Una madrugada mientras todos dormían, lo conocí. Ni bien lo vi, noté que él no era un ser ordinario. Se pegó a mi ventana, no lograba sacarlo de allí.
Quería llamar mi atención a toda costa. Intentaba conciliar el sueño pero era como un trueno en plena lluvia. Deseaba ignorarlo,sin embargo,no podía. Parecía ser un falso alerquin. En vez de ocasionar la risa, sembraba el miedo en sus espectadores. Mis ojos se cerraban de la astenia. Se pegó a mi ventana y fijó su mirada, hacia contacto directo conmigo. Me sentía muy nerviosa. Es como si con sus ojos rojos carmesí penetrara mi alma.
-¡Basta! Deja de observarme. Le dije.
-Cuando la última gota del Sol cae, los muertos se levantan. Me dijo.
Me sobresalté de la cama, corrí dirigiéndome a la puerta y la abrí. Pero en vez de salir hacia el living ingresé nuevamente en mi habitación. Él se reía a carcajadas.
-Yo decido el destino de cada persona. Tengo el control absoluto de todo lo que respire. Me dijo con aires de grandeza.
Me tragué todos mis comentarios y acepté mi sentencia. Regresé a mi cama, no obstante, ya no vislumbraba el ventanal. Jamás se iría. Así que cubrí mi rostro con la almohada y empecé a ignorarlo.
Pasaron las horas y el indeseable no soportaba no ser el centro. Comenzó a golpear el vidrio a manotazos. Revoloteé mis ojos hasta dejarlos en blanco. Eso lo ahuyentó. Una parte de mí se alegró "al fin me libre de él" pero otra me decía que este no era el desenlace de esta historia.
En un rato una piedra impactó contra mi ventana y se rompió en mil pedazos. Había vidrios por todo mi cuarto. Él me sonrió cual psicópata al asesinar a su víctima. Resoplé, ahora movía de un lado al otro mis cortinas.
Esta situación era desgastante. Enchufe mis auriculares para ya no pensar en el indeseable. Al vislumbrarme tranquila, el demonio de ojos escarlata, desconectó toda fuente eléctrica. Mi celular se quedó sin señal. Ya no habría música para mis oídos. Me sentía sobrepasada. Mi intuición me expresaba que eramos como el hielo rojo unidos por los hilos del destino. Como si ambos estuviésemos encadenados y debiésemos permanecer juntos.
Miles de ideas se apoderaban de mi mente. La más recurrente de ellas ¿Por qué acontece esto? Toda una interrogante desconcertante.
Esta vez ese ser se puso a cantar. Su voz desafinaba más que cantante de cumbia moderna. No se saldría con la suya por eso busqué mis orejeras de invierno y me las coloqué.
Al fin tenía paz, me pude dormir. Dejé de escucharlo para siempre. Caí en el más profundo de los sueños.
La Luna cayó, la noche se disipó y salió el Sol a relucir en el inmenso cielo. Su presencia se fue con el último respirar de la oscuridad.
Apresuré mi paso y fui al baño. Me miré en el espejo, mi imagen se distorsionaba. Cada vez empeoraba un poco más. Una risa resonó por toda la casa. El reflejo se tornaba nítido. No podía creerlo, otra vez...era él. Lo ignoré, me cansé de sus juegos. Tomé mi cepillo. Empecé a lavarme diente por diente. Tardaba sin preocuparme,abrí la canilla con el propósito de enjuagarmelos. El agua corría, no era cristalina, sino un mar carmesí. El eco de su vil risa se escuchaba por las paredes del baño. Se había esfumado del espejo. En ese momento algo rozó mi hombro. Me di vuelta, estaba detrás de mí.
-Te dejaré de molestar, solo si bebes un vaso de agua. Me dijo lacónico.
No tenía nada más por perder y me tomé un sorbo de esa agua roja. Empecé a sentir que me faltaba el aire,no lograba respirar y abrí la boca.
Una humareda negra ingresó dentro de ella.
-Al fin tengo el control.
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El Indeseable
Short StoryTodos dormían, era plena madrugada. Sus ojos se posaron sobre su ventana y allí lo descubrió. Él era extraño, no solo porque sus ojos eran carmesí intensos, sino también por volar sin siquiera poseer alas ¿Quién es y cuál es su propósito?
