통증

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El sonido de la lluvia lo despertó. Incómodo, el rubio aún con los ojos cerrados comenzó a mover sus brazos en busca de encontrar el cuerpo de su esposo y solo así poder abrazarlo e ignorar la lluvia.

Al no encontrar a su esposo abrió los ojos y se sentó en la orilla de la cama. El reloj marcaba las cuatro de la mañana y su esposo no había llegado, en otras circunstancias se habría preocupado, estaría realizando cientos de llamadas y dejándole mensajes; en otra época se habría preocupado ante el hecho de fuera de madrugada y su esposo no estuviera a su lado.

Pero Yoongi se había rendido hace mucho tiempo. Ya no esperaba a Seokjin porque sabía que nunca llegaba temprano, no lo llamaba durante el día porque sabía que no le contestaría, no lo visitaba en su trabajo porque lo molestaba, incluso ya no intentaba seducirlo, aquél tiempo donde hacían el amor cada noche se había acabado y Yoongi lo había aceptado. Llevaba meses aceptando el hecho de su esposo había dejado de amarlo.

No logró conciliar el sueño el resto de la noche. Siempre había odiado la lluvia y años atrás Seokjin era quien lograba hacerlo dormir durante las noches lluviosas, pero él ya no estaba a su lado. Esperó pacientemente a que Hyeon se despertara y corriera a su habitación como cada mañana. La pequeña despertó a las siete de la mañana y como costumbre, corrió hasta la habitación de sus padres.

— Papi. ¿Dónde está Papá Jin? — La pequeña rubia estaba entre los brazos de su padre recibiendo todo el cariño que deseaba, pero llevaba cuatro días sin ver a su otro padre y comenzaba a extrañarlo.

— Está trabajando, amor. — Él había aprendido a vivir sin su esposo, pero Hyeon tan solo tenía seis años y necesitaba a sus padres con ella. Yoongi se odiaba a sí mismo por ser el culpable de que la pequeña no tuviera a Seokjin a su lado.

Claramente era su culpa, se había vuelto aburrido, quizás había dejado de ser tan guapo, era él quien no era suficiente, Jin no tenía la culpa de nada, el culpable era Yoongi por haber cambiado. Al menos eso era lo que se repetía cada mañana que despertaba solo.

Luego de dejar a Hyeon en la escuela el rubio volvió a la soledad de su hogar. Hace años había sido feliz de tener una casa grande a las afueras de Londres, con el paso del tiempo comenzó a odiar el tamaño de la casa, era muy grande para él y su hija.

El silencio lo volvía loco, un ambiente tranquilo debía ser de gran ayuda para la escritura de su nuevo libro, podía hacerlo, en el pasado fue así, pero tenía suficientes pensamientos en su cabeza todo el día y le era imposible concentrarse.

Cuando llegó Seokjin, el menor estaba en el estudio intentando concentrarse en el nuevo capítulo. Cada palabra que escribía le recordaba al pésimo escritor en que se había convertido. Tenía la música clásica sonando en un volumen demasiado alto, por eso no escuchó la puerta cerrarse ni los pasos de su marido acercándose a él.

— Yonnie, amor. ¿Qué escribes?

Esa naturalidad en Seokjin era molesta. Actuaba y hablaba como si su ausencia no fuera real, era capaz de acercarse a Yoongi ignorando las lágrimas que el menor lloraba cada noche que él no volvía a casa, y lo que más le molestaba: Llegaba con normalidad a casa como si no llevara días sin ver a su hija.

— Yoongi. ¿Me estás ignorando?

— Supongo. — El rubio detuvo la música y sin mirar al mayor, se levantó de su silla y caminó hasta su habitación, quería dormir para evitar una discusión.

— Kim Yoongi. ¿Qué está sucediendo aquí? — Seokjin siguió a su esposo, estaba agotado, el trabajo lo consumía pero lo hacía por su familia. ¿Cómo Yoongi podía ser tan desagradecido? Todo lo hacía por ellos.

inevitable ; jinsuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora