Capítulo 1. "𝓐 𝓹𝓵𝓪𝓬𝓮 𝓲𝓷 𝓽𝓱𝓲𝓼 𝔀𝓸𝓻𝓵𝓭"

159 9 28
                                        


"Mudarse es una excelente vivencia, uno se hace libre e independiente, y hasta llega a ser divertido", ¿cómo pude creerme esa falacia? Porque eso es lo que es, una completa y enorme mentira.

Pateé una de las seis cajas que quedaban por llevar al apartamento, ya que la energía en mi cuerpo se había ido luego de acomodar los muebles. Mis veintitrés años parecían ser engañosos ya que, sentía un punzante dolor en la parte baja de mi espalda. Respiré profundamente, llevando mi mano derecha hacia la zona, mientras apoyaba el cuerpo contra la pared del pasillo que compartía con el resto de los inquilinos.

Di un pequeño vistazo a lo que sería mi casa, y honestamente no se veía mal. Todas las paredes eran blancas, parecían cuidadas y prácticamente inmaculadas. Los artefactos eran blancos y negros, por lo que creaba un bello contraste. La cocina era pequeña, pero acogedora, decorada con un mármol de pequeñas pintas blancas y grises. A su vez, conectaba con el comedor, que simplemente era una pequeña mesa rectangular negra, y cuatro sillas haciendo juego. El living estaba cruzando un marco grande, pero tampoco había mucho allí. Un sofá blanco en forma de L, con almohadones rojos y negros que mi mamá se había empecinado en comprar, aunque había dicho repetitivamente que no.

Sonreí con cariño, recordando cómo se le habían llenado los ojos de lágrimas cuando le dije que ya podía irse a su hogar para descansar. Me ayudó demasiado, y terminar la mudanza sola, es parte del crecimiento, ¿verdad?

Y tenía que darle un poco de crédito, los almohadones se veían espléndidos.

Junto al sofá, había una mesa negra, que ya tenía unos libros encima. Y delante de la misma, una tv de la cual estaba muy orgullosa, porque fue lo último que me faltaba para finalmente completar todo lo que necesitaba. Wow... éste pequeño lugarcito con colores fríos, era mío. Adiós dependencia parental, hola deudas.

Bueno, mi habitación y el baño se encontraban en un pequeño recoveco, y nada estaba demasiado decorado aun, esas pesadas y sobrecargadas cajas seguían en el pasillo. ¿Por qué no puedo mover objetos con mi mente? La vida sería tan fácil.

Un ruido estruendoso interrumpió mis muy creativos pensamientos. Luego vinieron unas maldiciones en voz baja, así que me giré para observar qué era lo que sucedía. Me encontré con una de las cajas totalmente volteada, dejando a la vista unos cuantas fotos, libros y pertenencias de mi habitación anterior. Al parecer, la persona se había tropezado.

— ¿Quién carajo deja un montón de cajas en el medio del camino? —Se quejó el susodicho, sin pena alguna.

Cuando lo miré, pude ver a un chico de unos... quizás, ¿veintiséis? No estoy segura, pero su ceño fruncido seguramente lo hacía mucho más adulto de lo que realmente es. O quizás esa es su cara normalmente. Si le quitara su estúpido tono condescendiente y su gesto de amargado, creo que parecería una persona normal. Tez clara, pelo castaño claro, ojos relativamente... furiosos.

— ¿Quién carajo no se fija por donde va? —Contraataqué, sabiendo perfectamente que ahí se escapaba mi oportunidad de tener una buena relación vecinal.

El chico pareció entrecerrar los ojos por unos largos segundos, y de repente, largó una carcajada.

Bueno, si ya no venía entendiendo lo que sucedía, ahora menos. Arqueé una ceja, intentando procesar cómo es que pasó de verse como un toro poseído, a estar riéndose como si tuviera cinco años.

Crucé los brazos en señal de impaciencia.

—Una persona normal diría "lo lamento" porque la realidad es que, el corredor por el que todos caminamos, está repleto de tus cosas. Sin embargo, acabo de comprobar que no eres normal si eres capaz de replicarme. —Suspiró, finalmente controlando su risa. Y acto seguido, se puso de cuclillas para guardar todo lo que se había desparramado por el suelo.

Lo imité casi sin pensarlo.

—Tienes razón, lo lamento. —él levantó la vista, dedicándome una media sonrisa—. Lamento que no te fijes por dónde vas. —Completé la frase, sin poder evitar reír, mientras terminaba de guardar la última foto en su lugar, para después ponerme de pie.

Me miró sorprendido, pero podía notar que estaba aguantándose la risa también.

—Mi nombre es Finn. —Dijo, en un tono divertido.

Asentí, dándole a entender que no tenía interés alguno en decir mi nombre.

— ¿No necesitas ayuda para guardar lo que queda? —Ofreció, echando una mirada rápida a las pertenencias que había deseado poder mover con telequinesis, por lo que su idea, no me sonó del todo mal. Simplemente las entraría, hasta que se encuentren pasando la puerta y a partir de allí, me encargaría sola.

Dudé unos cuántos segundos, hasta que sonreí, y me dispuse a levantar la caja que se veía menos pesada. Él entendió, y tomó otra para dejarla justo del lado de adentro del apartamento, pero sin pasar el umbral de la puerta.

Ya no parecía un toro, sino que parecía bastante servicial y... quizás hasta agradable, pero no quería apurarme a dar un juicio sobre una persona que no conozco. O sí... ¿A quién engaño? Hacer juicios rápidos es mi hobby, puedo creer que una persona es terrible o un ángel, y así es como me va después en la vida. Spoiler alert: mal.

Al cabo de lo que creo que fue, media hora, el corredor estaba nuevamente vacío y Finn, se encontraba sacudiéndose las manos sobre su vaquero. Polvo, supongo.

No quería decirlo, pero sentí la necesidad de hacerlo.

—Gracias por... esto. Gracias por ayudarme a entrar todo. No tenías por qué y lo hiciste, así que lo aprecio. —Comenté, acercándome a la puerta, para cerrarla, ya que él estaba del otro lado, pero esperé por su contestación.

Me observó fijamente, sonriendo, pero sin realmente mostrar los dientes.

—No lo hice por ti, lo hice para que nadie más se tropiece. —Respondió, para después dirigirse hacia la puerta de al lado, sacar unas llaves de su bolsillo, y perderse de mi vista.

Bueno, resulta que sí es un toro poseído.




Luego de unas largas horas de desempacar, organizar y ordenar, podría decirse que el apartamento estaba casi listo. Y digo casi, porque nunca antes había sentido el silencio de lo que es vivir solo, y no es como lo esperaba, porque es un silencio ensordecedor y solitario. Normalmente después de ordenar, esperaría que alguien lo notara y me felicitara o agradeciera tal como mamá hacía, pero ésta vez, estaba ordenando para mí. Así que intenté ver el lado positivo, e ir a tomar mi primera ducha como chica libre. Cené, y me recosté en el sofá para poder mirar mi programa favorito, pero aun así sentía como si algo faltara. Y casi como si pudiera leerme la mente, mi celular comenzó a sonar. Respiré aliviada, era mamá.

Todos tenemos que crecer, pero... también a pasos de bebé.


¡ℳ𝓊𝒸𝒽𝒶𝓈 𝑔𝓇𝒶𝒸𝒾𝒶𝓈 𝓅𝑜𝓇 𝓅𝒶𝓈𝒶𝓇𝓈𝑒 𝒶 𝓁𝑒𝑒𝓇 𝑒𝓁 𝒸𝒶𝓅𝒾́𝓉𝓊𝓁𝑜! 

Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.

¡ℳ𝓊𝒸𝒽𝒶𝓈 𝑔𝓇𝒶𝒸𝒾𝒶𝓈 𝓅𝑜𝓇 𝓅𝒶𝓈𝒶𝓇𝓈𝑒 𝒶 𝓁𝑒𝑒𝓇 𝑒𝓁 𝒸𝒶𝓅𝒾́𝓉𝓊𝓁𝑜! 

𝒞𝑜𝓃 𝒸𝒶𝓇𝒾𝓃̃𝑜, ℳ𝒾𝓁𝒶.

"Treacherous."Where stories live. Discover now