Era el 21 de abril de 1898. Nunca tomé en cuenta a los profesores, me parecían sujetos raros y con corbatas raras. También quiero comentarles como fue mi infancia. Pues ahora tengo 28 y soy un inspector muy reconocido en Italia.
¿Preparados? Bueno, aquí les va.
En la casa de mis padres nunca encontré refugio de las noticias del mundo como la guerra que se suscitaba en Cuba.
Yo estaba contento porque vivía en Italia, un país grande y con muchas cosas que hacer siendo joven.
Mi madre es una señora que cose y remienda la ropa de todos, además sus remiendos le dan un toque brillante, así como le decimos aquí.
Nunca dormía hasta tarde porque mi padre siempre llegaba de mal humor por las noches y tenía miedo. Su nombre es Will Génova un policía con mucho vello en los brazos y una gran espalda. Aunque me da miedo hablar sobre eso. Lo dejaré para después.
Recordando cuán difícil es ser un niño en esta época, busqué un escondite dentro de mi cuarto. Forjado por toda variedad de objetos que no permitiese la entrada de sonidos en mi cuarto, pues los ruidos de mis padres eran como balas que retumbaban en mis oídos.
Mis manos sufrían cada noche pensando en cómo acabar con ese sufrimiento.
Por las mañanas se levantaban todos directo a la cocina y adoraba cuando mamá preparaba tocino y tortas de harina, a mi padre le surgían las ganas de un trago de miel todas las mañanas, pues mi abuelo y su abuelo lo hacían. Ahora que ya tengo tu atención quisiera contarte como acabé con el sufrimiento de todas las noches. Un día viernes por la mañana mi madre se levantó con un parche en el ojo; me admire ante tal acto al que ya había llegado mi padre y algo dentro de mi pecho ardía, calcinaba o como se diga, pero decidí que aquel dolor debía terminar ¡ya! Tome las tijeras de coser de mamá y fui al baño . Me escondí detrás de la puerta esperando el mastodonte peludo. Tragaba saliva como loco esperando su llegada inminente, habría que ser un joven con mucha mesura y valor para clavar el dardo en el tablero gigante y peludo. Y de repente llegó y me ericé de la emoción.
Un día para el recuerdo, un puñal en la espalada y una sonrisa de libertad de mi madre que mas se podía pedir, pues mi madre apareció detrás de él y lo distrajo susurrándole con una voz que tranquiliza a cualquiera : ¡Will, te aborrezco! y se dio la vuelta y cometí el acto.
Eso fue lo que pasó, pero no saben lo mejor de aquello. Mi madre me tomó de la mano y salimos volando de Italia y nos ajustamos en el tren 38 con dirección a tierras desconocidas, tomamos un café juntos dentro del tren y veía a mi ma con otro semblante, mas rosadas sus mejillas con un pelo recojido que hace que cualquiera se la mire un rato.
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El Inhóspito abrigo de la Sra. Mack.
Mystery / Thriller¿Cómo salir a salvo de un asesinato?
