El avión despega enseguida, en cuanto me siento. A mi lado, una chica pálida que no deja de llorar. Al otro lado, un hombre mayor que se durmió nada más sentarse.
Mi nombre es Aiz Morgan, aunque se pronuncia Aiss, o al menos eso dice mi madre, la cual se ha quedado junto a Charles (nunca llamare a mi padre por su verdadero nombre) en la ciudad de Nueva York. Viven en el centro y tienen dinero para mantener a cinco familias enteras a la vez, aunque prefieren gastarselo en comprar cosas para ellos. Un ejemplo: el enorme collar de perlas que se compro Susan (mi madre) la semana pasada para festejar su décimo, dos meses y tres días de feliz matrimonio con Charles.
Mi padre es un hijo de puta. Bueno, al menos eso pienso desde que me pega a escondidas de mi madre. De eso hace apenas un año, cuando le echaron de trabajo. Ahora tiene uno mucho mejor, aunque ha encontrado en mi algo en lo que desquiciarse cuando las cosas le salen mal. Mi madre no sabe nada de esto. Tampoco quiero que lo sepa. Aunque Charles me trata a mi cómo a una mierda, a mamá siempre la cuidó y la amó. Por ahora, no quiero destrozarle la vida.
Por ello, me voy a mudar junto a mi hermana, Christina, Chris para los amigos (aunque a mi nunca me ha permitido llamarla así). Es cinco años mayor que yo, tiene ya veintitrés, y vive sola en un apartamento desde los veinte con su amiga Laura. Eso al principio. Ella se fue hace dos meses y mi hermana me propuso ocupar su lugar y quedarme en su habitación GRATIS. Sí, gratis. Por ello, no dude en aceptar y empecé a empaquetar mis cosas lista para irme. No eran muchas, no me gusta el lujo (por eso a veces me pregunto si soy adoptada).
Y ahora aquí estoy.
Escuchando a una chica llorar y a un hombre roncar.
Que ganas tengo de llegar.
En Nueva York dejo a mi novio, Marcos, que me propuso llevar una relación a distancia, aunque me negué. No me veo capaz de soportarlo. Y él se merece encontrar a alguien que le haga feliz, a la que pueda abrazar y besar, cosa que conmigo ya no puede. Solo espero que no me guarde rencor por mucho tiempo, porque tengo intención de volver una vez termine la universidad.
También dejo a todo mi grupo de amigas.
Y a Santiago, hispano de voz ronca y hermosa que... Dios. Debería parar de hablar de él. Total, su novia Mónica siempre, digo SIEMPRE está detrás de él. Amigos de la infancia, of course. Y si, estoy en la friendzone. Bueno, estaba hasta que deje de estar colada por el hace dos años y empecé a salir con Marcos, el cual me llevaba siguiendo medio siglo. Pero eso no quita que Santiago parezca un dios griego. En parte me alegro de dejarle atrás, aunque no quería admitirlo, no era bueno en mi vida.
Cojo mi móvil y pongo una película "amor a medianoche", que debo de haberla visto como mil veces, pero me sigue gustando tanto como en la primera. Y sigo llorando igual. Por eso la tengo descargada aunque me ocupe un montón de espacio en mi iPhone penultimo modelo comprado y usado por mi madre hasta que salió uno mejor
Que no tardó en comprar también, dejándome este a mi.
Al final me acabo durmiendo a los pocos minutos, cuando apenas la película lograba empezar.
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El aeropuerto está lleno. No tanto como el de Nueva York, pero apenas hay huecos libres en los bancos. Al final encuentro uno y me siento junto a mi enorme maleta color fucsia (que no está llena ni la mitad) que reza: je aime...
Llamo a Christina para saber si ya me esta esperando.
-Hola Aiz- dice con su acento mitad Nueva York mitad Chicago- ¿has llegado ya? Llevo como dos horas esperándote.
-Sí-respondo-acabo de llegar. ¿Donde estas?
-Voy yo a buscarte mejor.
-Vale. Estoy enfrente de una cafetería.
-Hay muchas cafeterías. ¿En cual de ellas estas?
-Pone Chicago's bar o algo así
-Ya se cual es. ¡No te muevas! Voy para allá.
Y me cuelga.
Llevo sin verla muchísimo tiempo, aunque de pequeñas siempre estábamos muy unidas. A pesar de la edad. Cuando se fue, me sentí sola, porque no sólo era mi hermana, si no también mi mejor amiga. Llamaba todas las noches y charlabamos hasta la madrugada. No se si ahora, después de tanto tiempo, la relación se habrá enfriado, aunque sinceramente, yo espero que no. Ahora lo sabre.
A los cinco minutos aparece una chica rubia, altísima, delgada y guapa. Es mi hermana. Luce muy distinta a la última vez que la vi. Lleva el pelo más largo y liso y está mejor maquillada que cuando lo hacía mamá.
No sé muy bien si darla un beso, abrazarla o decirla un simple "hola", aunque no have falta que lo piense porque en cuanto me ve se abalanza a mis abrazos.
-¡Que mayor estas Aiz! ¡Y que guapa!- parece que Chicago la ha cambiado porque ahora se parece a todas esas tías de las que nos reíamos en Navidad-¿qué tal estás? ¿Necesitas que te lleve la maleta?-sin esperar respuesta la coje- Uy, que poco pesa. Parece que no llevas nada. Vamonos- dice sin darme tiempo a contestarla. En eso no ha cambiado- el pueblo te va a encantar. Es precioso. Te llevare todos los días a la Universidad y... Dios. No puedo seguir hablando cómo si nada. Tengo una sorpresa preparada para ti que te daré en cuanto lleguemos a casa. Ya veras. Te vas a enamorar. Claro, que si a mi yo de dieciocho años le hubiesen regalado algo así estaría cómo loca. Y...y... Aiz, ¿me estas escuchando?
Se enrolla tanto que es fácil perder el hilo de la conversación con ella.
-No. Lo siento. ¿Podemos irnos ya?
-De eso mismo hablaba yo. ¿Sabes que hay una piscina municipal? La cerraron hace una semana porque ya se está acabando el verano, pero es fantástica. En cuanto la veas la vas a amar aunque tendrás que esperar al menos nueve meses...
No me cuesta mucho volver a desconectar y dejar de escucharla.
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Sweet Midnight
Hombres LoboAiz decide empezar una nueva vida alejada de todo lo que conoce en un pueblo de Chicago, donde vive su hermana mayor, Christina, con la que lleva sin verse al menos tres años. Allí conoce a Stephan y a Sam, dos extraños chicos totalmente opuestos qu...
