Fue en una noche, los seis chicos permanecían en sus habitaciones, el reloj marcaba las once con treinta minutos.
YoonGi había salido de su dormitorio como todas las noches, sin hacer ruido alguno, dejando un mensaje de texto a Hoseok que más tarde mandaría, y a los demás chicos, sí es que el tiempo le era suficiente. Tenía treinta minutos.
Llevó entre sus manos un ramo de flores que había adquirido por el día, hoy tendría una cita bastante especial. Debía de encontrarse con el amor de su vida en unos minutos. El lugar era un secreto.
Se había vestido un tanto elegante, los jeans negros y unas botas del mismo color junto a un poleron blanco eran partícipes de su atuendo, se veía bien, además era el conjunto que más amaba su novio que se pusiera.
Para cuando llegó a el lugar acordado. Envió el mensaje. Su móvil marcaba las once con cincuenta minutos. Lo apagó para que éste no fuera un distractor en su cita, su penúltima cita.
Por otro lado, HoSeok había ido a la habitación de YoonGi, creía que el mensaje era una broma y al no encontrarlo, revisó las demás puertas donde los chicos descansaban, despertándolos.
—¿Dónde está YoonGi? —habló HoSeok, sostenían entre sus manos su móvil, donde se era visible la pantalla encendida con una chat abierto, proveniente del mencionado.
—Salió. —dijo JiMin.
—¿A dónde? —insistió, revisando cada tanto su móvil. —¿A dónde fue?
—¿Qué sucede, Hobi? —cuestionó SeokJin, yendo hacia él. —¿¡Qué!? —gritó, exaltando a los presentes.
A veces se preguntaba porque la vida era tan injusta, se reprochaba todos los días del porque tenían que quitarle siempre lo que más quería.
Y sintió que era una maldición, que el estaba maldito, tal vez estaba pagando algo, karma le llamarían algunos, pero seguía preguntándose el porqué.
Siempre había sido un niño bueno, obedecía en todo y trataba de ser el mejor, ayudando y siendo útil.
¿Por qué seguía sorportándolo?
—Muchas veces tuve ganas de dejar todo, cielo. —dijo, divisando un buen lugar para poder descansar.
La obscuridad de la noche cubría el cielo azul, llevandose las nubes consigo y el sol abrasador daba paso a una enorme y redonda luna resplandeciente.
Aquel chico solo buscaba algo de paz, bajo la luz de ese astro.
Descansó sus brazos sobre su abdomen, agarrando entre sus manos el ramo de flores con fuerza, admirando lo bella que era la noche. Las estrellas titilantes, iluminando poco a poco la ciudad.
—¿Recuerdas cuando me hiciste llevarte a ese parque de atracciones? Querías subir a la montaña rusa pero yo sabía que eras un llorón y no lo harías, creías que los vagones se caerían. —el chico soltó una pequeña risa, apenas audible. —Pero tomaste mi mano... Tomaste mi mano tan fuerte y dejaste de tener miedo, dijiste que te sentías a salvo conmigo.
Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas las cuales limpió antes de que desembocaran en su barbilla, no quería que lo viera llorar, no esa noche.
—Sé que el tiempo fue corto, realmente nos robó muchas cosas pero venos aquí. —miró a el cielo, fijando sus ojos en la luna. —Te amo tanto que es imposible describirlo, me haces sentir tan especial, es difícil saber que te hayas enamorado de éste desastre.
En ese momento, unas cuantas gotas de lluvia cayeron por su cabeza, advertían una fuerte tormenta, sin embargo, no se inmutó y siguió admirando la luna.
—Deberías ver a los chicos, están un poco enojados conmigo. Dicen que ya no debería hablarte pero saben que jamás dejaré que eso pase. —entrelazó sus dedos, embelesado por el cielo estrellado. —Prometí estar para ti siempre.
Y lloró.
Se permitió soltar todas las lágrimas que en más de tres años no había podido dejar caer. La lluvia era una perfecta compañera, el frío de esa noche lo hacía sentir tan vivo y volvió a sonreír, estaba feliz.
De nuevo sentía ese calor por todo su cuerpo, el calor que su amado le proporcionaba cuando lo abrazaba. Sus besos recorriendo su rostro hasta llegar a sus labios. Habían deseado por tanto tiempo volver a sentir su piel, volver a tocar toda su anatomía y recorrerla una y mil veces.
—Dije que estaríamos juntos por siempre, Jungkook.
—¿Qué rayos pasa? —preguntó JiMin, sacudiendo el cuerpo de SeokJin, quien desde hacía minutos se había quedado inmóvil.
—Es YoonGi... Es... El parque, tenemos que irnos ahora. —dejando caer el móvil, HoSeok tomó su abrigo y salió de la casa.
—¿Qué...? —Taehyung había tomado el móvil, sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
—¡Vamonos, ya! —gritó NamJoon, arrastrando a SeokJin junto con Taehyung.
Subieron a el auto, SeokJin era quien conducía, dada la emergencia y lo alarmante del problema, pisó el acelerador con tanta fuerza que todos temieron un segundo por sus vidas.
Taehyung volvía a leer el mensaje de YoonGi hacia Hoseok, algo en su interior le decía que ya era tarde pero quería pensar positivo. NamJoon mostraba un aura de serenidad, quería tratar de calmar a los demás siendo era imposible. JiMin solo rogaba porque YoonGi estuviera bien. Hoseok lloraba, lloraba de tal manera que para los demás fue como sí derrepente el sol de apagara. Y Jin tomaba el volante con fuerza, pidiendo poder llegar.
Los cinco chicos bajaron y se dividieron para buscar a YoonGi, el chico de tez pálida yacía apoyado de un árbol, con sus ojos mirando a la luna y una pequeña sonrisa formaba parte de su rostro.
A varios metros de el área de juegos, era un lugar que solo él y su preciado niño conocían, un lugar donde se juraron amor eterno. Entre arbustos y flores, se escondía aquel enorme árbol, bajo un césped algo alto donde cualquiera podía esconderse y pasar desapercibido, en un manto de hojas caídas, la suave brisa de esa noche revoloteando sobre su cabello.
YoonGi moría después de haber hablado con la luna.
191211
rev: 210920
ČTEŠ
talking to the moon ➷ sukook
FanfikceY le hablo a la luna, intentado llegar hacía tí. 🌙 | o.s 111219
