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Lysa

Mi vida comienza aquí. Acabo de conseguir un trabajo en un café para poder alejarme, aunque sea un poco, de los maltratos de mi padre.

He ahorrado lo suficiente para soñar con mudarme lejos de él, tener mi propio apartamento y empezar mi vida de verdad.

Ahora estoy en mi hora de descanso después de trabajar sin parar. Soy la única empleada, aparte de la jefa. Tras treinta minutos de descanso, vuelvo a trabajar. Me entregan mi mesada. No es mucho, pero es algo. Camino a casa. Está a siete esquinas.

Cuando llego, noto la oficina de mi padre medio abierta. Lo encuentro sentado en el sofá, acompañado por un hombre de espaldas. No le veo la cara. Están hablando de dinero... hasta que escuchan la puerta y se callan.

—Al fin llegas, te estábamos esperando —dice Rodrigo.

Y ahí supe que algo andaba mal.

Mi padre casi nunca me dirige la palabra, y cuando lo hace es para gritarme. Todo en él me da mala espina.

El tipo se voltea y me mira de arriba abajo... con una mirada sucia, como de lujuria. Qué asco.

Nada nuevo. Siempre hay extraños en casa. Drogadictos, tipos peligrosos, deudores... o algo peor. Ya estoy acostumbrada a encerrarme en mi cuarto cada vez que aparece uno.

No sé cuándo mi vida se convirtió en esta porquería. Quizás siempre fue así y solo ahora me doy cuenta.

—Él es Axel James. Tu comprador —dijo mi padre, soltando una risa con el cigarro en la mano—. Arregla tus cosas, por fin te largas. Siempre soñé con este día.

¿Mi comprador?

No sé por qué no me sorprende. Pero igual... duele.

¿A dónde me está mandando? ¿Qué clase de vida me espera con un montón de hombres desconocidos? Me asusta, pero al mismo tiempo... ¿qué opción tengo?

—No sabes lo que dices. Estás drogado —le espeté.

—No estoy drogado. Deja tus payasadas y apúrate, te vas ya.

Su voz sonó más grave. Algo me decía que esta vez era real.

Sí. Mi padre me estaba vendiendo. Por una deuda. Como si no valiera nada.

—Bien. Me iré —dije con la frente en alto, aunque por dentro estaba hecha pedazos.

No tengo nada aquí. Lo poco que ganaba se iba en sus deudas. Cuando mamá murió, todo se fue al carajo. Ella era la única que mantenía este hogar... y sin ella, no quedó nada.

No iba a seguir cavando un hoyo del que no podía salir. Tal vez esto era mi escape.

Subí los primeros escalones... y una mano me agarró del brazo.

—No hay tiempo para empacar. No necesitarás nada de aquí —dijo Axel, frío, como si mi vida no valiera nada.

—Bien. Ya no me verás más. Tú seguirás tu camino y yo el mío. Serás su sirvienta, hasta para tener sexo. Y si ni para eso sirves, mala suerte. No hay devoluciones —agregó mi padre, caminando hacia mí sin la menor vergüenza—. Él te explicará con hechos.

Asqueroso.

¿Esto era lo que valía para él?

—Soy Axel —dijo el hombre—. Espero que sepas seguir las normas. No me gusta repetirlas.

Su voz ronca, su mirada seria. ¿Este sería mi destino? ¿Un juguete?

No. No podía permitirlo.

—Eso no me interesa —dije, aguantando las lágrimas. No iba a mostrarles que estaba rota.

No sabía quién era él, pero si estaba tan cómodo hablando con mi padre, seguro era igual de despreciable.

Axel no me soltó. Me arrastró hacia la puerta sin decir más.

—No regreses —gritó mi padre detrás de nosotros—. Y si lo haces, mejor ni lo pienses. Ya no hay vuelta atrás.

Como si quisiera volver a esa casa del infierno.

Afuera nos esperaba un carro negro, blindado. Llamativo. De esos que no se ven en este barrio. Y claro, justo hoy no había vecinos husmeando. Todo estaba silencioso, como si el mundo supiera lo que estaba por pasar.

—Eres un pedazo de mierda —le grité a mi padre.

Esperaba un golpe, una última humillación... pero nada. Solo me observó con esa cara vacía. Ya ni eso me afectaba.

Subí al carro. Cerré los ojos. No quería imaginar qué me esperaba en esa mansión. Solo sabía que mi vida, para bien o para mal, estaba a punto de cambiar.

¿Amor Mafioso? No Lo Creo.Stories to obsess over. Discover now