Al despertar y abrir los ojos Alfred veía lo que por los últimos ocho años había sido testigo; el blanco rodeando sus alrededores. Se levantó estirando los brazos y bostezando.
Contempló de nuevo la habitación donde dormía comprobando que no había ningún color que no fuera el blanco. Por más de ocho años había despertado en esa misma habitación con la escasez de cualquier color llamativo y aún no se había acostumbrado, diario despertaba con la incertidumbre de estar rodeado solo del color blanco.
Aquí en la casa Blanca como a él le gustaba llamarla, no importa que día fuera, un domingo o un martes, era la misma rutina, desayuno, exámenes de salud, repaso en materias de escuela, comida y prácticas de sus increíbles poderes. Lo único que se respetaba era el día y la noche, en el día caminaba por los deprimentes pasillos y en la noche dormía. Era una jaula de blanco que llevaba manteniéndolo cautivo por ocho años.
Se quitó la suave bata blanca con la que lo obligaban a dormir y busco la única ropa que le ofrecían, una camisa blanca con pantalones de tela blancos y zapatos blancos, con una pequeña sonrisa comprendió que odiaba ese color, cuando saliera de este lugar jamás volvería a usar blanco.
Camino para llegar a lo que en definitiva tenía que ser el comedor, el cuál no desentonaba con la habitación y se extendía con sus apenas aproximadamente seis metros de largo con el blanco pintando hasta su último rincón. Le sorprendió el ingenio de las personas y trato de imaginar la orden específica que tuvieron que recibir "Quiero todo de blanco sin ninguna excusa" y al parecer se habían ganado su sueldo, los utensilios que estaban sobre el mantel blanco de la mesa eran blancos, la pequeña nevera compartía el mismo color y hasta el pequeño florero en el centro de la mesa tenía tres flores que eran claramente artificiales ya que tanto tallo como pétalos eran blancos.
Le sorprendió que no usarán colorantes para dejar la comida blanca, que era lo único que le daba vida a la habitación, dos vasos de zumo, dos platos con un puré rojizo y dos pieza de carne asada.
Por fin escucho la puerta al final del corredor abrirse y sabía quién era la responsable de eso, la única persona que lo había mantenido cuerdo los ocho últimos años.
Volvió la vista para encontrar el único color más vivo de todos, un azul claro y hermoso que podía comparar únicamente con un cielo soleado. Los ojos de Kelly eran tan bellos que no podía evitar mirarlos y contemplarlos anodadado.
-Odio esa carne seca, no tiene sabor y el puré sabe a tierra- Kelly se sentó y miró sin ánimo el desayuno.
-No es la mejor comida Kelly, pero es mejor que nada- Kelly pincho la carne y le dio pequeños mordiscos, luego probó el puré pero terminó dejando prácticamente todo el plato para anunciar que había acabado.
-No es bueno que dejes de comer Kelly-
-¿Sabes que es lo que pienso ahora?- Desde que despertó Kelly había estado muy inquieta, más de lo normal.
-No odio está comida, lo que odio es este lugar- No era buena idea tocar ese tema, estas paredes eran vigiladas las 24 horas del día y el decir aquello podría representar un mal comportamiento.
-Sera mejor que acabes con tus alimentos, no estás razonando muy bien hoy- Alfred intento que sus palabras fueran naturales, pero lo único que intentaba era darle una salida después de un pésimo comentario, ya que podía llegar a oídos de personas que no les convenía tener como enemigos.
-No me gusta este lugar, llevó ocho años sin ver el sol y vivo con el miedo de no salir jamás- Alfred ya no tenía duda de que habría consecuencias por esas palabras, pero decidió ignorarlas por el momento, lo importante ahora era Kelly, que parecía deprimida.
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Primer Heroe
ActionEllos no decidieron ser lo que son, el destino los marco con una dura realidad, les dio poderes que los hicieron especiales, únicos, que los convirtieron en héroes, aunque héroes anónimos. La agencia los enterró en las sombras, ante los ojos del m...
