No sé por donde comenzar, esto es algo raro viniendo de mí. No suelo contar este tipo de historias pero más sin embargo es algo que deseo sacar de mi cabeza debido a que me atormenta un poco.
Comenzaré diciendo que trabajo en una estación de servicio a las afueras del pueblo de “Montana” es un lugar lleno de flora y fauna, su gente es algo rara pero muy amable. Hace más de 1 año que trabajo aquí, en una estación de autoservicio que abre las 24 horas los 365 días del año y que está ubicado a 1 hora de mi pueblo, paso 8 horas soportando olores nauseabundos a carne podrida y desagüe de cañería que el dueño no se ha atrevido a reparar, los aromas son desagradables pero fuera de eso el lugar la verdad es bastante cómodo, el salario es muy bueno y las horas que paso detrás del mostrador son aburridas, pero ¿Sabes que es aún más aburrido? Soportar cada noche la visita de criaturas extrañas que irrumpen en el lugar, en especial la prescencia un puerconejo con grandes Dientes y orejas de puercoque da demasiado asco y miedo, sus berridos son tan fatales y agudos que ya han roto algunos vidrios de la tienda de autoservicio sin contar que también rompió el de la máquina expendedora.
-Ahí vamos otra vez - menciono dejando salir un pesado suspiro antes de tomar el teléfono de la tienda y llamar a la policía sabiendo que estaré expuesto a burlas y demás cosas. Todo es tan rutinario para mí, estoy acostumbrado a que este animal y otras bestias, productos de malos experimentos científicos entren a la tienda y hagan un desorden… Mientras pienso esto alguien toma la línea y me responde.. -Estación de policía de Montana ¿En qué podemos servirle?- lo primero que hago es tomar aire y proseguir a dar mi relato -H-hola buenas tardes, mi nombre es “Jack Miller”de la tienda de autoservicio, llamo para reportar nuevamente al puerconejo que entró a la tienda.- el encargado de turno libera un fuerte bostezo que se escuchó a lo largo de la bocina del teléfono -Ah, así que tú eres quien llama todos los días para jugarnos una broma eh muchacho- ante eso mi reacción fue de sorpresa y enojo a lo que respondí -¡NO! No les estoy jugando una broma, esto es real- decidí tranquilizarme para no hacerlo enojar y evitar que colgara -Puede contactarme con el sheriff Andrews por favor- ante eso mi paciencia se había agotado por los reclamos del tipo del otro lado de la línea telefónica, esperé 5 largos minutos para ser atendido pero lo valieron segundo a segundo.
El sheriff ya tenía conocimiento de nuestra situación y estaba algo acostumbrado a este tipo de cosas bizarras por lo que entenderme con él no fue muy difícil.
-Sheriff Andrews, en qué te puedo servir ahora Jack- su voz era pacífica debido a la situaciones diarias que pasábamos en la estación. -Hola sheriff, espero no haberlo molestado, cómo sabrá usted nuevamente ese estúpido puerconejo ha entrado en la estación y está causando estragos nuevamente- un suspiro de resignación salió de mi nariz debido a lo desesperado que estaba y mi compañera de turno, Lauren, se encontraba limandose las uñas en el final de pasillos de embutidos, ni que decir de Foggel, el chico de intendencia que se encontraba distraído con las revistas de chicas semidesnudas… No tenía apoyo de ambas partes por lo que llamar a la policía fue la única opción que tenía.
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"La estación de autoservicio prohibida "
Misterio / Suspenso"Mi nombre es Jack Miller, tengo 23 años y trabajo en esta estación desde hace algún tiempo, sólo diré que si te atreves a entrar en ella prepárate para lo que vas a presenciar"
