Seré directa: esta no es una historia de amor. Es la realidad que muchas veces nadie se atreve a contar, la que se esconde detrás de una relación que, desde afuera, parecía "perfecta". Pero nada de lo que viví junto a Ismael lo fue.
Mi nombre es Daniela. Hoy curso el segundo año de universidad, pero esta historia comienza mucho antes, cuando tenía apenas quince años y conocí a quien se convertiría en mi tormento y en la herida que tardaría años en reconocer.
Si buscas un final de cuento o una historia donde el amor todo lo soluciona, te lo digo desde ahora: será mejor que elijas otra lectura. Lo que encontrarás aquí está muy lejos de eso.
La toxicidad no llegó a mi vida con Ismael; ya era parte de mi mundo desde que tengo memoria. Crecí viendo la relación caótica de mis padres, un ir y venir de emociones que se volvió mi normalidad. Mi hermana y yo fuimos arrastradas en ese remolino, y yo, siendo todavía una niña, aprendí a cuidar de ella como si fuera su madre.
Mi padre dejó nuestras vidas hace poco, consumido por las drogas. Tras eso, decidimos volver a nuestra antigua ciudad, justo cuando yo estaba por comenzar la preparatoria. Y fue allí, en medio de ese intento por empezar de nuevo, donde todo realmente comenzó.
Hoy, años después, sigo tratando de entender en qué momento dejé de reconocerme. Escribir esta historia no es sencillo; revivirla duele. Pero callarla ha dolido mucho más. Lo hago porque sé que no soy la única que confundió el daño con cariño, ni la única adolescente que creyó que debía soportarlo todo para no quedarse sola.
Este no es un final feliz... pero sí es el inicio de mi verdad. Y tal vez, también, la de alguien más.
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Tóxico
No FicciónPensé que el amor lo curaba todo. Pensé que él era mi refugio. Pensé... demasiado tarde. Mi nombre es Daniela, y esta es la historia de cómo confundí el amor con una cadena invisible. De cómo un beso se volvió control, cómo una caricia se transformó...
