Capítulo 1 - El chico del suéter amarillo

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El vapor del expreso se mezclaba con la música de jazz que brotaba de los altavoces desgastados de la cafetería. Un grifo goteaba junto a la barra, marcando un ritmo lento que parecía burlarse de la paciencia de Lance. Afuera, la ciudad rugía bajo el tráfico y el ir y venir de los transeúntes, pero adentro solo debía reinar el silencio. Ese era el encanto del lugar: un refugio tranquilo en medio del caos.

Bueno. Silencio, no exactamente.

Lance seguía mirando con aire aburrido cómo el chico de suéter amarillo daba vueltas sin parar, divagando sobre un montón de cosas que no lograba seguir con claridad. Echó una mirada rápida a su alrededor y comprobó que estaban solos: eran los únicos clientes en el local. Al menos había tenido el acierto de elegir ese horario, cuando casi siempre estaba vacío. Era un privilegio que se había ganado por acudir a la misma cafetería durante cuatro años seguidos; saber sus horarios era parte de lo que hacía especial aquel sitio. Si hubiera habido más gente, el espectáculo que estaba armando el chico habría sido digno de vender entradas.

Su cita había comenzado media hora antes, y ni siquiera se habían presentado formalmente: desde que llegó, el muchacho no había dejado de hablar sin orden ni concierto.

-...y esta mañana ella se comió la mitad de mis notas, que estaban sobre el escritorio, y sé que no debería dejarlas ahí pero es que ella tiene una habilidad para encontrar exactamente lo que no debe tocar, ella es la criatura más traviesa que he conocido en mi vida y la quiero muchísimo, aunque a veces me desespere, pero eso es parte de su encanto supongo, y hablando de encanto, esta mañana también intentó seducir al cartero desde la ventana, que no es la primera vez, y el hombre ya me mira raro cada vez que viene, lo cual es completamente culpa de ella y no mía, aunque supongo que tener una paloma coqueta como mascota dice algo de uno, aunque no estoy seguro exactamente qué, y...

Lance se llevó dos dedos a la sien.

-Cálmate, chico -dijo, con el tono cansado de alguien que lleva demasiado tiempo escuchando el mismo canal de radio sin poder cambiar la estación-. Si sigues dando vueltas, tendré que cobrarte una consulta extra.

El castaño se detuvo en seco.

-¿Por qué?

-Por daños emocionales.

-¿Ya le he causado daños emocionales?

-Todavía no -respondió Lance, esbozando una media sonrisa-. Aunque si sigues hablando otros treinta minutos, empezaré a cobrar por terapia.

El chico parpadeó, pero al menos dejó de caminar en círculos. Se quedó parado en medio del local con la expresión de alguien que acaba de darse cuenta de que lleva un buen rato hablando solo en un cuarto vacío.

-Sí, lo siento. Sé que hablo demasiado. Que descortés de mi parte, venir así sin presentarme siquiera. Pero debe saber que esto me resulta algo sorprendente y bastante incómodo, y me apena un poco lo que le quiero pedir porque estoy casi seguro de que seré el primero en hacerlo, y además he oído muy buenas referencias suyas, lo cual me da esperanza, pero también me pone nervioso porque si alguien tan bueno en esto no puede ayudarme entonces nadie podrá, y...

-Chico -lo interrumpió Lance, esta vez con un tono más suave-. Solo dime cómo se llama la chica y háblame de ella.

-Ah... bueno... -El muchacho empezó a juguetear con el borde de su mochila, inquieto-. Es que es un poco complicado.

-Mientras no sea una celebridad ni viva en otro continente, no debería ser tan difícil.

-No es eso.

-¿Está casada? Porque si es así, olvídalo: yo no destruyo matrimonios.

-¡No! Claro que no es eso. -Bajó la voz de repente, como si temiera que alguien pudiera escucharlo, a pesar de que estaban completamente solos-. De eso precisamente quería hablarle.

Seducción [ Lancexwalter ]Stories to obsess over. Discover now