Fuego y ceniza

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Año 1911. En un pequeño pueblo ubicado en el este de Alemania, vivía una familia judía conformada por un padre, una madre y un bebé varón recién nacido. El padre trabajaba en una mina de carbón desde hacía ya unos 10 años y de vez en cuando llevaba un poco a casa para usarlo en la chimenea. La madre era una simple ama de casa, la cuál se dedicaba a limpiar, cocinar y cuidar al bebé. Ellos vivían en una zona a las afueras del pueblo, rodeados de mucha vegetación, árboles y algunos animales. La casa no era muy alta, con un techo de paja y hecha en gran parte con madera. Tenían un salón, un baño y dos habitaciones, una donde dormían los padres y la otra el niño, el cuál al ser aún solo un bebé, dormía en una cuna en la habitación sus padres. Su residencia no era de mucho más de diez metros cuadrados, era una casa bastante pequeña.  

Cuando nació el bebé, su padre lo quiso llamar como su abuelo, para así hacerle homenaje, ya que había muerto hacía poco por una enfermedad. Por esa razón, llamaron al niño Benjamin. Benjamin era un bebé bastante tranquilo; casi no lloraba y comía lo que su madre le daba. Al crecer y ya ser un niño, nada de eso había cambiado, seguía siendo muy tranquilo y eso le gustaba a su madre. 

Año 1919. Benjamin acababa de cumplir 8 años, y su padre le compró un reloj de bolsillo con unos ahorros que tenía guardados. El reloj no parecía muy caro ni tenía mucha decoración, simplemente era un reloj de bolsillo normal y corriente, pero a Benjamin le encantó y lo tomó de la mano de su padre con mucha emoción. Una vez cogió el reloj, su padre se acercó a él y le dio también un collar con la estrella de David, un símbolo de la religión judía. Benjamin cogió el reloj y el collar y se fue a correr por los alrededores de la casa.

Su madre le llamó y le pidió a Benjamin que fuera al pueblo y comprara algunas cosas para la cena en el mercado que había en el pueblo. Benjamin cogió las monedas que le dio su madre y fue hacia el pueblo. Una vez en el mercado, el cielo se empezó a nublar y parecía que iba a empezar a llover, pero igualmente, él compró lo que le habían encargado y emprendió su camino de vuelta a casa. 

Poco después de salir del pueblo, empezó a llover, y Benjamin empezó a caminar más rápido, pero no fue hasta que escuchó rayos y truenos, cuando empezó a correr para llegar a su casa lo antes posible. A mitad camino, se resbaló y cayó al suelo, no se había hecho mucho daño, así que se levantó, revisó si le falta algo y se notó que no tenía el reloj. Empezó a buscar y buscar entre el lodo y los arbustos mientras que la lluvia se hacía cada vez más fuerte. Al final lo encontró entre unos arbustos que estaban cerca suyo. Cogió el reloj, se lo guardó bien y continuó su vuelta a casa. Ya no estaba muy lejos, podía ver su casa a lo lejos. En ese momento, Benjamin vio caer un rayo en el techo de su casa y empezaron a salir llamas que se expandían como la espuma. El techo al ser de paja, ardió y se expandió rápidamente. Benjamin empezó a correr hacia su casa para intentar salvar a sus padres. Cuando llegó, intentó acercarse, pero el fuego no le dejaba y la puerta estaba bloqueada por tablas de madera en llamas. Intentó correr al pueblo para pedir ayuda, pero se tropezó y se hizo daño en un pie. La caída también rompió el reloj de bolsillo que le había dado su padre esa misma mañana. El reloj se detuvo a las 19:34. Benjamin no pudo hacer nada, solo quedarse en el suelo y llorar mientras aún podía escuchar los gritos de dolor de sus padres mientras eran quemados vivos.

Una vez llegaron los bomberos, ya era demasiado tarde. La casa estaba totalmente en llamas y ya no había indicios de que sus padres siguieran vivos. Cuando lograron apagar el fuego, encontraron los restos carbonizados de los padres de Benjamin. Ya no eran más que huesos y ceniza.

AuschwitzWhere stories live. Discover now