Hiccup era un hermoso ángel, uno de los más hermosos que ahí habían; sus bellas alas, sin duda envidiadas por sus demás compañeros, eran de las más blancas posibles considerando la pureza del chico. Sí, era una hermosa deidad la cual anhelaba conocer a los humanos, aquellos seres que según sus compañeros, eran monstruos atroces que siempre buscaban más teniéndolo todo. Pero el no creía eso, el veía bondad en ellos. El humano nace siendo bueno, la naturaleza lo vuelve malo. Eso siempre decía y fue torpe al repetírselo siempre. Pero aquel día eso tuvo un fin.
Noah no era precisamente el mejor de los humanos, no era un Santo más bien, era el típico chico problemas. Era “un pecador” debido a su acelerada forma de vivir, gastaba dinero sin importarle su futuro, tenía sexo con las chicas y chicos que se dejaban coger. Simplemente no tenía ataduras.
Blanco y negro, Ángel y demonio, Santo y pecador; eso eran.
Un día, de los muchos en los que Hiccup logro escapar de su encierro noto como aquella ciudad estaba adornada con adornitos muy extraños. No sabía exactamente que estaba pasando, era extraño. La gente vestía de forma extraña, notaba que en su mayoría vestía como duendes o brujas. Incluso demonios.
—¿Te perdiste lindura?—escucho como alguien le hablaba, al voltear vio a un chico, vestía como algún dragón negro o murciélago sobre desarrollado
—¿Quieres que te lleve a un lugar en especifico?— Noah se había fijado en él, y como no hacerlo, era lindo. Piel blanquecina bañada en lindas pecas, ojos esmeralda que cautivaban. Un hermoso chico disfrazado de Ángel al cual le haría pecar.
—Yo...—No sabía que decir; era muy atractivo el chico que le causaba algo que no podía decir—soy nuevo en la ciudad y no conozco a nadie.
—Vaya, eres nuevo—Eso explicaba, para lógica de Noah, que no lo recordara de ninguna lado—Me llamo Noah. Sí quieres puedes venir conmigo a una fiesta. No creo que la anfitriona se moleste por algún colado.
—Si, claro— Terminó aceptando, quería saber porque los humanos eran malos o mínimo, porque la mayoría lo era. Caminaron tranquilamente mientras platicaban sobre cosas sin sentido alguno pero lo que llamo la atención de Noah era que donde quiera que sea que fuera Hiccup, no tenía permitido salir y que se había escapado por solo una noche, “Chico malo” pensó para sí mismo.
Cuando llegaron a la dichosa fiesta, Hiccup noto como aquella música resonaba por todos lados ¿los humanos se divertían bailando vulgarmente con aberrantes sonidos? ¿era normal que bailaran tan pegados?
—Ven, vamos por un trago—decía Noah mientras le tomaba de las manos mientras le llevaba a la barra de bebidas. Sirvió dos bazos, uno para su amigo y otro para él. Apenas lo probo y supo que contenía alcohol—sabe raro—escucho decir a su amigo, comprendiendo que jamás había tomado una gota de alcohol. Sería fácil llevarse a la cama. Embriagarlo haría que aceptaría cualquier cosa.
Y así lo hizo, logró hacer que estuviera ebrio.
—Noah—hablaba Hiccup estando muy borracho y eso que había tomado unos cuantos bazos—eres tan lindo—decía entre pequeñas risitas mientras dejaba pequeños besos en su rostro.
—Vamos a un lugar más privado—guiandole y cuidando que no se golpeara llevo al chico al una habitación ¿cual era? El baño más próximo, conocía perfectamente la casa, sabia a donde y como ir.
Estando una vez ahí, Noah comenzó a besarle el cuello y dejar notorias marcas, escuchaba la respiración agitada del menor mientras trataba de mantenerse de pie—Te haré pecar angelito—nuevamente le beso, pero ahora en los labios; sintió como el castaño llevaba sus manos al rededor de su cuello. Fue cuestión de minutos para que Noah sintiera aquel ya característico bulto entre sus piernas producto de la excitación, guiando sus manos, las llevo hasta sus nalgas las cuales apretó a su antojo provocando un gemido por parte de Hiccup.
Sin duda, se iba a divertir esa noche.
[…]
Ya había pasado un par de días desde ese encuentro con aquel chico disfrazado de angelito, jamás le volvió a ver o eso creía. Un día mientras iba en motocicleta por la carretera, lo vio pasar, simplemente cruzo la avenida sin mirar que alguien venia. De inmediato se detuvo y le siguió, dejó su vehículo por ahí botado antes de salir corriendo tras el chico.
¿Era el mismo que conoció en aquella ocasión? Claro que lo era pero ¿porque aún vestía como aquella vez? Aunque claro, le faltaban las alas.
Llego hasta un claro, Noah le iba a preguntar que le pasaba pero lo que vio simplemente le dejo sorprendido: de la espalda del chico brotaron un ala.
¿Estaba alucinando o era verdad?
—Se están ahí Noah—decía dándole la espalda—supe que vendrias y por eso llame tu atención cruzando por tu camino. Déjame aclararte algo, yo era un ángel...
—¿Que tu eras que?
—Un ángel, aquel con las alas más blancas posibles. Era puro pero cometí un pecado y mi condena fue volverme un ángel caído—volteó a verlo, lloraba mientras mantenía una sonrisa en su rostro—hace dos dias, después de pecar contigo comencé a perder las blancas plumas de mi ala izquierda hasta que simplemente tuvieron que cortarmela. Ya no podía estar más con los mios, ya no era parte de ellos. Mi ala derecha pronto perderá su plumaje—en eso, Noah vio como una pluma caía de aquella ya opaca ala.
Pecar es bueno para los mortales, nada les pasara por disfrutar lo terrenal pero para un ángel pondría en juego su vida.
