Desperté aquel primer sábado de las vacaciones de invierno con un fuerte frío. Froté mis ojos con mis manos y observé la habitación. Tome mi iPhone, "8.35 am". Estaba acostumbrada a despertar temprano, gracias a las clases. Me levanté de la cama lentamente y me puse mis pantuflas de Bob Esponja, las que hacían juego con mi pijama. Luego, como reflejo, acaricié mi barriga y esbocé una gran sonrisa.
Bajé del cuarto a la cocina, no había nadie. No quise irrumpir el manejo de la casa preparandome el desayuno, pero moría de hambre. Así que agarré una taza y me preparé un chocolate caliente, dos en realidad. Deposité malvabizcos en estas tazas. Luego, tomé unas galletas con chispas de chocolate de un paquete, y las deposité en un plato. Caminé hacia el living con estas cosas en las manos y las dejé sobre la pequeña mesa que había frente el sofá. Prendí la televisión y me quedé mirándo una de mis series favoritas, mientras tomaba mi chocolate caliente, en espera de George.
Al cabo de unos minutos, él apareció. Traía un pantalón de pijama azul y una remera manga corta color gris, junto a unas pantuflas que eran del mismo color. Su cabello estaba despeinado, todo alborotado. Frotaba sus ojos con las manos mientras bajaba las escaleras. Su ojos estaban achinados a causa del sueño. Tenía cara de estar aún dormido, ya que acababa de despertárse. A penas me vio, sonrió levemente, adormilado.
- Buen día -saludé para luego dar otro sorbo a mi chocolate-. ¿Gustas? -pregunté tendiéndole su taza de chocolate caliente-.
- Claro -tomó la taza mientras se sentaba-. Gracias, nena.
Su voz. Su voz era tan ronca en la mañana. Nunca lo había oído hablar por la mañana, así que no sabía como era, hasta ese preciso momento.
- No hay de qué -le sonreí-.
- ¿Y qué estás mirándo? -preguntó observándo el televisor-.
- Es una de mis series favoritas -le conté-. La miro casi todas las mañanas y, ahora que empezaron las vacaciones de invierno, prepárate para que me veas mirándola todas las mañanas.
Él soltó una risita.
- No te preocupes -sonrió-. Podré vivir con eso -afirmó-.
Mi iPhone comenzó a sonar. "Chaz". ¿Qué mierda?.
- Hola, Chaz -atendí-. ¿Qué quieres?.
George bufó. Que extraño.
- Quiero otra oportunidad, ______. Solo una, sé que cometí un gran error y también sé que han pasado sólo dos días, pero te extraño y necesito.
- No, Chaz. No te daré otra oportunidad. No es porque no crea que te arrepentiste, sino porque yo no siento nada por tí, nunca sentí nada, pero creía que si porque estábamos presionados a ser la mejor pareja, pero ya no más -colgué-.
No quería hablar con él.
- Ese Chaz es un niño de mamá que cree que puede vivir solo y ni siquiera puede tener una novia. Además de sus músculos operados -bufó George-.
- ¿Cómo sabes eso de Chaz? -pregunté sorprendida-.
George suspiró.
- Aunque sea casi imposible de creer, él y yo eramos buenos amigos hace unos años. Yo era parte de "los populares" -hizo comillas en la última parte-. Luego, me alejé de ellos, hubo peleas con todos ellos y me empecé a juntar con otras personas, con las que ahora formo el grupo de "los rebeldes" -volvió a hacer comillas-. Y pues, sé que se operó los músculos porque cuando lo hizo, aún eramos amigos.
- Oh, no sabía eso -dije sorprendida-.
- Nadie lo sabe, solo él, yo y algunas otras personas -me miró-. Como te dije ayer, nadie me conoce verdaderamente.
