Capítulo 1

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Mi cabello se sentía extraño, pegajoso y húmedo, veía sin parpadear como los cuerpos de mis padres caían ante mis pies sin vida, de sus cuerpos comenzó a brotar un líquido rojo, que transformo mi vestido blanco. Un hombre vestido de negro nos sorprendió en la entrada de nuestra casa, sus pasos eran pesados y aun seguía riéndose después de haber clavado una y otra vez la hoja dentada de un cuchillo en los cuerpos de mis padres, intente detener lo que hacía, quería que los dejara de lastimar, pero era más grande y fuerte, mi cabeza toco la acera y me comenzó a doler mucho, ahí fue cuando mi cabello comenzó a mojarse.

No podía moverme solo observar como aquel hombre sin mascara me miraba, me mostro sus grandes dientes, como si fuera un lobo y yo su presa, sabía que yo seguía, cerré mis ojos esperando el mismo dolor que antes mis padres habían sentido, pero nunca llego, escuche pasos detrás de mí y un gemido que seguro venia de mi futuro asesino, los pasos se acercaron y me pasaron, volví a abrir mis ojos y la sombra ya tenía cuerpo, rostro y arma, una que detono entre las cejas de aquel animal que había salido de cacería solo por diversión.

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Me desperté sobresaltada, la habitación esta en completo silencio solo mis jadeos se escuchaban, no importa cuántos años pase siempre las pesadillas me harán recordar lo que quiero olvidar.

Me fui incorporando en la cama, mientras tocaba la cicatriz que mi cabello ahora cubría, el reloj marcaba más de las siete de la mañana, pero todo estaba muy oscuro, miré hacia el balcón y las persianas tapaban la luz que quería entrar en aquella pequeña habitación.

Mientras bajaba las escaleras escuche múltiples ruidos ahogados cerca de la habitación de mi hermano, en la cocina todo estaba intacto así que supongo que no ha dormido o acaba de llegar, coloco la cafetera y camino directo al fondo del corredor de la planta baja para ir a buscarlo pero antes de llegar puedo ver la puerta abierta así que él no está en su cuarto, me detengo a mitad de camino y observo una réplica, que podría confundirse con la original, de la pintura El Grito, se podía ver el desnivel de la pared alrededor de la pintura, saque mi celular y coloque una clave en una aplicación que mi hermano diseño e instalo y la pared comienza a moverse a mi derecha, dejando el espacio suficiente para pasar a una habitación escondida, el cuarto estaba iluminado completamente aunque no habían ventanas por ningún lado y sus paredes eran de hierro reforzado y pintado a mano de color plata, el suelo, de madera artificial, estaba cubierto la mayor parte por una alfombra de terciopelo rojo, “la bóveda” era un lugar donde pase el mayor tiempo de mi infancia.

Aquí no había mas nada que armarios llenos de armas, mesas con cuchillos, una pared de madera con blancos de tiro pegada a ella, y una de las paredes está llena de monitores conectados a múltiples cámaras, vigilando todo el apartamento interno como externo, pasillos callejones y doble vías, siempre preparados para cualquier cosa.

Él se encontraba a mitad de la sala rodeado de bandejas que contenían cuchillos, el sabía como utilizarlos, era un arte para él.

Fui acercándome despacio, no lo quería sorprender, no cargaba camisa solo un pantalón de dormir gris, así que los músculos de su espalda, cicatrices y sudor se veían a simple vista, rodee su cintura con mis manos y pegue mi cachete a su espalda mientras el bajaba la guardia y volvía a colocar las cuchillas en sus bandejas, yo acariciaba la pequeña cicatriz que le rozaba el abdomen.

- ¿Volviste a tener pesadillas? – vi cómo se tensaba colocando sus manos sobre las mías - ¿Qué tanto pudiste volver a vivir? – se dio la vuelta para quedar frente a frente, bueno casi, sus pectorales estaban en mi cara haciéndome sonrojar.

- Lo mismo de siempre – sonriendo de lado se inclinó y me dio un beso en la frente - ¿quieres café?

- Solo si lo haces tú – siempre ha sabido cuando vivo mis noches en el pasado, y me gusta que no me pregunte que soñé, él ya lo sabe.

- Ya debe de estar listo – una pequeña sonrisa se asomó en sus carnosos labios.

- Entonces vamos – tomo su teléfono y siguiéndome volvió a sellar la bóveda.

Terminamos de desayunar cuando bruno deslizó por la mesa un paquete plateado adornado con un moño rosa. Lo mire confundida, el no suele dar regalos espontáneos, ni mucho menos decorados tan bien.

- ¿Qué es? – sus ojos negros no me miraban, era divertido ver al fuerte Matteo estar algo avergonzado y sin querer suelto una risita al imaginármelo en una tienda comprando un moño rosa.

- Feliz día – dice con una sonrisa forzada y por un momento me tenso, disimuladamente suelto el aire que al parecer estaba conteniendo

¡Se acordó! – sé que mi reacción ahora no es la mejor, pero no sé cómo ocultar mi disgusto.

- ¿Pensaste que olvidaría tu cumpleaños Natalia? – asentí – entonces eres una idiota – dijo burlonamente – eres mi hermana nunca olvidaría el día más importante de nuestras vidas – comencé a reír, “que mal chiste”.

- Siempre me dices que este día es el más importante y feliz, pero yo no lo veo así, para mi es triste – veo su cara de preocupación y por un momento quise no haber dicho eso – no lo tomes a mal Matt, adoro mi vida contigo y te lo agradezco mucho, pero…– pensé en un momento lo que en verdad quería decir – en verdad quisiera recordar mi verdadero cumpleaños así no celebraría mi cúmplenos el día en que mis padres murieron.

- ¿Sabes que pienso yo? – se levanta y comienza a recoger los platos – todos los días muere alguien en el mundo, y no importa la forma, ya sea natural, suicidio o accidente, las demás personas en el resto del mundo celebra nacimientos todos los días, ¿Qué diferencia hay de este día a cualquier otro?, y antes que me contestes te diré mi respuesta – se aclaró un poco la garganta y continuo – a mí solo me importa que hubieras aparecido en mi vida eso hace que recordar este día sea especial para mí, aunque lo me creas eres mi mundo desde entonces – me quedo viendo sus oscuros, pero brillantes, ojos negros, y algo dentro de mi pecho comienza a saltar con fuerza, odio su sinceridad.

Mis nervios me traicionaron y comencé a reír mientras que mi mente decía lo que mi boca no se atrevía, “yo no soy nada sin ti”.

JuntosWhere stories live. Discover now