Aníbal es un hombre mayor, jubilado. Le gusta el blues, cortar el pasto, y fumar habanos, y tiene un gato que se llama Clemente.
Trabajó muchos años en una empresa petrolera, y ahora que se jubiló disfruta del producto de tantos años de laburo.
Todavía recuerda, alegre, el día que conoció a Norma, su mujer... él había ido a jugar a la pelota con los muchachos, era un día con mucho sol y la plaza se veía llena de vida, allí se divirtieron toda la mañana, ya que él y sus amigos solían juntarse temprano para después almorzar juntos. Ese día, recuerda, Alfredo, un amigo, había llegado tarde, pero su tardanza valió la pena por que fue con un grupo de muchachas, amigas de él y de su hermana, y entre todas ellas se encontraba Norma. Aníbal siempre fue introvertido, solía esperar a que los demás le hablen para entablar una conversación, sino podía estar meses o incluso años sin decir nada, por lo tanto, se quedó callado. A él le interesaba mucho Norma, le gustaba el hecho de que sea charlatana y divertida, así, entre cada reunión de amigos, logró por fin decirle algo sin necesidad de que ella le hable primero. Acordaron verse para boludear y tomar mate cada tanto, y fue entonces cuando empezaron a enamorarse el uno del otro. Cierto día, decidieron ser pareja, y cayeron a la reunión de amigos agarrados de la mano, fue entonces cuando uno de los muchachos, Ludovico (Luis para los amigos), se puso muy celoso, al parecer él estaba enamorado de Norma hacía tiempo, y no quería que Aníbal sea su novio, entonces tuvo la brillante idea de golpearlo hasta dejarlo casi inconsciente. Después de la tremenda golpiza recibida por parte de Ludovico, Aníbal tenía miedo, no quería ir al colegio ni a la plaza a jugar a la pelota, tampoco tenía ganas de ir a visitar a Norma... no quería hacer nada por que tenía miedo, sentía mucha impotencia. Para él, cada día era una constante lucha contra el recuerdo amenazante de Ludovico golpeándolo, fue así como desarrolló ciertos tics, y obsesiones.
Con el paso del tiempo se fue olvidando de la golpiza que le propinó Ludovico, y ya en sus últimos de estudiante de secundaria tuvo, por fin, "algo serio" con Norma.
Norma es una mujer grande también, pero dos años menor que Aníbal, le gusta escuchar a Serrat y a Joaquín Sabina, lee libros y revistas, y adora las plantas, es capaz de quedarse horas en un vivero.
Ella es cosmiatra, tiene su propio "consultorio" en su casa.
Así es cómo suele quedarse en casa para trabajar y, en sus tiempos libres, va a cursos de pintura, toma mate, baila con Aníbal.
Son una pareja feliz, se conocen desde la adolescencia, y pasaron cientos de altibajos en su relación, pero nunca se separaron. Sin embargo, Aníbal suele actuar de formas extrañas cuando no está Norma, se rasguña la espalda, se muerde las uñas, hace agujeros en el patio...
Los vecinos lo vieron presentando esos comportamientos raros, y él suele responder "Me la paso haciendo cosas raras para gente normal"
¿Qué es "ser normal"? ¿quién decide eso?
No son horas,
pero, como tales, las persianas bajan.
No son hojas,
pero todas las palabras son del viento.
Se pierden en un grito seco
nadie puede escuchar tu aullido,
¡vas a dejar de llorar
dentro de un ratito!
No hay contexto,
ni salvación,
tampoco existe alguna acción
que sea capaz de justificar la situación.
Agazapado y rápido
así es el cazador,
y pese a su apariencia
transmite cierto terror.
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Aníbal
Mystère / ThrillerLa historia de Aníbal Araujo Ignoren el hecho de que estoy intentando hacerme el poeta
