Viernes.
El mejor día de la semana para Raoul.
Nunca se perdía una salida con sus amigos los viernes, era tradición para ellos ir al parque y acabar cenando en el mismo lugar.
Era su último viernes antes de comenzar las clases. Empezaba segundo de bachillerato.
Su madre estaba a punto de llegar a casa, a ella se le habían acabado antes las vacaciones, por lo que se dirigió a la cocina y empezó a poner la mesa.
Cuando escuchó el portalón de fuera abrirse salió disparado hacia la puerta.
-Hola mamá- se lanzó a sus brazos como si de un niño pequeño se tratara, adoraba a esa mujer.
-Hola cielo- besó su mejilla.
Susana dejó el bolso en la entrada y se dirigió con su hijo a la cocina.
Raoul sacó la comida que había preparado del horno mientras Susana sacaba el agua de la nevera, repartió la comida en ambos platos y se sentó en la mesa, frente a su madre, la cual ya había empezado a comer.
-Está muy rico hijo- sonrió.
-Mamá, que se me ha pasao', no mientas- y soltó una carcajada a la que segundos después acompañó su madre. Le encantaba como sonaban sus risas juntas. Era lo más bonito que tenía en la vida.
Era hijo único, su padre murió en un accidente de coche cuando él apenas tenía cuatro años. Ya no lograba recordarlo como le gustaría. Le daba rabia, porque sabe que fue alguien con muy buenos valores que le hubiera gustado aprender, porque a pesar de casi no poder recordar su cara lo quiere como a nadie, porque le gustaría poder recordar con más claridad sus risas juntas en una guerra de cosquillas.
Su madre no volvió a enamorarse en los trece años que habían pasado, o al menos, no que él sepa. Siempre se había desvivido por él. Solo tenían un único sueldo en casa, y no quería que a Raoul le faltara de nada, por lo que no había tiempo para el amor en su vida. Tenía sus prioridades muy bien ordenadas, y la primera siempre será su hijo.
-Raoul, ¿te acuerdas del hermano de Glenda? Seguro que alguna vez que ha hablado de él.
-Sí, claro que me acuerdo ¿por qué?
-Porque hoy he estado hablando con ella y me contó que mañana llega al barrio, es de tu edad y se va a incorporar a tu mismo instituto, por lo que me gustaría que le ayudaras en todo lo posible. No tiene que ser fácil dejarlo todo atrás para seguir tus sueños. Debe de ser un chico muy valiente.
-Claro, sin problema.
-Cuídalo- dijo guiñándole un ojo.
-Sí, señor.
****
Ya era lunes.
Todavía no había visto al hermano de Glenda, ni siquiera sabía cómo se llamaba.
Pero en un rato lo sabrá, pues el viernes estuvo hablando con Glenda y quedaron en que él iría a buscarlo para ir juntos al instituto, vivían al lado.
Había salido de casa con el tiempo justo para recorger al chico e irse. Por lo que se plantó delante de la puerta de su vecina y sin pensárselo dos veces, ni siquiera retocarse el tupé, llamó al timbre.
Al segundo le abrió una sonriente Glenda.
-Hola- dijo la chica abrazandolo. Habían congeniado muy bien desde la primera vez que se vieron, cuando por insistencia de su madre se fueron a presentar el día que la canaria llegó a Montgat. Él tendría unos quince años. Y la verdad es que la chica siempre se ha portado de maravilla con él, incluso le había ayudado con algún examen. Como era de esperar se hicieron muy buenos amigos- ¡Agoney baja, ya está aquí!- chilló para que la escuchara- y tú qué, que no te veo desde el viernes muchacho, ¿dónde te has metido?
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Se Merece El Universo
FanfictionQuieren descubrir el universo, explorar cada estrella, planeta y galaxia que se les ponga delante cuando están felices. Porque los ojos son como el universo. Y ellos se lo merecen entero.
