AMELIA
La primera vez que pensé en escribir mi historia me hizo gracia. Y es que cuando alguien se plantea por primera vez escribir su historia, suele reír. La segunda vez, aunque reí igual, lo pensé todo con algo más de seriedad. Pero la tercera vez fue clave: si llegas a pensar en escribir tu historia por tercera vez es que tienes algo que contar.El problema de mi historia es que eran veinticinco años de mentiras y siete de tortura, algo que en unas pocas páginas es bastante complicado, sobre todo cuando no sabes muy bien por donde empezar...
Quizás debería empezar por esa sensación tan agotadora de nunca sentirme en el lugar y momento correcto que me atormentaba a todas horas, esa a la que había acabado por entender cómo normal y que me acompañara allá a donde fuera. No desapareció hasta que me vi tirada en medio del Desierto Blanco con la Luna Llena como testigo en el siglo XXVII a.C. Había tenido que estar fingiendo una felicidad a la que no le encontraba ninguna justificación pero que todos los que me rodeaban entendían como lógica. Yo era una mujer más afortunada o por lo menos eso decía mi círculo de amigos; mis padre; mis hermanos y hasta mi novio. Al fin y al cabo, ¡lo tenía todo! así que intenté por todos los medios hacer que esa felicidad fuera real.
Era la jefa de pediatría del Hospital Ronald Reagan UCLA; tenía un novio guapo, con dinero y atractivo; un piso de ensueño; un coche precioso y un padre millonario que me daba todo lo que pedía incluso antes de pedirlo. ¡Vamos, Amelia, disfruta!, me decía a mí misma cuando sentía un nudo en el estómago, se me secaba la boca y arrugaba la frente. Pasaba demasiado a menudo, mientras hablaba con alguna amiga por teléfono, al ir al trabajo y hasta haciendo la compra. Me quedaba siempre con cosas en la mano y aquella pregunta me rebotaba de una manera dolorosa. Era una especie de intuición que me hacía pensar que no estaba viviendo mi vida sino la que otros querían que viviera.
Si tuviera que ponerle un principio a toda esta historia de locura supongo que me iría a la sala de espera del director del hospital donde trabajaba. Ese día en el que por fin Eric se dejaba de seguir viajando buscando más y más antigüedades y se volvía con todo a Los Ángeles, a mi casa. Llevaba un vestido azul de puntos blancos y el pelo recogido en una trenza con unas manoletinas de color marrón y prometo que jamás pensé sentir tantas emociones juntas en un solo día. Había dormido poco, me tenía ansiosa la idea de que Eric Milton estuviera en mi vida el resto de mis días, sin más viajes ni distancias. Noemí, la secretaria del señor Pascual, el director del hospital, me indicó que estaba ocupado con una reunión vía Skype pero que tardaría poco. Me creí una reunión a las ocho de la mañana: mi jefe era la persona más trabajadora que había tenido el placer de conocer.
Como era habitual, Noemí me sirvió una taza de té con leche al más puro estilo británico para que me sintiera cómoda. Ella era una de las pocas mujeres que por allí me caían bien. Con ella no me sentía cuestionada ni analizada. Sus hijos pequeños iban a mi consulta y, en varias ocasiones, me ayudó con cuestiones de trabajo. Fuimos cogiendo confianza durante todo el tiempo que había trabajado allí. Mis visitas a aquel despacho eran tan cotidianas que hubiera sido raro que no fuera así.
—Noemí, ¿te dijo si tardaría mucho?—Le pregunté media recostada ya en la silla y con unas ganas horrorosas de terminar con este trámite.
— No, doctora Crownell.—Me respondió con esa sonrisa de complacencia—. Pero vete preparando una buena defensa.
— Llamaré a mi abogado.– Le di un matiz de gracia a la situación apoyando los codos en mis piernas cruzadas y provocado su risa — Y, ¿qué tal andan los pequeños Ronald y Loren?
— ¡Ohm!— Articuló encantada con sus pequeños hijos—.Están enormes, tengo que traerlos a que los revises. Menos mal que encontré una médica con los que se entiendan y no lloren nada más ver una aguja —, me halagó colocándose sus gafas de pasta.
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Los Secretos del Desierto Blanco
RomanceAmelia Crownell parece tener una vida de ensueño junto a su novio Eric Milton, o eso parecía hasta que cruzaron una puerta espacio-tiempo que les llevó al Antiguo Egipto, donde ella había nacido. ¿Cómo llegó al año 2018 siendo la séptima hija del Fa...
