Recuerdos Mágicos

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Desperté. Me quedé por unos minutos observando el techo blanco de mi habitación, sólo estaba imaginando qué sucedería esta vez con mi cumpleaños. Cada año había sido distinto, mi padre se encargó de hacer de esta fecha algo especial e inolvidable, así que no podía evitar sentirme emocionada por saber qué haríamos hoy; tal vez iríamos a comer algo, o mejor, ver una película. En realidad, cualquier cosa estaría bien mientras estuviéramos juntos, eso era lo más importante para mí.

Adam; mi padre, se había quedado solo conmigo varios años atrás. Mamá se había ido después de tener una discusión con él, no logré escuchar con claridad lo que ambos dijeron, ella se fue tan rápido que dejó todas sus cosas dentro de la casa, pero yo seguía esperando con ansias a que volviera en cualquier momento.

Me levanté de la cama para abrir las cortinas, eran blancas, con una textura suave y ligera, pero a su vez era complicado moverlas hacia los lados, se atoraban un poco en la parte de arriba y yo no tenía altura suficiente para alcanzarlas. Al abrirlas por completo entraron los rayos del sol por la ventana, lo único que no me gustaba era que algunas veces calentaban mucho el piso de madera, y no podía caminar descalza cuando eso pasaba, pero disfrutaba ver hacia afuera. Nuestra casa estaba rodeada de naturaleza, teníamos algunos vecinos, bastante agradables, pero casi todos eran ancianos; mi padre me contó que los hijos de aquellos vecinos se habían ido al terminar sus estudios para vivir en la ciudad, y por eso nuestros vecinos eran muy solitarios.

Vi como un auto se estacionaba en la cochera de la casa de enfrente, era la hija del señor Oliver, no sabía mucho sobre él, salvo que vivía solo, y ella venía de vez en cuando a visitarlo, y ambos eran amigables conmigo. Ellos se percataron de que estaba viendo por la ventana y me saludaron desde lejos mientras sonreían y entraban a su casa. Me preguntaba si Oliver se sentía triste cuando estaba solo. Si los hijos se tienen que ir algún día, entonces... ¿Yo también tendría que irme? No me gustaría dejar solo a mi padre: no, definitivamente, no, pensé mientras me alejaba de la ventana.

Escuché la puerta del cuarto de mi padre cerrándose, eso significaba que él ya había despertado, así que me levanté y corrí a la cocina a buscarlo. Ya no podía esperar más.

Él estaba preparando café, volteó a verme con una gran sonrisa en el rostro, se acercó a mí, y acarició mi cabello con su mano, yo sólo lo abracé con fuerza.

—Qué bueno que estás despierta, Alice. ¿Quieres desayunar?

—Sí, pero hoy sólo quiero cereal —respondí sonriente.

—¿No tendrás hambre más tarde? —preguntó mientras iba a servir el plato de cereal.

—Papá, es mi cumpleaños, ¿puedo? —me quejé sin dejar de sonreír.

—Está bien, seguramente eres la niña de ocho años más consentida —se rio y dejó el plato lleno de cereal en la mesa.

—Recién cumplidos, por cierto —reí también y fui a sentarme mientras él se acercaba con su taza de café.

—¿Qué quieres hacer hoy? —preguntó mientras se sentaba frente a mí.

—¡¿Puede ser cualquier cosa?! —me emocioné. Normalmente yo no elegía porque él ya tenía un plan en mente.

—Lo que quieras —apretó con suavidad mi mejilla y de nuevo sonrió.

—¿De verdad cualquier cosa? Incluso... —dudé en preguntarlo directamente y sólo me quedé viéndolo. Tenía ganas de pedirle que me llevara con mi madre, pero ya me había dicho que no en otras ocasiones.

—Alice... —se recargó en la silla, cruzando los brazos, mirándome un poco molesto —ya hemos hablado sobre esto, no podremos verla otra vez, lo lamento mucho hija. Sé que es algo que quieres hacer desde hace tiempo —dio un suspiro fuerte y se quedó callado por unos segundos. —No sé dónde está —se quedó viendo hacia el piso, su mirada se veía vacía. Empecé a comer cereal, intentando hacer ruido para que él reaccionara y lo hizo, aunque seguía un poco distraído.

SandersDes histoires addictives. Découvrez maintenant