ILUMICONOTRASIDAD

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El último recuerdo que tengo de mi padre, es su traje de vestir color negro marchándose por la puerta principal, no estoy muy seguro, pero creo que yo tenía alrededor de tres años.

Luego de difusos sucesos, recuerdo al personal del hospital tratando de explicarme que mi madre había muerto de un infarto, en este instante yo tenía alrededor de seis años; horas más tarde fui trasladado a un orfanato.

De camino al mirar por la ventana apreciaba el gris clima y centenares de hojas cayendo hacia una acolchonada neblina para luego colisionar con el frio asfalto.

Al llegar a esa institución un escalofrío bajó por mi espina dorsal, el lugar tenía un aspecto decadente e inmediatamente en el momento que puse un pie dentro sentí que algo maligno habitaba en las entrañas de esté castillo de la desesperación

En la recepción una señora de baja estatura y una complexión algo gruesa preguntó por mi nombre a los agentes de policía que me llevaron al lugar; yo solo estaba ahí, de pie, mirando a mi alrededor, pensando donde estará mi padre y lo mucho que me traumó el hecho de que mi madre muriera. Mi mamá siempre se empeñó en enseñarme las doctrinas de la iglesia e inculcarme la fe, pero a este punto de haber perdido a mis padres me había convertido un poco incrédulo, quizás ese proceso comenzó cuando estaba en el hospital pidiéndole a Dios que salvara a mi madre.

-Por aquí, sígueme, te llevaré a tu habitación. _Me dijo la señora.

El aspecto del lugar cambió enormemente al cruzar la puerta de la recepción, tenía una tonalidad gris, apagado y triste, también daba la impresión de estar abandonado. En el pabellón que me correspondió hospedarme contaba con unos quince camarotes, para un total de treinta niños y adolescentes, al fondo habían tres puertas, una al centro, otra a la derecha y la última a la izquierda, la del centro correspondía a los servicios sanitarios que eran tres y la duchas que eran cinco, apenas se atravesaba la puerta había un espejo bastante grande al frente de la misma. Este salón parecía ser el más deteriorado de todos, estaba pintado de un color verde oscuro pero la pintura era ya muy vieja y se caía en pedazos, el espejo tenía unas grietas en la esquina superior derecha.

La puerta de la derecha llevaba al comedor. La estructura de éste estaba en mejores condiciones, a excepción de las mesas y sillas de madera que estaban muy desgastadas.

-Éste es tu camarote, él será tu compañero, su nombre es Kaiser, ya tendrán tiempo para conocerse luego. Ven por aquí. La puerta derecha lleva al comedor y la del centro al baño.

- ¿Y la de la izquierda? _Pregunté

Su rostro cambió y se tornó serio por unos segundos, luego puso un gesto agradable y me dijo:

-Ahí no debes entrar nunca por ningún motivo.

Asentí, pero me torturaba la duda.

-Y eso sería todo, instálate y a las seis de la tarde llega al comedor para la cena.

Me dirigí a mi cama dispuesto a desplomarme sobre la misma dado a que me sentía exhausto.

- ¿Cómo te llamas? _Preguntó Káiser

-Jared Jelt.

- ¿Qué edad tienes?

-Seis.

-Yo igual. Voy a explicarte un poco como funciona éste lugar, contigo ya somos treinta, desde los que tienen seis hasta los de diecisiete. Los de seis a ocho les hacemos favores a los de quince a diecisiete a cambio de protección.

- ¿Protección de qué? _Interrumpí. _Sonrió.

-A eso voy. De los de nueve a catorce, estos son... ¿Cómo decirlo?

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