Intento que todo se vea puro, inocente y un lugar donde las cosas malas no existen.
Pero la verdad es que mi mundo es tan pequeño, pero tan inmundo.
Camino con mis pies desnudos sobre vidrios rotos y sangre seca.
En mi reducido mundo ahí una puerta, en ella se puede apreciar arañazos, sangre seca y algunas uñas profundamente enterradas.
Cuando me aburro me recuesto sobre el suelo y ruedo, de rincón a rincón. En algún momento paro, solo para llorar de dolor.
Solo conozco esa vida. Solo conozco dolor, y si dejo de sentirlo el terror invade mi sistema.
Si no siento dolor, no me siento viva.
