Saludo y despedida

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Hoy es mi primer día de clases de este nuevo año. Estoy ansioso, pero al mismo tiempo nervioso por todo lo que se viene.

Todos mis amigos con los que compartí desde pequeño ya no estarán, y es que, al pasar a enseñanza media, todos nos separamos. Algunos se van a Liceos humanistas, otros a comerciales y también algunos escogen liceos industriales, para prepararse desde ya para el mundo laboral.

Cómo no recordar al Iván, la pasábamos muy bien juntos, compartíamos la colación en los recreos, un kapo, un queque o un pancito calentito de la señora María, tengo recuerdos muy gratos con él. Que decir de la Sandra, probamos el cigarro juntos, a ella le gusto, y hasta el día de hoy fuma. ¡Puta! Yo lo encontré asqueroso, aunque en los días fríos pasa más piola.

Con el Jaime hacíamos la cimarra los viernes y nos íbamos al centro, esperábamos hasta las 11 y entrábamos a algunas tiendas comerciales a jugar en las consolas que estaban de muestra. Los guardias de seguridad nos sacaban, pero nos íbamos a la tienda de al lado y ¡ya!

¿Qué haré? ¿Con quién pasaré el rato ahora?...

Sin duda será complicado olvidarlos, será muy difícil estar sin ellos. ¡Chucha! ¡No quiero!

Ya entrando a clases, y mientras caminaba por los pasillos de aquel lugar, todo parecía normal. Gente riendo, conversando, algunos abrazándose en su vuelta a clases y ahí estaba yo, con mi mirada hacia el suelo, afirmando mi mochila con ambas manos y con los cordones de mis zapatillas a medio abrochar, cómo si esperara que algo inesperado sucediera.

Sala 206, abro la puerta, entro y me siento atrás, pegado a la muralla del lado derecho.

Aún no llegaba el profesor y me sentía un poco incómodo ahí. Nunca he tenido mucha personalidad, no me atrevo fácilmente a conversar con personas a las que no conozco, así que mejor esperaba a que la clase comenzara.

En un minuto me sentía muy observado, pero no quería mirar alrededor, estaba fijamente con la mirada hacia mi cuaderno, rayando palabras sin sentido, ocupando el total de la plana.

De un segundo a otro, siento qué hay alguien a mi lado, justo al frente de mí. Desvió la mirada hacia sus pies y me doy cuenta que es una mujer.

Levantó la cabeza y la veo...

– Hola, ¿Cómo te llamas? –Dijo una niña con actitud muy simpática y muy linda.

– Lukas es mi nombre. ¿Y el tuyo?–Dije nervioso.

–Yo me llamo Renata, y es mi primer día de clases. Te estaba mirando y estabas muy concentrado viendo tu cuaderno. Pensé que estabas solo, por eso me acerqué a hablarte.

–La verdad es que no conozco a nadie, y me hacia el concentrado para parecer ocupado, extraño un poco a mis compañeros anteriores. Justamente estaba pensando en eso. –Le dije, mirándola a los ojos.

– ¿Me puedo sentar junto a ti? –Preguntó.

– ¡Claro! –Le dije rápidamente.

Pasaban los días, y cada vez me agradaba más la idea de estar a su lado. Podía sentir el aroma de su pelo, su perfume y el susurro de sus labios cuando quería contarme un secreto acercándose a mi oído lentamente.

Sinceramente no sabía mucho de chicas. Bueno, tampoco mucho de la vida, pero estaba a gusto, y para mí eso era lo único importante en ese momento.

En ocasiones extrañaba a mis antiguos amigos, pero sentía que ella llenaba de alguna forma ese vacío. Nos sentábamos juntos en clases, nos íbamos juntos también a casa. Los fines de semana, hablábamos por teléfono y en ocasiones salíamos a tomar un helado a la plaza.

Me encantaba mirar al cielo, apoyando mi cabeza en sus piernas, imaginar situaciones extraordinarias en nuestras vidas y reír sobre las cosas que se nos ocurrían.

Habían pasado 3 semanas desde el día que la conocí. Pero pareciera que hubieran pasado meses o hasta años. Éramos muy unidos...

Ya es de noche y dormiré. Mañana veré nuevamente a Renata.

14 de Diciembre del 2014 - 6:45 horas.

Abro mis ojos y me levanto rápidamente. Voy al baño y me ducho mientras canto una canción, escucho a mi madre  desde la cocina.

– ¡Lukas! ¡Apura! Llegarás tarde...

Es extraño. Le había pedido a mi madre que desde que entrara a la media, no me atendiera más por las mañanas. De hecho hace 3 semanas que no lo hacía.

Me pongo la ropa y salgo del baño, llego a la cocina y hay un té con un par de tostadas esperándome.

Bueno, si mi madre quiere atenderme de vez en cuando, ¿Que le puedo decir? Está bien.

Tomo mis cosas y me voy a clases.

De camino miro el celular, y noto que la fecha y hora no concuerdan con el día de hoy. –Espera... hoy debería ser 26 de marzo del 2015...–Pensé.

Llego al liceo y lo noto un poco diferente, entro a la sala y todos se voltean a mirarme, todo el ruido que existía antes de entrar se había silenciado. No había absolutamente nadie de mis nuevos compañeros y por supuesto, Renata no estaba.

Nervioso cierro la puerta, intentado comprender que estaba pasando. Voy hacia la oficina del director, llego a la recepción y mirando fijamente a la secretaria pregunto...

– ¿Me podría decir qué fecha es hoy por favor?

–Claro, 14 de Diciembre, último día de clases de este año. –Responde con certeza.

– ¿Que está pasando aquí?–Pensé.

Salgo corriendo rápidamente hacia mi antigua escuela, llego, voy a la sala 107, abro la puerta y ahí estaban, todos mis antiguos compañeros, se para de su lugar la Sandra y viene a recibirme ansiosamente.

– ¡Amigo! Hoy es nuestro último día de clases y debemos celebrar, ven, dame un abrazo.

Sin saber qué es lo que realmente ocurre. Extiendo mis brazos y abrazo a Sandra susurrando en su oído.

–Sandra, amiga, me ocurrió algo muy extraño.

–Lukas, ¿Qué ocurre? Estas pálido.

–Renata, ¿Dónde está Renata?

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⏰ Last updated: May 07, 2019 ⏰

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