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l'tour suicide: la torre suicida.

⊱﹝死体パーティー﹞

¡Terrible! Oh, qué nefasto día pintaba ser éste en la calle Rue Morgue, los horrores cometidos en ésta zona han sido incalculables que ni la misma policía ha podido descifrar, que exactamente sucedía en esa zona. A lo largo de los años, a través de siglos, festividades, cumpleaños, y cualquier evento que ocurrió en el período de vida del mundo; la calle Rue Morgue se ha considerado una muy popular en el gentilicio de América del Norte. Asesinatos, desapariciones, magia negra, individuos extraños, entre otras cosas más se encontraban en los alrededores de esa calle. A la vuelta de la esquina, se encontraba un local que era dirigido por una extraña mujer pelirroja, muchos murmuraban y la señalaban puesto que ella; se había divorciado de su esposo y éste ese mismo día, desapareció de la nada. Apuntaban que ella tenía a un amante como criminal y había pedido que lo asesinara para arrojarle al río, donde la evidencia no la culparia pero claro; estos eran solo rumores y un rumor no se hacía realidad con chasquear los dedos.

El local que mantenía la joven dama era ni más ni menos, que uno donde vendían desde productos muy antiguos y usados hasta nuevos y renovados, ella promocionaba cada día cosas nuevas, haciendo que muchos visitantes de la misma calle o incluso turistas; se emocionaran y compraran lo que tenía en su inventario. Aunque eso fue hace mucho, cuando turistas nuevos llegaban a la calle Morgue y eran inconscientes del montón de casos que sucedieron en esa zona tan fúnebre. Ahora su local se convirtió en uno común, donde regularmente cruzaba uno que otro visitante pero no para comprar; sino a saludarla e incluso tomar el almuerzo con ella. Esté era un día de esos, la muchacha suspiraba con exhaustación al aburrimiento, anhelando de algún cliente que la sacara de su constante monotonía, alguien lo suficientemente interesante para poder hablarle sobre sus viejos cachivaches.

Un suspiro dejó soltar la pelirroja, su mano estaba posada en la mejilla sosteniendo su cabeza mientras miraba hacia el viejo reloj marrón, minutos pasaban y éstos se transformaron en horas hasta que llegó la hora de cerrar. De nuevo; nadie hizo acto de presencia y no tenía ganancias. La fémina recogió sus cosas y apagó las luces del local para después salir por la puerta principal, cuando la cerró y sacó la llave metálica; escuchó un llamado y sus orbes se posaron en aquél ruido. A la distancia y haciendo un esfuerzo para ver, la mujer adulta pudo ver unos cabellos negros, tan oscuros como la misma noche. La altura era el doble que la suya y portaba de un extraño traje, ¿era militar? Oh no, ¡qué fatídico! ¡Ella tenía malas experiencias con personas de la milicia! Se apresuró a cerrar pero entonces el masculino llegó hasta ella y la tomó de la muñeca, ella se asustó y trató de no pensar lo peor.

El hombre quien estaba agitado, hizo un esfuerzo para pronunciar ciertas palabras que transformaron su final del día; en uno bueno.

━ ¡Por favor, es urgente. Abra de nuevo su local! ¡¿Vende batutas?! ¡N-Necesito una urgente!━ Exclamó con la voz entrecortada debido a que corrió demasiado.

━ Si vendo pero... Ya cerramos, lo sien-

━ ¡Por favor, hoy tengo mi primera presentación en mi nuevo puesto de trabajo y se me ha roto la mía! ¿No puede hacer una excepción? ¡Tengo dinero, puedo pagarle incluso el doble por haber abierto de nuevo su local después del toque de queda!━ volvió a hacer exclamaciones, su tono era exasperante y demandante, insistente... Interesante. En todos sus estando en ese local vendiendo y hablando de su mercancía, jamás se le había dado una situación como esa; que alguien llegara de después de haber cerrado y demande que ella re-abriera el local.

Una sonrisa surcó en los labios de ella, asintió sin darle respuesta, abrió la puerta principal y volvió a entrar a su local para luego encender las luces de su establecimiento. A los ojos del azabache pudo notar lo pulcro del lugar pero aún así, pudo ver que no era muy concurrido. Ciertos objetos le llamaron la atención, como espejos rotos, objetos puntiagudos, ojos en un envase de vidrio, la cantidad de relojes viejos, entre otras cosas. Cuando llegó al mostrador, la mujer alzó su dedo indicándole que la esperara, seguidamente su figura delgada se desvaneció entre las sombras donde no se fue a buscar lo pedido. Él esperó cierto tiempo y su vista pausó cuando la fémina llegó con un estuche.

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