A/N: Está es mi primera vez escribiendo en español y estoy muy nerviosa, sólo espero les guste esta nueva historia. Es una idea que ha rondado mi mente por mucho tiempo y por fin me he decidido a escribirla y publicarla. En fin, he aquí el primer capítulo.
El dos de marzo el mundo de Sergio Marquina se rompió en mil pedazos con tan sólo unas palabras. Jamás creyó que podría sentir esa clase de dolor, ese que parecía impedirle respirar.
Todo comenzó la noche anterior, cuando su hija y hermano le sorprendieron con una cena por su cumpleaños. Andrés no siempre viajaba para esa fecha, ya que siempre lo hacía en el cumpleaños de Samara. Sin embargo, Samara siempre preparaba algo especial y estaba seguro de que la presencia de su hermano era obra de ella.
Primero, la cena. Andrés había preparado un delicioso risotto y hablaron de Florencia, el último destino de trabajo de su hermano.
No obstante, todo cambió para mal durante el postre, debido a que Samara se había estado sintiendo mal hacía ya varios días, pero no dijo nada a su padre. Cuando se levantó a buscar el bizcocho, notó cómo sus piernas se debilitaban a cada paso y justo cuando estaba por llegar al refrigerador, sus ojos se oscurecieron y se desplomó sobre el piso de la cocina.
Sergio corrió a su lado de inmediato, la cargó en sus brazos y le gritó a Andrés que fuera a por él coche. En su interior, él presentía que eso no iba a terminar bien. Miraba a su pequeña y rogaba porque sólo fuera algo menor.
El camino a la clínica se hizo eterno y Samara seguía sin reaccionar. Andrés conducía preocupado y Sergio no podía dejar de pensar que tal vez todo esto era mucho más grave. En cuanto llegaron, Sergio se apresuró en entrar y los doctores no tardaron en llevarse a su hija en una camilla.
- Hermanito, todo estará bien, ya verás - dijo Andrés, pero ni siquiera él podía evitar preocuparse.
Sergio sólo asintió levemente y comenzó a caminar de un lado a otro, nervioso mientras esperaban a alguien que les dijera que estaba sucediendo. Una media hora más tarde, un doctor alto, de cabello negro y expresión seria se acercó a ellos.
- ¿Familia de Samara Marquina? - ambos asintieron y el doctor continuó - Siganme a mi oficina, por favor.
Caminaron por el pasillo de paredes blancas hasta una puerta con el nombre del doctor: Román Baró. Entraron y tomaron asiento. Aquello sólo hacía que Sergio temiera lo peor.
- Me temo que no tengo buenas noticias - comenzó el doctor -Samara está consciente y logramos preguntarle algunas cosas. Ella dice que hace un par de días comenzaron los síntomas.
- ¿Un par de días? - preguntó Sergio alarmado, ¿cómo es que no lo notó?
- También nos ha dicho que le ha estado ocultando esto. Su hija ha estado experimentando debilidad en sus extremidades y mareos muy frecuentes -hizo una pausa mientras veía la reacción de los dos hombres que tenía delante- Samara tiene una enfermedad degenerativa. Desafortunadamente, su tratamiento es muy costoso, pero sería la única oportunidad que tiene. Sin embargo, las posiblidades de que sobreviva no son muy altas.
Enfermedad degenerativa. Samara. Costoso. Sobrevivir. Eran las palabras que continuaban reproduciendose en la mente de Sergio, como si fueran un maldito disco rayado. Sin decir nada, se levantó y salió de allí. Sentía como su mundo caía a pedazos, como cada momento con su hija se reproducía en su memoria: la primera vez que le llamó papá, sus primeros pasos, su primer diez y lo orgullosa que estaba. Mierda, mierda, mierda. Su pequeña sólo tenía quince años. Era muy injusto. De pronto sintió cómo sus pulmones no producían el oxígeno suficiente y sintió a su hermano gritar su nombre pero él sólo corrió. Se alejó dirigiéndose a la salida. Una vez fuera sus piernas cedieron y quedó de rodillas en el suelo, lágrimas caían sin cesar por su rostro.
- Sergio -Andrés se arrodilló junto a él- Mirame, estás sufriendo un ataque de pánico. Necesito que me mires.
- Mi hija, Andrés -lloró él- mi bebé está muriendo.
Andrés no pudo contener el llanto, no cuando su única sobrina, la niña que lograba convencerle de todo, la princesa que le regalaba sonrisas a todo el mundo, tenía los meses contados. Se abrazó a su hermano menor con fuerza. Ambos lloraban. Esto era algo que jamás creyeron tener que vivir, sin embargo, allí estaban.
- No puede morir - dijo Sergio mirando a Andrés con una convicción firme- Pagaremos lo que sea. El atraco, Andrés. Es nuestra única opción. Es la única oportunidad de Sammy.
El atraco a la Fábrica de Moneda y Timbre de España, un plan que ideó su padre, un plan que abandonaron cuando Samara nació y fue dejada con su padre. Un plan que ahora era la única oportunidad que tenían de salvar a la persona que ambos amaban más que a nada.
- Lo haremos, te juro que lo haremos -respondió Andrés firmemente.
Los hermanos se abrazaron nuevamente, mientras que en su habitación, Samara recordaba aquella carta que descubrió en el cuarto de su padre mientras buscaba su álbum de fotografías. La carta dirigida a la mujer de la que su padre seguía enamorado y entonces esa noche no sólo los hermanos comenzaron un plan. Samara se propuso encontrar a Raquel Murillo a como de lugar.
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Quédate
FanfictionDicen que cada ser humano lidia con la muerte de diferente manera. Algunos están más listos que otros y ese es mi caso. Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad degenerativa, los doctores han dicho que por lo menos me dan unos diez meses de...
