๑Lettre๑

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El muchacho de azabache cabello se recostó en la mullida cama, era bastante incómoda, pero era lo de menos, estaba a semanas a escapar de todo ese martirio que era la guerra.
Sus compañeros al igual que él se mantenían más relajados, pensando.
Un chico se sentó a sus pies, haciendo rechinar la cama, llamando su atención.

_Alistear, ¿Felíz?

_Claro que sí, estamos a poco de regresar a nuestros hogares

_¡Claro!, Pero de igual forma, hay que cuidarnos, uno nunca sabe lo que pasará.

El azabache ladeó la cabeza, con una mueca de desagradó, le frustraba un poco el pensar en que algo podía pasarle, estando tan cerca de regresar y ver a su familia y amigos, negó, desechando los pensamientos negativos.

_Oh vamos, Terrence, no pienses así todos saldremos de está.

El muchacho de celetes ojos se encogió de hombros, sonriente.

_Lo siento.

_Idiota.

Terrence se levantó sin contestar a eso, despeinando al contrario, que rio por lo bajó.

|•••|

El soldado no podía conciliar el sueño, estaba, ¿Preocupado?, realmente le revolvía el estómago el pensar en su propia muerte, estaba afuera, admirando los astros, la oscura capa de estrellas que le envolvía en su solitaria estadía, recordando momentos, en su mano una hoja y un lápiz ya casi desgastado.

_Pequeña pecosa... ¿Me pregunto cómo estás?, ¿cómo están todos?

Sonrió recordando a la infantil rubia, tal vez debería de haber echo casó y no haberse echo el héroe, no venir creyendo que sería cómo cualquier juego de armas, un juego, se sentía enojado consigo mismo.
¿Pero que más da?, El ya había sobrevivido lo suficiente, estos últimos días sería igual.
Admiró todo el campo, hierba, flores, árboles, una suave brisa de madrugada le hacía estremecer, todo era tan callado y pacífico, le hacía dudar si realmente estaba en guerra, le hacía olvidar que sus manos estaban manchadas de sangre, le hacía olvidar que estaba mal consigo mismo, se sentía como en casa, cuando de noche salía con su hermano a admirar lo que la naturaleza les regalaba.

Bajo la mirada viendo la hoja y lápiz que traía consigo, su mirada se volvió triste, quería escribir una carta a su pequeña pecosa, decirle que estaba de maravilla y que le tenía buenas noticias, pero estaba en duda consigo mismo, ¿Y si no regresa?, No quería imaginar lo tristes que estarían todos, que les dió falsas ilusiones, ¿Porque pensaba eso?, Por Dios.

_Eres un grandísimo idiota, Stear.

Una vez más desecho aquellos pensamientos y se dispuso a escribir la carta que tenía en mente.

|•••|

_¿Candy?, ¿Que haces?

Su "padre", se acercó a ella, la cual estaba al pendiente de algo, tal vez.
La rubia giró sobre sus talones riendo cual pequeña, era toda una mujercita, una muy hermosa, sin embargo ella no cambiaba, era igual que cuando pequeña, revoltosa, infantil, risueña, inocente.

_Nada, Albert, solo estoy aquí.

_¿De verdad?, Casi todos los días te veo aquí.

_¡¿Pero que dices?!, ¿Me espías?, Ya no puedo confiar ni en mi padre.

La chica tan dramática cómo siempre en esos casos, chillo, Albert por parte suya esbozó una sonrisa, le divertía el cómo Candy era.

_Bueno, es que está actitud me recuerda a cuando esperabas al cartero por si te traía una carta de Annie, ¿Acaso esperas una carta?.

Sabía de quién, más quería ver la reacción de la pecosa, la cual se puso nerviosa, jugo con sus dedos y sonrió mostrando los dientes, ladeó la cabeza y habló.

_¿Y de quién espero carta?.

Preguntó en tono "inocente", a lo que el rubio le dió una mala mirada.

_Vale, vale... Hace mucho que Stear no nos escribe.

Su tono de voz fue bajo y triste, era verdad, hace mucho que esperaban una señal de vida, lo que le preocupaba, pero si fuera aquello, un telegrama les habría llegado sobre el fallecimiento de el azabache.

_Candy, él está bien, tenlo por seguro, sabes que Stear no se rinde por nada.

_Pero Albert, esta en la guerra, no en un campamento en el bosque.

_Bueno, pero tampoco es para que lo mates.

La chica iba hablar cuando el cartero llamó su atención.

_Cartas~

Canturreo alegré, Candy las tomó todas agradeciendo y buscó, pero su mirada fue de decepción, tan solo eran cuentas o algunas otras cosas, pero ninguna de su amigo.

_Candy, ya llegará alguna d-

Fue interrumpido.

_Oh, Que torpe soy, igual está otra carta, para tí Candy.

La pecosa Sonrió nuevamente, la agarró, soltó un chillido y corrió dentro de la mansión llamando a Archie, Patty y a Annie, y claro, la carta era de Stear.

❥╏Little┊Candy CandyStories to obsess over. Discover now