ED MOON
Al leer con ávida frecuencia los libros de la pequeña biblioteca de mi madre, me preguntaba si en algún lugar del mundo existía una misión importante para mí; como esas que describen en las fábulas extraordinarias, con valientes héroes y villanos de cuidado. Claro, yo me creía el villano, pero igual me conformaba con una aventura milagrosa de auto-descubrimiento que sirviera para encontrarme.
Era triste que a mis diecisiete años aún nada de eso me ocurriera.
Sin embargo, al acabar de leer los libros siempre era exactamente lo mismo: terminaba mirando a través de mi ventana hacia el cielo nocturno, y pretendía aceptar el presente que me tocaba vivir. Me decía a mí mismo que nada de lo que llegara a desear era para mí. O o al menos, a diario me quería convencer de ello.
Me decía que "lo mío" no era liderar una batalla épica para liberar una nación. Menos buscar una espada encantada que determinara que yo sería un famoso rey. Todo eso eran simples cuentos escritos por humanos y para humanos. Y a pesar de ello, yo no me cansaba de leer las mismas fábulas aunque terminaba con la misma y extraña sensación de un "llamado", que era mental, por supuesto.
Sabía que no estaba loco a pesar de que eran murmullos de una voz en mi cabeza. Murmullos que, a decir verdad, no entendía lo que querían decirme. Sólo alcanzaba a entender mi nombre.
Con frecuencia terminaba internándome en el Bosque Negro para ir detrás de aquella voz estentórea. Pero cada vez que salía de casa, e ingresaba al linde de este, sus somníferos murmullos me hacían sentir reconfortado y no quería salir de ese lugar.
Durante las melancólicas noches de luna llena se escuchaban los aullidos de los lobos comunes y los hombres lobo neófitos. Aunque sabía que los segundos eran peligrosos por el descontrol bestial que les producía la primera de las siete lunas llenas, tenía la esperanza y certera convicción de que muy en el fondo seguían siendo seres razonables, en comparación con los despiadados lobos comunes que son bastante territoriales.
Por algunos altercados con esas y otras bestias mágicas, sabía que no debía internarme mucho en el bosque a tan altas horas de la noche; por eso sólo me quedaba en la zona lindante a nuestra cabaña.
Con esta acción siempre me hice creer que no era tan tonto como parecía. Y por supuesto que me jugaba el pellejo con la muerte, pero era la adrenalina que producía el momento la que precisamente me hacía sentir que aún vivía y que no me había convertido en un alma muerta.
Cuando me cansaba de perseguir aquella voz y se salía de mi alcance de búsqueda, solía resguardarme entre las raíces sobresalientes de un abeto de tronco descomunal, y Lune, mi gato guía, llegaba tras de mí con la empeñada tarea de hacer el papel de mi conciencia para que retomara el camino a mi casa.
—Te resfriarás aquí afuera, Ed —susurró Lune, cuando estuvo a escasos metros de mi lugar de reposo.
Yo apenas podía ver sus grandes ojos amarillentos entre la espesura que nos cubría, y era como la visión espectral de un par de espeluznantes esferas brillantes que flotaban. Lune dio varios pasos sobre la hojarasca húmeda y me siguió riñendo cuando estuvo parado sobre mis rodillas.
»Si llega tu madre armará la grande cuando vea que no estás con tus hermanas. Así que será mejor que vuelvas, revoltoso.
Por inercia solté un bufido que le hizo clavar sus garras en mis rodillas.
—¡Oye! —Braveé—, ¿podrías dejar de clavarme tus garras? En verdad duele.
Lune se hizo a un lado con un único salto lleno de gracia, que lo dejó parado sobre la raíz que tenía a mi derecha. Sus gatunos ojos no apartaban su atención de los míos y noté que negó un par de veces en lo que yo me sobaba la zona rasguñada.
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Ed Moon
FantasyEd Moon es un joven aprendiz de brujo que se encuentra sumergido en un eterno Halloween. En el interior del peligroso Bosque Negro, su familia, junto a una población de brujas de mucho cuidado, viven el constante jaleo de una vida llena de magia y r...
