Capítulo único.

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Desde que conoció a Barry, se dio cuenta de la extraña fijación que este tenía por los superhéroes.

Recordaba cómo su mejor amiga, Felicity, le había comentado, entre risas, acerca de la manera en que el castaño podría pasar horas divagando sobre Arrow.

Algo que, aunque Oliver no quisiera admitirlo, provocaba en su pecho una sensación cálida y agradable.

Pero, a veces, aquella "obsesión" resultaba francamente insoportable.

🦇🦇🦇

Ese día, Barry había llegado a su apartamento con la intención de pasar más tiempo juntos.

Sin embargo, apenas se sentaron en el sofá de la sala, el castaño no hizo más que hablarle del héroe de Ciudad Gótica: Batman.

Claro, no era como si Oliver no lo conociera.

De hecho, lo conocía muy bien; ambos formaban parte de la Liga de la Justicia.

Aun así, Barry hablaba del Caballero Oscuro como si fuera lo mejor que jamás había existido ... como si Oliver no tuviera idea de quién era.

Aquello no hacía más que sacar de quicio al mayor.

¿Qué tenía Batman que Arrow no tuviera? Era la pregunta que siempre le rondaba la cabeza cada vez que su novio mencionaba al murciélago.

Ambos tenían dinero.
Ambos eran inteligentes.
Ambos eran ágiles y tácticos en el campo de batalla.

Y entre más comparaciones hacía, más similitudes encontraba y menos diferencias.

Eso lo deprimía.

¿Acaso Barry solo salía con él por su parecido con Bruce?
¿Era porque Arrow era odiado, mientras Batman era aclamado por miles?
¿O simplemente Oliver no era suficiente para el castaño y necesitaba a alguien que cumpliera mejor con sus expectativas?

No lo entendía.

Dejó escapar un suspiro, lo que hizo que Barry se girara hacia él con preocupación.

—Ollie, ¿pasó algo?— el castaño se acercó y se sentó sobre sus piernas. Oliver desvió la mirada, pero el velocista tomó su quijada y lo obligó a mirarlo. —Sabes que puedes confiar en mí, amor —dijo antes de depositar un beso suave en sus labios.

Oliver suspiró nuevamente.

—Te amo —fue lo único que dijo.

Barry lo observó con atención; al parecer, el rubio no estaba dispuesto a hablar.

—Yo también te amo —respondió, acurrucándose contra su pecho. Oliver comenzó a acariciar su espalda y, tras unos minutos, ambos se quedaron dormidos en aquel sofá.

🦇🦇🦇

La feria era el mejor lugar del mundo... al menos para Barry.

Oliver no estaba del todo de acuerdo.

Había muchas atracciones, sí; también abundaban los colores y las luces, pero el verdadero problema aparecía cuando Barry insistía en subirse a todas las del parque.

Y no es que el problema fuera el dinero, oh no. Oliver podría comprar el mundo entero si eso es lo que hacía feliz a Barry. 

El verdadero inconveniente surgía cuando su novio terminaba llorando de miedo en cada atracción, llenándolo de desesperación, pues jamás había sido bueno consolando a los demás.

Por eso decidió que la mejor idea sería llevarlo a los puestos de juegos para ganar peluches. Además, es una excelente oportunidad no sólo para alardear de sus habilidades con su increíble precisión, sino también para conseguirle un detalle a su enamorado.

—Oliver —el castaño lo sacó de sus pensamientos al llamarlo, agarrar su brazo con sus manos y poner su cara en él.

—¿Sí? —contestó cálidamente, con el tono que sólo era para Barry.

—¿Me consigues un peluche? —preguntó poniendo los mejores ojitos de cachorro que nunca antes había visto, lo cual ni siquiera era necesario porque ¿cómo alguien podía decirle que no a Barry? Todo en él era demasiado adorable.

—Por ti haría lo que fuera —dijo sin pensarlo.

Barry se quedó sin aliento y se abalanzó sobre él, llenándolo de besos por todo el rostro. Mientras tanto, Oliver reía. Como amaba a Barry Allen, no era mentira que haría todo lo que fuera por él.

Cuando Barry lo soltó, Oliver se acercó al vendedor, quien le explicó las reglas del juego.

—Debes disparar flechas lo más rápido posible a ese palo. Dependiendo de cuántas queden dentro del punto marcado, podrás ganar un premio.

Fácil.

Oliver asintió y el juego comenzó.

—¡Eso, Ollie! —lo animaba Barry—. ¡Más rápido!

Su voz lo hacía concentrarse aún más.

—¡Así, así... justo ahí!

Oliver disparó con mayor velocidad hasta que la campana sonó, anunciando el final.

—Wow... —murmuraron los presentes.

No había fallado ni un solo tiro.

—Excelente —dijo el vendedor—, por su cara, Oliver podría jurar que ni él mismo podía creerse que alguien por fin hubiera ganado el juego— Puedes llevarte un peluche de la última fila.

Señaló dos enormes muñecos.

Oliver sintió un escalofrío.

Batman y Arrow.

Maldito Batman.

No quiso girarse a ver a Barry; sabía perfectamente cuál elegiría.

—¡Gracias! —escuchó la voz de su novio—. ¡Green Arrow siempre ha sido mi favorito!

Oliver se volvió, sorprendido, al verlo abrazando el enorme peluche de Arrow.

—Mira, Ollie —sonrió—. ¿Ves? Arrow es el mejor héroe de todos.

El corazón de Oliver se derritió.

Barry lo amaba a él.
No a ese estúpido murciélago.

—Mi favorito siempre será Flash —dijo Oliver, acercándose.

Dejó el muñeco en el suelo y besó a su novio, quien le correspondió de inmediato.

Se separaron solo por falta de aire.

—Wow, señor Queen —rió Barry—. Creo que hoy tendré que hablar con usted en su oficina.

Le mordió el labio inferior.

—Espero con ansias esa reunión —respondió Oliver, siguiéndole el juego.

—Ay, el amor juvenil —suspiró el vendedor, observando a la pareja.

¡Maldito Batman! - OlivarryStories to obsess over. Discover now