Desplazamientos

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A mi Octavio de la vida real...


Permanezco inmóvil mientras Octavio se pone de pie. Eric, quien hasta entonces había permanecido callado, también se incorpora. El hecho de que hayamos terminado de comer en el mismo momento en el cual terminó la conversación es pura coincidencia y pura suerte.

— Levántate —me ordena Octavio, y yo obedezco con torpeza—. Eric intentó entrenarte como pudo —explica él—, yo voy a entrenarte como a una guerrera. Vamos a empezar con unos desplazamientos. Ponte a mi lado e intenta hacer lo que yo.

Me coloco como me pide y me preparo para imitar sus movimientos, copiando, a su vez, su posición de espera: la pierna derecha adelante y flexionada de manera que no puedo verme los dedos del pie debido a mi rodilla, y la pierna izquierda atrás con la planta del pie completamente apoyada. El todo forma una pequeña diagonal entre mis pies. Entonces él se desplaza hacia adelante, proyectándose con la ayuda del pie izquierdo, y adquiriendo la misma posición de los pies en el nuevo lugar. Luego regresa al lugar y posición de inicio.

— Ahora vamos juntos —dice el enano—. Y, Eric, siéntete libre de unírtenos, después de todo, tú eres el hombre aquí.

Entonces Eric, quien había estado observando —y haciendo caso omiso del comentario del Rubio—, se coloca igual que nosotros. Entre los tres, formamos una nueva línea. Octavio cuenta hasta tres con los dedos y entonces empezamos a repetir sus movimientos. El primero a imitar es el mismo que el que hizo como demostración, pero luego le sigue el mismo mecanismo de desplazamiento a la derecha, en diagonal, media vuelta y vuelta completa. Cuando regresamos al lugar de inicio, me da vueltas la cabeza y, a juzgar por los tambaleos de Eric, a él le ocurre lo mismo. A pedido de Octavio, repetimos la serie de desplazamientos dos veces más.

— Ahora invertimos los pies y hacemos lo mismo —nos ordena el enano cuando terminamos la tercera secuencia, sin darnos ni un instante para intentar procesar el todo.

Y así lo intentamos Eric y yo. Ponemos la pierna izquierda adelante y la pierna derecha atrás formando el mismo patrón con las piernas pero en el orden inverso. Y entonces repetimos la secuencia al mismo tiempo que Octavio. Cuando finalizamos, Eric simplemente cae al suelo debido al nudo que hizo con sus piernas: éstas están entrelazadas entre sí, por haber intentado y fracasado en la realización de los desplazamientos.

— Esto no es natural —sentencia el joven, sosteniéndose la cabeza y, para ser sincera, no me cuesta mucho trabajo entender de lo que habla.

— Para nada —replica Octavio—. Es completamente natural, si no eres un completo inútil —afirma—. Lo cual explica que a ti te resulte antinatural.

— Estoy cansado de ti —explota Eric y se aleja enfurecido.

Yo intento ir tras él pero Octavio extiende un brazo para interponerlo en mi camino.

— Déjalo ir —me ordena—. Tiene que aprender a dejar de ser tan kewuxzot.

— ¿Qué demonios es un kewuxzot, Octavio? —exclamo, frustrada.

— Lo que es él —se limita a responderme, y termina de enfurecerme.

— Dale un respiro —resoplo.

— Jamás —se niega él—. A ninguno de los dos les voy a dar un respiro hasta verlos convertidos en dos potenciales guerreros.

— Él no quiere aprender a defenderse, yo quiero. Así que déjalo en paz —defiendo yo al joven, y luego me dispongo a alejarme tras él.

Sin embargo, el enano me retiene por el brazo.

— Esta es tu única oportunidad —me advierte—. Si te marchas ahora nunca más voy a acceder a entrenarte.

Su amenaza me parece totalmente injusta. No es correcto dejar ir furioso a Eric. Sin embargo, no puedo dejar ir aquella oportunidad. Y sé que de seguro esta sea la decisión más egoísta de todas, pero ambos tenemos que ser fuertes. Eric debe aprender a no tomarse todo a pecho y yo debo aprender a defenderme. Al menos si quiero volver a mi aldea en algún momento, lo cual aún quiero hacer. El episodio de la taberna no hizo más que retrasar mi proyecto; aún quiero regresar a Yorrao y pienso hacerlo en cuanto se me presente la oportunidad, en cuanto esté lista y sea capaz de defenderme sola. Y para ello necesito al Rubio, necesito que él me entrene. Ahora mismo no puedo preocuparme por las emociones de Eric.

— Está bien —cedo por fin—. Pero deja de ser cruel con él, la maldad no ayuda a nadie. Ni siquiera a un kewuxzot —sentencio, y entonces continuamos el entrenamiento. 

Moneda. Diario de entrenamiento (SPIN-OFF)Stories to obsess over. Discover now