I. Francis

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Era mi último primer día de clases.

Yo otra vez entraba con ánimos de querer regresar a casa.

Ya no más la que baja la cabeza para esconder su rostro, pero aún así la que camina por los pasillos evitando el contacto visual, esperando que me digan algo cruel, nunca lo han echo, pero vivo expectante.

Ahí estás tú, Francis, inteligente, guapo y amable con absolutamente todo el mundo.

Me parece extraño conocerte tan bien y que nadie, absolutamente nadie en la escuela sepa algo de nuestra historia de amor de verano.

Trabajamos juntos, yo era cajera en la tienda, mientras tu eras uno de los chicos que repone los productos.

Te acercaste al mostrador en el que yo me encontraba, apoyaste tus brazos y me miraste directamente a los ojos, sin titubear ni un segundo.

-Oye, yo te he visto antes- tu sonrisa imborrable era digna de una fotografía.

-¿En serio?- Sorprendente, en la inflexión de mi voz no se notó, pero era realmente sorprendente que recordara mi rostro, aunque puede que lo dijera para iniciar una conversación y llevarse bien con compañeros de trabajo.

-Claro!, eres Cristina de historia o no?- Parecía emocionado- Osea, tuvimos esa clase juntos.

Sabía mi nombre, ¿Por qué?

-Sí- Mi voz fue un hilo y traté de esconderme en mi cabello, estaba avergonzada sin sentido.

-Soy Francis, me sentaba atrás tuyo en esa clase, me acuerdo de ti, siempre respondías las preguntas de González, era genial verlo incrédulo- Rió fuertemente, en su perfecto rostro color oliva se marcaron las líneas de expresión más bellas que he visto en mi vida.

-Ah, si jaja- con una risa forzada traté de no parecer nerviosa.

- Bueno, nos vemos en el almuerzo- Se marchó tranquilamente con esa sonrisa aun plasmada en el rostro.

Asentí y quedé petrificada en mi sitio, miré mi reflejo en el espejo tras de mi, el rostro pálido, el cabello desordenado y mi cuerpo delgado que se veía aun más pequeño en el uniforme de la tienda.

Francis resplandecía mientras que yo me veía como si mi cabeza siguiera pegada a la almohada.

Nuestra dinámica por días fue saludarnos, almorzar juntos, hablar de un montón de cosas, resultó que teníamos mucho en común, después bromeábamos una que otra vez y terminábamos despidiéndonos cuando nos íbamos a casa, pero llevado un mes y medio así algo cambió.

-Ah, se me ha quedado la chaqueta- le dije cuando ya íbamos saliendo de la tienda- La iré a buscar, vete si quieres

-No- Me miró preocupado- Te espero aquí - Me quedé viéndolo pero no me pareció extraño.

Corrí a buscar mi chaqueta y volví lo más rápido que pude, cuando lo vi mi corazón dio un giro.

Francis miraba el cielo, sus manos en los bolsillos de su pantalón y la barbilla apuntando directamente hacia las estrellas, era de otro mundo, pese a que yo sabía que el era una "persona bella" esto estaba en otro nivel, como si estuviese despojado de lo mundano.

-He vuelto- Avisé rompiendo su momento de reflexión, pero el no parecía disconforme, es más, me recibió con otra de sus icónicas sonrisa, pero sus ojos no se achinaron como solían hacerlo, había cierta tristeza y vergüenza en ellos

- Sabes Tina- Ya hasta tenia la confianza de utilizar el sobrenombre que usaba mi mamá para llamarme- Estas vacaciones han sido increíbles

Le sonreí y asentí, concordaba totalmente con él, quien diría que trabajar podía ser divertido.

-He conocido a gente agradable- volvió su cabeza al cielo- y creo que me he enamorado de alguien.

Me miró y guardó silencio.

-La gente aquí es muy agradable- Dije para romper el silencio- Ha sido lindo, no pensé que un trabajo tan estresante pudiera ser entretenido, pero tus chistes me han mantenido a flote- Me reí con ganas.

-Oye Tina- habló serio y se acercó a mi - La verdad es que te he observado desde la clase de historia... nunca me atreví a decirte ni un hola- Su mirada se pegó en el suelo, evitando todo contacto conmigo- Ahora que te conozco más, mucho más, puedo decir que eres increíble... y finalmente puedo decir que me gustas

Silencio.

Me pareció irreal, pero de nuevo, todo alrededor de Francis se movía en otro ritmo, era como si hasta el universo parara solo para contemplarlo.

Diablos, a mi también me gustaba, más allá de lo atractivo que es, era una persona fenomenal, de esas que te encuentras una vez en la vida.

Entonces en un suspiro le respondí:

-Tú también me gustas

Y en un segundo me vi envuelta en sus brazos, besando unos dulces labios que no querían soltarme.

Decidimos intentarlo y le di todas mis primeras veces, le besé como nunca, vimos la ciudad en la que vivíamos con otros ojos, todo juntos.

Pero la vida no era color rosa y me sentí presionada por la tonta idea del "que dirán los demás", en su momento claramente lo hacía pensando en él, pero después me di cuenta que egoístamente trataba de protegerme a mi misma.

Entonces cuando se fue acercando la vuelta a clases le dije directamente que esto no podría seguir, una relación así era imposible de mantener en periodo de clases y mucho menos rodeada de tanta gente.

Pero soy yo la que sufre por mis propias reglas, tu te veía desanimado, me dijiste que esto sí podía seguir, pero tú no vives en el mismo mundo que yo, me dije, y esto sólo va a hacer las cosas complicadas.

Ya ha sido una semana de esto, Y ahí estás tú, Francis, junto a tus amigos, sonriente, siendo el mismo de siempre.

Nadie sospecha absolutamente nada, veo como otros chicos se besan o se abrazan como uno abraza a alguien que no ve hace mucho tiempo.

Y aquí estoy yo... Erguida, sin miedo de mostrar mi rostro, no necesito que nadie de los presentes en el pasillo vea lo distinta que estoy este año, pero tampoco quiero estar en un lugar en el que no me mires, Francis.

Y mi deseo se cumple cuando me regalas una mirada y sonríes con naturalidad.

Ahí es cuando mi corazón se derrite, cuanto te extraño...

Pero dejé que pasara el tiempo, los días y las semanas, todo por miedo e inseguridad, y antes de que me diera cuenta ya había pasado un mes, estaba en mi habitación recostada en mi cama y no dejaba de pensar en él.

Necesitaba respirar un segundo.

Era tarde, salí a caminar sin rumbo pero terminé fuera de la tienda en la que trabajamos juntos.

No quiero estar donde no me mires...

Extrañé las complicidades, los chistes tontos, sus besos cargados de ganas, pero sobre todo esa sonrisa cuando va dedicada a mi.

No quiero estar donde no me mires, Francis.

Silencio.

-Me has llamado otra vez- Oi su voz tras de mí, volteo con lágrimas impidiendo que vea bien, sentí un calor en mi pecho lleno de felicidad.

-Te extraño tanto- sus brazos me envolvieron cálidamente y pude sentir su olor.

-Yo también te extraño- Besó mi frente, mis mejillas y mis labios.

-¿Como has sabido que estaba aquí?

-Tina, me has llamado tú, siempre estoy atento a cuando me llamas.

Y deje pasar su extraña explicación para seguir abrazándolo, sintiendo el calor que tanto extrañaba.

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