Sumire

27 2 0
                                        

Levantó la mirada del suelo al techo, de nuevo se había despertado antes de que amaneciera. Reprimiendo un estremecimiento, se incorporó, se vistió con sus pobres prendas y salió sin hacer ningún ruido o podría ser castigada por ello. Bajó a la taberna y a la cocina, encendió el fuego para el desayuno y se puso a limpiar el recinto.

Antes de que Jin-Mo se levantara, debía tener todo preparado para los clientes que pasaban allí la noche, así como para los que acudieran a desayunar. Y a verla. La sola idea la causaba náuseas, pero no podía hacer nada por remediarlo; aunque no sería porque no lo hubiera intentado, pero desde luego la suerte no estaba de su lado.

Tenía ya la comida calentada, recién preparada cuando sintió una mano acariciando su cabeza y su espalda; no se estremeció aunque bien sabía el cielo que lo habría hecho si no implicara ser reprendida. Jin-Mo se inclinó sobre su oído, oliendo la comida y golpeándola con su repulsivo aliento.

— Muy bien, Sumire-chan Así me gusta Obediente y fiel.

La dragona morada.Where stories live. Discover now