–Ago, son las doce. – susurró con voz ronca de haber dormido demasiadas horas.
Para ellos era ya una rutina el acabar cada Sábado noche en un pub diferente de Barcelona, y llegar hasta las entrañas de alcohol. Siempre era lo mismo, llegaban y pedían lo de siempre, bailaban, y acababan en casa haciéndolo.
Se levantaron y se dieron un beso de buenos días, y desayunaron. Agoney tomó una tostada de aguacate y zumo de naranja, mientras que Ricky prefería un café. Estuvieron todo el desayuno hablando de lo poco que recordaban sobre la fiesta de ayer, alcohol y música era de lo poco que recordaban.
–A veces pienso que deberíamos salir un poco menos de fiesta, me deja con la mente horrible.
– Ago, está bien que salgamos de vez en cuando, siempre estás ocupado y cuando salimos al menos te da aire.– aclaró el mallorquín, consiguiendo sacarle una sonrisa.
Agoney trabajaba en un bar de camarero, y eso le quitaba mucho tiempo libre, y lo poco que tenía, era para irse de fiesta con Ricky quisiera o no.
El mallorquín, cantaba por los hoteles y bares de la zona, y daba algún que otro show en las plazas más grandes de la cuidad, y a la vez estudiaba publicidad y marketing en la universidad.
Se hizo tarde, y decidieron en irse a comer a la playa, y pasar ahí la tarde.
Agoney cogió su bañador de Mickey Mouse, mientras que Ricky eligió su apretado bañador negro de siempre.
Los domingos eran el día favorito del canario, descansaba y se relajaba, se olvidaba de todo, de la fiesta, del trabajo y del día a día. Aunque algunos días, la resaca podía con él.
Estuvieron dando un paseo toda la tarde por un mercadillo de verano que habían puesto en el paseo de la playa, y haciéndose fotos por cualquier lado que les pareciese bonito.
–Cada día me gusta dar más paseos contigo, Ricky.– susurró, pasando lentamente su mano por su mejilla.
–Y a mi contigo, Ago. – le dio un ligero beso, que acabó en uno profundo.
Decidieron irse a cenar a un bar que le habían recomendado al canario, decían que el cocinero era canario y que hacía platos típicos de allí.
Realmente, lo que le habían dicho era cierto, el cocinero era de su tierra, pero no había un plato de allí en el menú.
–Hola, que desean? – una chica rubia y bajita les atendió.
–Tráenos una botella de vino, el mejor que tengas, lo demás lo pediremos luego. – dijo el mallorquín, sin saber si Agoney quería o no vino.
– Por que pediste vino Ricky? Sabes que los domingos no bebemos.
– Por variar un poco, ademas, un vino nunca hace mal en una cena romántica.– sonrió pícaro, haciéndo soltar a Agoney una carcajada leve.
Agoney acabó bebiendo vino, y mientras cenaban se contaban cosas que habían oído por ahí o que les parecían interesantes, hasta que Ricky se fue al baño.
El canario estuvo esperándole un buen rato, y veía que no volvía, se llegó a terminar la cena sin él. Al rato, le llegó un mensaje a Ricky, de Kibo.
Era un amigo cercano de ambos, a veces iban con él a tomar unas cervezas y se invitaban a sus casas para jugar al FIFA y otras cosas.
Le cogió el móvil para responderle, se sabía la contraseña por que hace poco le vio ponerla, y el hizo lo mismo "1414".
– Me encantó verte anoche. –
Agoney no entendía el mensaje, ellos no habían quedado desde hace un mes, supuestamente Kibo estaba en Granada con sus abuelos, pasando el mes.
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how to be a heartbreaker | ragoney
Romance"Todos los caminos llevan a la felicidad", pero Agoney no creía eso. Para Agoney, todos los caminos llevaban a su sonrisa.
