Capitulo I: Ángeles

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Y comeréis la carne de vuestros hijos y comeréis la carne de vuestras hijas.
-Levitico 26:29

"Santiago de los caballeros, 25 de octubre de 1605"

En una fría y oscura noche en la ciudad Santiago de los caballeros, una monja sostiene a un indefenso bebé en su brazo izquierdo, mientras trae una estaca de madera en la mano derecha y le apunta dispuesta a asesinar a la criatura, pero incapaz de derramar la sangre de un inocente le perdona la vida, la ternura del inocente enternece el corazón de Sor Margarita, Madre superiora del convento de Santa Clara de Asís y la lleva al convento, preguntándose al hacerlo, si sirve a su Dios o a Satanás al permitirle la vida a ése recién nacido de azules ojos con delicados y rubios cabellos.

Catorce años y once meses pasan desde aquel oscuro suceso, y la recién nacida ha crecido para convertirse en una bella jovencita, con sus dorados rizos y piel blanca como escarcha, es claro que la joven es española o criolla, pero de origen desconocido, las monjas y personas de la ciudad le llaman, Ángeles, ya que por ese nombre fué bautizada. Y tan bella era la joven que no había soltero que no deseara su amor, era como una atracción hipnotizante, tal vez eso haya sido lo que obligó a Sor Margarita a llevarla consigo en primer lugar.

Ángeles pronto cumpliría quince años y Sor Margarita realmente la sorprendió.

-¡Encierro total!- exclamó Sor Margarita, argumentando que la chiquilla creció en un convento para ser monja.

-Por favor, no me encierre, madre, yo no quiero dejar de ver la ciudad e ir al mercado, y ver todas las cosas que el mundo ofrece- respondió Ángeles.

-El mundo afuera solo ofrece pecado y aberraciones, especialmente para bellezas como vuestra merced, pero tiene suerte, hasta que las campanas suenen a media noche, del día 25 de octubre, marcando que cumple quince años, podrá salir con libertad del convento, pero después de eso, el hábito será su mayor compañía.- Replicó tajantemente Sor Margarita, que era una anciana casi imposible de convencer, y Ángeles lo sabía, por lo que no intentó convencerla de lo contrario.

Y ocurrió que como era costumbre, las enclaustradas le pedían favores a Ángeles, mandados y compras que ellas no podían cumplir, así que Ángeles fué y cumplió con lo que debía, y muchos hombres la veían, deseosos de hablarle, uno de ellos, el joven español Jacobo de León con 17 años comenzó a seguirla y hablarle de amor

- Tan bella y tan cautivadora sos vos, bella doncella, por favor, dadme vuestro amor- le decía él con esmero, pero para la jovencita que se hablara de su belleza no era cosa nueva.

Y ella le respondía -Pero si vuestra merced está comprometido ¿qué puedo hacer yo? Vuestro corazón pertenece a otra mujer-.

Cada día el joven le insistía, le regaló flores y joyas, y unas cuantas sirvientas pero Ángeles sabía que una vez con el hábito ya nunca podría tener un amor, además el joven Jacobo tenía fama de mujeriego y bebedor. Un día de tantos una visita llegó al convento, una joven criolla de finas ropas estaba esperando por entrar, solicitando charlar con una persona especial, María de Los Angeles, la doncella de Asís, como la solían llamar, Ángeles fue y atendió la visita, sorprendiedose al ver quién era la muchacha, Camila de Toledo y Carranza, la prometida de Jacobo ¿Para qué la buscaba?

- Mi prometido os busca y con vos sueña, y aunque debería estar herida me siento encantada- dijo Camila, dejando a Ángeles aún más confundida.

Explicó Camila qué tal era su belleza que no podía odiarla, a cualquier otra mujer seguro la repudiaria, pero al estar con su prometido podría sentir como si estuviera con ella, por alguna razón, Camila de Toledo le dió su bendición para estar con Jacobo, una rara anécdota para no olvidar pronto, pero inevitablemente pasaron los días y una nueva sorpresa. Llegó el 23 de octubre de aquel año 1620, en dos días la joven perdería su libertad y bellos vestidos, el lujo y todo cuanto tenía, "¿Por qué no escapo si igual volveré ese día?" Pensó Ángeles planeando fugarse aunque sea dos días, y salió a comprar pan, eso dijo a las monjas que con su comportamiento de siempre confiaron en ella, la Madre Margarita estaba preocupada pues tenía un mal presentimiento. Ángeles fué por la ciudad buscando aventuras y se encontró con el que siempre la esperaba, Jacobo, aquel joven enamorado y por primera vez, decidió acompañarlo, en el fondo Ángeles sabía que algo malo pasaría, pero si iba a ser monja ¿Qué importaba? Y bebieron vino y comieron carne, festejaron por horas que Ángeles había aceptado.

- ¡Vuestro cabello!- exclamó una sirvienta, lo que hizo que Ángeles buscara un espejo, y se miró, y vió que sus rizos estaban deshechos.

-Tan bella sos vos, con rizos o sin ellos- Dijo Jacobo, y siguieron festejando hasta que la tarde cayó, mientras tanto en el convento la esperaban y estaban preocupadas, pues mucho la amaban y temían que algo malo le pasara, Sor Margarita no dudó dos veces y salió a buscar a la joven pérdida.

Jacobo tenía todo planeado e invitó a Angeles a entrar a sus aposentos, ella nerviosa pasó y su corazón empezó a latir aceleradamente pues sabía que no sería para algo bueno, el joven besó su mejilla y gritó -¡Todo está listo, pasad adentro!-

Y entraron hombres distinguidos, políticos y sacerdotes, incluso señoras de muy buen nombre, y la joven criolla Camila de Toledo

-¿Qué está pasando?- preguntó Ángeles.

-Todos te deseamos tanto, Ángeles, tan bella y tan encantadora eres, provocas deseo en todos nosotros, y cuando decidiste seguirme todos vinieron sin pensarlo dos veces- dijo Jacobo con una sonrisa en los labios.

Y sucedió que las sirvientas sujetaron a Ángeles que luchaba por su honor y todos la jaloneaban buscando arrancarle sus ropas de encima y la joven gritaba por ayuda, pero era inútil, tras las paredes nada se escuchaba y el joven Jacobo desabrochó su cartón de pecho y arrancaron medio vestido, como lobos hambrientos despedazando a su presa, y cayó al suelo Ángeles fría y tensa, pero aún conciente, estaban todos asombrados al verla tirada, pues su pálida piel cada se volvía cada vez más fría y palida y su cabello, era tan lacio como nunca había sido, parecía otra persona la que estaba tirada y antes de que pudieran levantarla, se levantó por su propio pié, con una fuerza inaudita se soltó de una de las sirvientas y agarró a otra de ellas del cuello y lo partió como si se tratase de un palillo de madera, las personas callaron y las sirvientas la soltaron, los aposentos estaban fríos como un glaciar, la joven Ángeles miró a sus agresores, y las puertas se bloquearon. Quedaron atrapadas 16 personas sin contar a Ángeles y la sirvienta muerta, entonces Ángeles dijo, como poseída por su propia fuerza -Como la ofrenda por el pecado, así es la ofrenda por la culpa; una misma ley tendrán. Será del sacerdote que haya hecho la expiación con ella-.

Sed NocturnaWhere stories live. Discover now