ESTAMPIDA HUMANA

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—Quisiera que comenzáramos con su versión de los hechos—el entrevistador enciende un cigarrillo y se acomoda en su asiento—. Debo advertirle que he entrevistado a varios de los sobrevivientes, pero lo que en su mayoría recuerdan, es sólo haber quedado inconscientes y luego haber despertado en la cama del hospital.


—Bueno, yo recuerdo todo con lujo de detalle. No obstante, me gustaría primero mencionar que la vida está llena de contrastes. Yo me encontraba ahí, en el concierto con mayor afluencia jamás vista en la historia de ese recinto y siendo la persona más feliz del mundo. Viajé miles de kilómetros para el evento con las personas que más amaba, entre ellos mi hermana y su novio. Por supuesto, yo asistí con mi novia, la mujer que más me ha comprendido en el mundo—Se detiene un momento, toma un lento y largo respiro y continúa—. Nunca creí que el momento más feliz de mi vida terminara de esa manera.


>> Eran las 8:30 de la noche, lo sabía por que había revisado el móvil. Todo iba maravillosamente. Estaba abrazado de Elisa, mi novia. Cantábamos hasta quedar sin aliento. Bebíamos y reíamos. Mi hermana estaba en hombros de su novio y nunca la había visto tan feliz. Uno realmente es feliz cuando mira que los suyos también lo están. Ese momento lo tengo congelado en mi mente. Mi hermana comenzó a trasmitir en vivo en Instagram. Recuerdo que mucha gente miraba la transmisión, pues ella era muy popular. Sonaba The End, cuando, poéticamente, la pesadilla comenzó.


>>En primer lugar, la música se detuvo abruptamente. Todos silbábamos esperando a que la falla se arreglara a la brevedad, pero no sucedió. En vez de eso hubo una explosión en el escenario y recuerdo cómo en aquel momento todos comenzaron a correr hacia nosotros. Comenzamos a correr copiosamente en busca de una salida. Sonó una segunda explosión, esta vez en medio de toda la gente. Recuerdo con terror haber visto cómo mi hermana desafortunadamente cayó al piso y fue aplastada por la estampida. Seguida de ella, su novio también cayó. Con todo el dolor de mi alma, y jalando el brazo de Elisa, seguí corriendo, con el corazón hecho trizas, gritando, sollozando, esperando pronto una salida. Miré a la derecha, una chica cayó. Miré al otro lado, otro chico cayó. Escuché el ensordecedor grito de mi novia: ¡No tan rápido, me están jalando! Seguí corriendo lo mas rápido que pude, la arrastraba del brazo. ¡No quería perder a alguien más!


>>No sé cómo, ni porqué, pero alcancé a ver un baño portátil siendo empujado por la gente. En uno de esos empujones, la puerta se abrió. Entré rápidamente y juro que con todas mis fuerzas traté de meter a mi novia conmigo, pero el baño cayó y la puerta se cerró. Yo aún sostenía su brazo y la escuchaba desde fuera gritar que la suelte, que la estaban aplastando. Pero yo no quería, no podía. Escuchaba los pasos de las personas brincar sobre el baño y empecé a ver cómo la puerta, que había quedado hacia arriba, empezó a doblarse hasta que cortó el brazo de Elisa. La puerta finalmente se cerró por completo, pero los pasos que hacían sonar horrendamente el plástico empeoraron. Gritaba con horror y fue entonces cuando la caja empezó a doblarse, como si de una botella de PET se tratase. Empezó a aplastarme, escuché mis huesos romperse. Sentía el olor a la maldita mierda que se escurría por toda mi cara. Apreté los dientes y éstos empezaron a caerse. Ya no podía más, me quería morir, y fue cuándo me decidí: debía salir del baño.


>>Para mi mala suerte, la puerta se atoró. Yo aún sujetaba el brazo. El dolor era muy intenso. Otra explosión. El ruido no podía ser más ensordecedor, y en seguida empecé a sentir el sabor a sangre que provenía de mi propia boca. Una explosión más, esta vez más cercana. Yo seguía gritando en mi ataúd de plástico.>>Trata de imaginar el ruido; había gritos, pasos chocando con el portátil, explosiones y además el acero del escenario chocando como si de un columpio se tratase. Los huesos de mis costillas estaban rotos, mis piernas no respondían. ¡Ni siquiera podía respirar, carajo! Por alguna maldita razón no quedaba inconsciente. Empecé a golpear mi cabeza en contra de la pared, me abrí la maldita ceja Y no me moría. ¡No me moría! Sentía el calor del mismísimo infierno, y estaba seguro de que ahí estaba, pero no me pinches moría.


>>Fue una explosión, tras otra. No recuerdo cuántos fueron, aunque datos oficiales afirman que fueron más de 200. Se descubrió que el escenario voló en pedazos por culpa de una bomba que los malditos terroristas habían puesto en las bocinas y en las pantallas. El acero mató al instante a cientos de personas. Las otras bombas provenían de personas. Los hijos de puta se metieron al concierto con una bomba metida en el culo. De esa manera murieron miles mientras corrían en la estampida.


—Entonces, ¿cómo fue que te encontraron? —Preguntó el entrevistador al borde de su asiento y fumando ya su quinto cigarro.


—En cuanto a mí, me encontraron 20 horas después. Los bomberos me sacaron del baño y pensaron que estaba muerto. Hasta me iban a meter a una bolsa. En realidad, estaba estupefacto, con los ojos casi fuera de órbita, con la boca abierta y ensangrentada, la cadera desviada y las piernas prácticamente desprendidas de mi cuerpo. Estuve consciente todo el tiempo, pero no hablé ni grité. No fue hasta que llegué al hospital cuándo me hicieron dormirme.


—¿Qué sucedió con los cuerpos de sus seres queridos?


—A mi hermana y a su novio la encontraron gracias al video en vivo. Grabó cómo les arrancaron la cabeza a pisadas. El video obviamente se hizo viral en minutos. Me da coraje pensar cómo algunos cabrones usaron el video para crear montajes para provocar más morbo e incluso humor negro. A decir verdad, el video estaba en todas partes, así que fue casi imposible evitarlo.


—¿Recuperaron el cuerpo de Elisa?


—Por supuesto—se lleva la mano a la sien— de hecho, yo la vi cuándo me sacaron de ahí. No dije una sola palabra, pero recuerdo haberla visto hecha pedazos, con la cara aplastada y negra de suciedad. Hoy en día aún la veo en mis sueños y siempre me pregunta por qué no la solté. Hoy que lo pienso, me siento como un tonto. A veces pienso que quizá murió incluso antes de que entre al baño. Cuando recuerdo sus gritos me siento culpable por su muerte. Tal vez de todos modos iba a morir y yo sólo colaboré para que muriera más dolorosa e insoportablemente. Pero a todo esto, quiero pensar que perdí mas de lo que ellos perdieron.


—¿Por qué pensaría algo como eso?


—Bueno, ellos están muertos, en paz. Yo en cambio, perdí mis dos piernas, a mis seres queridos y me he ganado un trauma tremendo. Tengo pesadillas a casi diario, la prensa me persiguió por mucho tiempo. He sido, incluso, acosado por la familia de algunos fallecidos. ¡Ellos me quieren muerto!


—y, ¿por qué hasta ahora, cuatro años después, ha decidido por fin dar una entrevista?


—Bueno, me hubiese gustado honrar la muerte de los fallecidos, entre ellos los asistentes, trabajadores y miembros de bandas que tocaron ese día. Me gustaría que el sitio dónde ocurrieron los hechos se convierta en un monumento en su memoria. ¡No en un puto Walmart! ¿Sí sabías eso? ¡Van a hacer un pinche supermercado ahí, en el sitio donde mis seres queridos y tanta gente fue masacrada!


— Bueno, algo he oído, pero no es un hecho — dijo el entrevistador penosamente.


— La gente ya no respeta la tragedia de los demás, de hecho, se burlan. Se burlaron del vídeo de mi hermana, se han burlado de mí y de mi condición física. A pesar del horror que viví, la verdad es que la falta de respeto y sensibilidad de este mundo me dan más miedo. La gente puede llegar a ser mas terrorífica de lo que un atentado terrorista puede llegar a ser.—absolutamente. Vale la pena preguntarse, quiénes son los verdaderos monstruos: los terroristas o la crueldad de aquellos que son indiferentes y se burlan—El entrevistador enciende un nuevo cigarrillo.

Estampida HumanaWhere stories live. Discover now