrastro sus pasos por esas peligrosas calles sorteando situaciones inesperadas que lo empujaron a cambiar violentamente el curso de sus emociones, y bajo el nombre de Miguel Ángel Touci, fue aprendiendo a sobrevivir en los oscuros callejones de la vida. Su padre se ganaba la vida dando vueltas con una moto dentro de una enorme jaula de acero conocida como el globo de la muerte, era un hombre mayor, huraño y conservador que arraigaba de un oscuro pasado viejas y malas costumbres de familia, se pasaba la mayor parte del tiempo rondando bares y clubes de alterne, donde era conocido por ser un hábil jugador de cartas, adicto al alcohol y violento maltratador. Como parte de una costumbre habitual vagaba por las sombrías calles de Buenos Aires arrastrando tras sus pasos a su pequeño hijo de apenas cuatro años, que sin entender ni cuestionar su suerte, cargaba con una decadente vida que a diario lo sometía a situaciones muy difíciles.
Cargando una pesada carga sobre sus hombros su madre luchaba contra la incuestionable voluntad de su marido, y la obstinada suerte que parecía no querer estar de su lado, y sin poder declinar la balanza a su favor, despertaba cada mañana con el único propósito de poder darle a su pequeño hijo un mejor futuro, un futuro que hasta el momento solo les ofrecía incertidumbre y desaciertos. Touci era un niño menudo tímido y silencioso que observaba todo a su alrededor queriendo aprender de la vida cuanto pudiera, sin entender que el libro de su destino, escondía en sus hojas una historia prohibida y amarga que esperaba agazapada al lento paso de sus días. A su corta edad, estaba desafortunadamente rodeado de gente que no podía ofrecerle ni enseñarle nada bueno, hombres y mujeres que luchaban por sobre vivir cargando con una frustrada culpa que no llegaban a comprender, y que irónicamente intentaban ahogar desesperadamente al paso lento de algún bar. Después de terminar su brillante y arriesgada actuación dentro de ese enorme globo de acero su padre lo llevaba a las cantinas y bares de alterne que frecuentaba, y allí, aguardando en silencio a un lado de las mesas, él esperaba poder regresar a su casa una vez más con algunas pocas monedas en los bolsillos. Su trabajo consistía en ir por tabaco o alguna copa ocasional que alguien pudiera pedirle, por la que recibía contados centavos que escondía celosamente de los hábiles ojos de su compañero, en el interior de sus gastadas medias.
Después de largas horas de aspirar el toxico humo del tabaco que flotaba en el ambiente, escuchando todo tipo de comentarios inapropiados para un niño de su edad, guiaba a su padre por las calles de la ciudad hasta su casa, donde lo veía dormir profundamente el resto del día, y de ese modo, soportando a diario su pesado cuerpo sobre sus pequeños y débiles hombros, vivía una condenada rutina en la que no siempre las cosas salían bien.
En muchas ocasiones su obstinado compañero se enredaba en sangrientas peleas que él solo podía observar desde lejos, esperando a que la suerte los acompañase, muchas veces vio a su padre tambalearse violentamente sobre los oscuros umbrales de la muerte, y agonizando en un último aliento, como tentando a la suerte lograba escapar de ella.
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El ojo en el nido de las serpientes
ActionHace mucho años conocí a un hombre que desde su más prematura infancia lucho contra las adversidades de la vida para cambiar su destino, y sin doblegarse ante el, se enfrento a sus miedos más profundos persiguiendo un solo objetivo, cambiar su desdi...
