Italia sonaba a felicidad, sabía a dulzura y se sentía a libertad mientras el viento le golpeaba la cara aquella alta y castaña chica que pedaleaba a baja velocidad.
Sus medianos cabellos estaban logrando que su cuello sudara aún más de lo que ya lo hacía así que, decidió descansar. Se bajó de su resistente y amarilla bicicleta para brincar la pequeña valla que separaba la carretera del verdoso pasto.
Dejó reposando la bicicleta en la valla para después quitarse la mochila negra que cargaba en los hombros. Se ató el cabello en una coleta alta, estirando sus delgados brazos y lanzándolos hacia atrás para hacer el nudo de su donita de cabello, y antes de bajarlas aprovechó para estirarse, poniéndose de puntitas unió sus manos en el cielo mientras el aire las golpeaba y su cabeza caía un poco para atrás con una sonrisa en el rostro.
Sus sueños ahora eran una realidad.
Después de sacudir un poco el cuerpo y arreglar su mallón deportivo negro saltó por la pequeña valla sosteniéndose con ambas manos para evitar caer, dio algunos pasos para llegar a un pequeño árbol que le daba vida al lugar y se sentó, sólo para después acostarse y comenzar a sonreír mostrando sus blancos dientes.
– Lo estoy haciendo –pronunció en su mente, con emoción y felicidad.
Daniela Calle llevaba 33 días viajando en bicicleta por Europa y lo único que se podía ver y sentir en ella era plena felicidad. Había tomado un vuelo hacía Francía el 19 de marzo del año 2021 después de haber terminado sus estudios y de haber juntado el suficiente dinero para sobrevivir unos tantos días en su aventura.
Le había costado organizar su vida para llegar de la universidad al trabajo, pero las propinas en dólares la alentaban a no detenerse, y claro, su deseo de conocer el mundo, lo cual se veía más cercano cada vez que recogía los billetes de las mesas.
Manteniéndose en esa posición pero esta vez con los ojos abiertos Daniela pensaba en llegar pronto a Lucca para acampar y cenar en algún parque que rodeara la ciudad.
La castaña solía comer pasta que ella misma preparaba con sus utensilios de viaje, aunque frecuentemente era invitada a hogares de locales y sus comidas pasaban de ser pastas a platillos tradicionales y cotidianos del país. Algunas otras veces gastaba un euro en carritos ambulantes si tenía algún antojo o inclusive hacía tratos con los vendedores: Te regalo una hora de mi viaje para ayudarte a vender si me regalas comida.
El último método para conseguir comida era su favorito ya que, aprendía sobre la comida que vendían, los modales que tenían, hablaba con turistas, siempre conseguía un nuevo amigo o amiga, sumaba experiencias a su vida laboral y personal, podía convertirse en una oportunidad de hospedaje o simplemente porque esa experiencia la engrandecía como persona.
El cielo se podía sentir a través de las ramas del árbol. Daniela elevó una de sus manos frente a su cara para dibujar una sombra que le permitiera mirar mejor el sol.
Llevaba cinco horas pedaleando con descansos pequeños y sus piernas ardían, pero sus ganas de llegar a Lucca también.
Se levantó con un suspiro seguido de una sonrisa para continuar su viaje.
En tanto arreglaba sus tres pequeñas mochilas sobre la bicicleta y cargaba la más grande en sus hombros escuchó venir a lo que parecía ser un auto. Se apresuró a acomodar todo para poder alcanzar a la camioneta blanca que se aproximaba y pedir ride.
Daniela se acercó a la carretera con la bicicleta entre las manos y cuando divisó más cerca al conductor alzó una de ellas. La movió con entusiasmo mientras mostraba una dulce y confiable sonrisa con la esperanza de que el chico que manejaba la camioneta le permitiera subir y así llegar a algún lugar cerca de Lucca sin necesidad de pedalear más. Estaba realmente agota.
La chica ya estaba acostumbrada al autostop y por suerte hasta el momento jamás había tenido una mala experiencia con ningún hombre o mujer al volante, pero eso no evitaba que siempre fuera precavida y que le hiciera caso a sus presentimientos.
– Aquí vamos –dijo sonriente cuando el auto se detuvo y sabía que lo siguiente era cambiar de idioma para comunicarse.
– Hi! Do u speak spanish or english?
El rizado y blanco chico sonrió, mostrando su blanca dentadura negó y dijo:
– Parlo solo italiano.
Daniela sonrió, y aunque el miedo se apoderó de ella recordó que cambiar las sensaciones por otras podían ayudan así que decidió pensar en sentirse emocionada por tener su primera interacción en un idioma desconocido y no temerosa.
Sabía que después de todo cada día era un nuevo comienzo en su aventura.
KAMU SEDANG MEMBACA
Conocerme
PertualanganDaniela Calle deseaba conocer el mundo desde que tenía uso de razón, pero no fue hasta los 20 años que decidió dejar de soñarlo para llevarlo a la realidad. Una bicicleta y enfrentar sus miedos eran sus principales herramientas. ¿Qué pasa en el cami...
