Me había quedado de pie junto a su tumba, teniendo la edad de 12 años no me imaginaba vivir sin una madre a mi lado. Me sentía guapo, mi formal traje negro, saco y corbata, mis muy bien lustrados zapatos de vestir, mi cabello bien peinado y mis apariencia fresca, realmente me sentía bien físicamente y podría decir que mental también.
Mis ojos no apartaban la vista de mi hermano, quien desconsolado derramaba innumerables lágrimas sobre la superficie de tierra que lo separaba del cuerpo difunto de mi madre. Sus gemidos de dolor (un dolor emocional que solo un hijo puede sentir al tener un padre o una madre muerta) eran muy fuertes, forcejeaba contra mi padre, quien en ese momento intentaba levantarlo del suelo, pero no obtuvo resultado alguno.
Más que seguro estaba, que por el comportamiento de mi hermano, se podía notar el sufrimiento que le afectaba y llorar era lo único que hacía. En su lugar, su vestimenta era completamente distinta, llevaba pantalones cortos, una camisa manga larga blanca y un pequeño chaleco por encima, sus zapatos no eran tan diferentes a los míos, a excepción de los lazos. Sus medias altas daban un punto final a lo perfecta colección, simplemente muy hermoso.
Sus labios estaban brotados, tenía el rostro carmín y sus ojos estaban inchados, sus mejillas se encontraban húmedas y con cada lágrima que caía por estas se unía a su paisaje nostálgico. Estaba completamente destrozado.
Esa tarde derramé lágrimas como todos los demás, pero en estas había algo distinto a las otras: La razón. Me aterraba la idea de vivir sin mamá, pero en el momento que pensé sobre su irresponsabilidad y cobardía, me enfadé tanto que ninguna de mis cristalinas gotas fueron a causa de su muerte. Lo que me destruyó por completo ese día, fue el ver llorar a mi menor desconsolado, desear remediar algo irremediable y dedicar su llanto a algo tan absurdo, la mujer que en algún momento llamé madre.
Mamá siempre había sido una mujer de buenos valores, trabajadora y alegre, positiva y cariñosa, su reputación era un papel escrito con tinta impecablemente limpio, pero lo despreocupada e irresponsable no concuerdaban con ella. No hablo de irresponsabilidad en el sentido de puntualidad ni perfeccionista, porque claramente para ella, todo (trabajos escolares, proyectos laborales, ferias de invento, tareas, citas médicas, pruebas, etc.) debía ser entregado en la fecha exacta, ni un día más ni un día menos, con el mejor aspecto y el mayor esfuerzo. Sin embargo, con el tema de la libertad y la diversión, era totalmente irresponsable y descuidada.
Para una mejor explicación, su muerte había sido por la dada de alta de un semáforo en rojo. Era una completa estupidez, lo más lógico que me puedo imaginar cómo un hecho el cual interrumpió su atención, fue la discusión de libertad de expresión por una llamada telefónica, el uso del celular (lo cual en ella era totalmente inevitable), la distracción al escuchar música, o simplemente la ignorancia y rebeldía.
Nos había dejado, simplemente por no ser más cuidadosa, la odiaba, en ese momento sentí el mayor odio hacia ella, y aunque me asustara vivir sin su presencia, no me sentía triste ni culpable ni débil mucho menos destrozado, estaba molesto, realmente molesto. No derramé lágrimas en su nombre ni se oprimió mi pecho por su ida, tampoco la extrañaba, no llegué a extrañarla almenos hasta que el infierno en casa diera inicio.
Después del comienzo de nuestra nueva, asquerosa, horrible y miserable vida, mi tristeza se apoderó de mi cuerpo y sin tan siquiera darme cuenta, su presencia me hacía tanta falta, lo único que quería era estar en sus brazos, sentir su calor y su cálido aroma maternal, deseaba poder escucharla decirme que estaba bien y que todo había sido un mal sueño, pero no fue así. Se había ido y nosotros resultamos afectados.
La culpaba de todo nuestro sufrimiento, de la sangre derramada por mi hermano y sus gritos de dolor, de su ropa hecha pedazos y su cuerpo irrespetado, de sus nervios y el miedo que de el se había apoderado, de sus pasos temblorosos y su caída sentimental, de su baja autoestima y su dolor emocional. Para mí, ella tenía la culpa de todo, pero hasta el día en el que pude poner un punto final, supe que no era así.
Lloraba cada noche junto a mi hermano, me golpeaba voluntariamente y según yo "me castigaba" por ser un cobarde, desobedecía a mi padre y llegué a odiarlo, lo odié aún más que a mi madre el día de su muerte, e hice cosas que me parecieron correctas y que al día de hoy, las sigo considerando correctas.
No me arrepiento de nada.
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Bajo la Luna [YoonMin/JimSu]
Fanfiction[🌸]"Somos sus objetos sexuales, esos quienes involuntariamente satisfacen su placer para olvidar su dolor" Contenido: Homosexual - YoonMin/JimSu Contenido: +18 - Incesto - Violencia Contenido: Original [🍃]Nota: ¡No apto para personas sensibles a...
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