Cuida lo que deseas y Ama lo que tienes

15 2 0
                                        


En la ciudad de Bogotá, con su clima frío y días lluviosos, vivía Rita; una niña de seis años, con cabello rubio como el maíz, ojos verdes como una esmeralda y piel pálida como el papel. Rita vivía con su madre, su padre y su hermano pequeño.

Rita, a sus jóvenes seis años, consideraba que su vida carecía de emoción, se sentía aburrida la mayoría del tiempo, pensaba que en su casa pasaban siempre las mismas cosas, como en una película que alguien pone en un DVD todo el tiempo. Sus días empezaban temprano, veía a sus padres y hermano en el desayuno, luego pasaba las más agotadoras y monótonas horas de su vida en la escuela; mismos profesores, aburridos temas que aprender y compañeros diabólicos que siempre le hacían la vida imposible. Cuando regresaba a casa, sus padres estaban trabajando y a ella no le apetecía pasar sus horas libres con su pequeño hermano, pues era muy pequeño para jugar los mismos juegos que ella.

Y todo aquello sucedía día tras días. Sin falta, siempre se repetía.

Lo que más anhelaba era que pasara algo, cualquier cosa, que llenara su vida de emoción. Deseaba tener aventuras junto a sus padres, deseaba poder hacer crecer a su hermano para jugar con él, o buscar aventuras juntos.

Aquella mañana en la que Rita despertó en su cama, rodeada de tonalidades rosas, todo cambio.

Su cuarto seguía viéndose igual; mismos muebles, mismas cenefas de unicornios, mismas colchas en su cama, todo seguía intacto. Sin embargo lo que alerto a Rita fue el resplandor del sol entrando brillante por su ventana. ¡Era tardísimo, y nadie la había llamado para ir a la escuela! Con el corazón palpitando fuertemente dentro de su pequeño pecho, Rita salto fuera de su cama y apresuradamente salió disparada de su alcoba, para segundos más tarde detenerse abruptamente. Esa no era su casa. Había un pasillo, largo y oscuro, con muchas otras puertas aparte de la suya. Niños de diferentes edades salían de esas puertas.

«El pánico comenzó a hacerse presente en su sistema.

Con el miedo corriendo por su cuerpecito, siguió a los demás, al final de aquel corredor, había un comedor gigantesco, con tres mesas extremadamente largas —le recordaba al salón donde los niños magos se reunían en las películas de Harry Potter—, sin embargo el lugar frente a sus ojos no era nada más alejado de la magia. Veía a todos esos niños comer y reír, quiso hablar con uno de ellos, preguntarle por qué se encontraba ella ahí, dónde estaba su familia. Se acercó y toco a una niña moreno en el hombro. La niña no respondió al toque, como si no pudiera sentirlo. Hizo lo mismo con un chico de cabello color azabache, este tampoco respondió al pequeño toque que Rita le dio en el hombro, así que jalo fuerte de su cabello. El infante ni se inmuto.

Rita quiso gritar.

Nadie la veía, nadie la oía.

Comenzó a correr.

Al salir del comedor se dirigió hacia unas puertas enormes de madera, y cuando cuzo al otro lado, el miedo se evaporo por un segundo. Allí estaban sus padres, arrodillados en el pasto, abrazando a su hermanito... y a otra niña que era igual a ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.

Esos eran sus padres, ese era su hermano, y esa niña era una impostora. Enfurecida, corrió hacia ellos, los golpeo en sus espaldas, brazos, piernas, jalo sus cabellos, se sentía extrañamente impotente y triste a rabiar pues no tenía a su familia, vivía en un orfanato y para colmo nadie la veía, era invisible y nadie podía curar su tristeza.

Dándose por vencida, se dejó caer de rodillas en el pasto llorando un mar de lágrimas por lo que había perdido, por aquello que dio por sentado, deseando algo más.

Cuando de repente, el suelo se abrió debajo de ella, un gran agujero la succiono y la tierra se la trago.

Iba viajando en un túnel, caía y caía, como cuando Alicia siguió al conejo blanco, y cayó en aquel agujero. Rita sentía un enorme vacío en su estómago, no solo por la caída, sino también por las imágenes que pasaban frente a ella, pudo verse a sí misma siendo una bebe, imágenes en movimiento de ella y sus padres durante su primera infancia, luego la llegada de su hermano y lo feliz que ella se veía junto a él, el resto eran imágenes aleatorias de su familia, de sus días de escuela... Rita quiso devolver el tiempo, deseo tener de regreso esos momentos, a esas personas, su vida de vuelta.

Y cuando veía el fin del túnel acercarse, sintió un gran vacío en el pecho... y despertó.

Estaba en su cama, otra vez, era de mañana, escuchaba la voz de su madre al otro lado de su puerta, llamándola para que despertara, a través de su ventana no había luz, sino la oscuridad que permea todo a las cinco de la mañana. Rita cerró los ojos, y agradeció la vida que tenía, dio gracias por su familia, por tener una, por tener donde estudiar, por tener personas que la amaban, por estar viva.

La vida de Rita no fue nunca la misma después de aquel sueño que tuvo, aprecio más las cosas que antes menospreciaba, les dio el valor que se merecían, y nunca, nunca más deseo tener algo diferente, pues su vida era perfecta tal como era y ya no buscaba cambiarla por nada.

FIN

Cuida lo que deseas y Ama lo que tienesStories to obsess over. Discover now