Luciérnagas de colores.

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A veces es simplemente insólita la rapidez en la que pasan las cosas, el tiempo, o la vida. En un momento puede ser un hermoso verano soleado y apenas un pequeño parpadeo cambia a un frío invierno.

Todo cambia, los animales, las épocas, los días... Las personas.

—Papá México.— sintió unos pequeños jalones en su ropa, muy leves pero lo suficientemente fuertes para sacar al Mexicano de esos pensamientos que le cohibian, salió de aquel palacio mental, observó su realidad en aquella habitación, con su pequeño, ambos sentados en soledad a pesar de su compañía mutua, suspiró y escuchó los llamados de su pequeño .— ¿Estás bien?, ¿Quieres sostener a Paco?.— El pequeño niño alzó su pequeño peluche de un adorable canino, bien conocida la raza como un Chihuahua.

—Esta todo bien chamaco, mejor cuídalo tú, yo estoy bien Bartolo para cuidar las cosas.— le sonrió de manera cálida y segura, el pequeño simplemente asintió tomando fuertemente su peluche con uno de sus pequeños brazos, mientras con su otra pequeña mano libre se aferraba al Mexicano, su querido papi.

—Papi— llamó la atención del mayor que observaba la ventana con luciérnagas rojas y unas azules.— Papito Rusia, ¿Dónde está?— soltó el pequeño mientras se aferraba a su peluche, hace ya un tiempo que no veía a su papá de enorme porte con aquella gran ushanka, que esperaba algún día heredar.

El Mexicano observó a su pequeño con ternura, nostalgia y con una gran pizca de arrepentimiento. Tomó una bocanada de aire y sonrió tranquilo, o eso trataba de hacer creer al pequeño, apretó sus nudillos, intentaba evitar aquel temblor de su voz y labios, tomó unos segundos de silencio, siendo sólo interrumpidos por los sonidos por defecto de los pasos alrededor.

—Papito Rusia…— tomó aire— Ahora mismo está lejos de nosotros, aunque estamos cerca de él— sonrió a lo que el pequeño asintió algo inconforme moviendo sus pequeños piecitos colgantes en aquella cama— Pero tal vez te llevaré con él, en algún momento.

—¡Sí!, ¡E iremos por un helado!, y,  ¡luego al parque!, Tal vez al ¡Zoológico!, Y veremos ¡Muchos!, ¡Muchos osos!.— sonrió emocionado mientras alzaba su mirada llena emoción, el mexicano, simplemente sonrió llevando su mirada nuevamente hacía la ventana, tomó un pequeño vaso pulquero y sirvió tequila en él tomándolo de  golpe, sintiendo como aquel líquido caliente y ardiente escurria en su garganta, parpadeo un par de veces, y observó aquellas peculiares luciérnagas.

                                 

‘’Мексика, I love you"

Papi México...Where stories live. Discover now