Parte 1 "Bienvenidos a Bonfist" - Capitulo 1

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Capítulo 1: "Nuevos comienzos"

Ophelia Thompson tenía leves recuerdos de su infancia en dónde su padre solía sentarla sobre su regazo y contarle las locas aventuras que había tenido en su antiguo hogar al norte de Inglaterra, muy cerca de Escocia. Aventuras que parecían descabelladas pero fascinantes, para una niña pequeña, por supuesto. Lo que Ophelia se imaginaba era una casa enorme, impecable; porque así la describía él; muy iluminada y con aroma a limón.

La realidad que le devolvían sus ojos era todo lo contrario. Su nueva casa tenía mucho olor a humedad, pocas ventanas y mucho moho en las paredes. Las mismas estaban cubiertas por un empapelado espantoso de flores marrones sobre un fondo celeste. Aparentaba estar allí hacía décadas, por ende estaba un poco salido en las esquinas.

La casa de su padre, que había estado abandonada durante mucho tiempo, dedujo Ophelia, tenía el pasto seco y a pesar de ser Inglaterra, cuyo clima se caracterizaba por ser de lo más húmedo, parecía que no había tocado el agua en años.

Miró a su hermano menor, Colin, de doce años de edad. El niño le hizo una mueca de desagrado mientras se tapaba la nariz como si estuviera oliendo algo asqueroso. Ella se rió lo suficientemente fuerte para que su madre, quien todo el tiempo había estado junto a ella, se percatara.

-¿De qué te ríes?- le dijo ella a su hija. Estaba en frente de Ophelia, por tal motivo tuvo que dar la vuelta para poder mirarla.

-Nada.- contestó enseguida y Colin río por lo bajo. Le guiñó un ojo a su hermano cuando su madre volteó otra vez y las dos entraron a la casa, Ophelia seguida de su hermano menor.

Sabía que Colin no había tenido la misma oportunidad que ella de que su padre le cuente lo que había vivido en esa misma casa. Era parte de su infancia y siempre había querido visitar la casa de las locas aventuras de su padre. Pero ahora que estaba en ella no podía dejar de destacar imperfecciones. En parte debía ser porque Ophelia ya no era una niña y todo lo que recordaba con tanto entusiasmo ya no le parecía para nada excitante.

La entrada era bastante grande y en frente de ellos había una escalera que llevaba al piso de arriba donde estaban las habitaciones. A un costado se encontraba un salón que tenía un piano gigante de cola, lo cual a Ophelia le pareció un desperdicio porque era más que seguro que estaba desafinado y lleno de polvo. A pesar de que ella no sabía tocar el piano, podría aprender si por el pueblo había alguien que lo afine y le enseñe. El suelo era de madera y estaba hinchado por la humedad, es decir había leves curvas. Había una alfombra y la cortina que cubría la enorme ventana estaba gris debido al polvo. Ophelia ni siquiera se detuvo a observar la alfombra porque si era como la cortina, mejor no saberlo. Le sorprendió no ver ninguna rata o cucaracha.

A su izquierda se encontraba la cocina que le hizo acordar a aquellas de los años cincuenta. Tenía una mesa en el medio color blanca con pedazos de pintura salida. Cortinas con muchas más flores lo que la hacía la cocina más empalagosa del mundo (y sucia) y una puerta que daba al jardín. Era inevitable no mirar aquella casa y no imaginarme a su papá haciendo de sus travesuras aquí. Corriendo por el pasillo, subiendo la escalera velozmente luego de la escuela, siendo quizá reprendido por su madre, es decir, la abuela de Ophelia, por correr dentro de la casa. Casi se le escapó una lágrima pero ella recordaba muy bien haberle prometido a Colin no volver a llorar y no sentir miedo por nada. El tenía sus motivos para pedirle ello, y Ophelia los suyos para aceptarlo.

Continuó observando la habitación y se detuvo a mirar por la pequeña ventana ubicada arriba del lavamanos. En el fondo había un pequeño cobertizo viejo, lleno de plantas que cubrían la puerta. Era de madera y parecía que estaba podrida debido a la humedad, quizá por la lluvia. Colin miró a su hermana con el entusiasmo típico de él.

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