¿Por qué la psitirisma era lo único que podía escuchar en esos momentos? El mundo parecía haber caído en brazos de Morfeo y el único ser que podía ser completamente consciente de ello era él, quién solamente tenía imposibilitada la hermosa vista de la aurora que se formaba aquella manera.
Quizás por eso no pudo ser capaz de decir aquellas palabras.
Quizás por eso él era indeleble para sí.
"Déjame ir, por favor"
¿Pero con qué derecho era capaz de pedirlo?
"No quiero esto"
Me lo prometiste. — Aquella voz que tanto había anhelado oír esos últimos meses se hacía presente. — ¿Te quedarías a mi lado? — Volvió a preguntar, igual que la primera vez.
— Te lo mencioné la última vez, idiota. Yo ya no quiero ser un luftmensch. — Le recordó, sintiendo su cuerpo temblar y la respiración entrecortada en cuanto escuchó las hojas crujir a su espalda.
— Pareciera ser que aparte tienes Tapia, ¿No? — Su voz se escuchó un poco más profunda al decir aquello. — Te lo repetí una vez, y volveré a decirlo mil veces si es necesario, no me importa.
— ¿No puedes siquiera considerarlo? — Bajó la mirada, sintiendo un dolor en su diminuto corazón.
El melifluo sonido que lo hacía suspirar y entregarse completamente al sentir se encontraba sonando en todo su esplendor, más suave de lo que debería, convirtiéndola en algo celestial, ah, definitivamente no podía ser digno de escuchar tal melodía. ¿Por qué sus ojos no simplemente podían concentrarse en la danza que creaban los dedos del chico deslizándose por las teclas cuán danza divina? ¿Por qué sus ojos solo se desviaban a observar la fascinación con la que aquel de ojos oscuros cerraba los ojos y los abría para mostrar algo brillante? Sin embargo, ¿Por qué aquel nunca mantenía la mirada en las teclas ni en sus propios dedos moviéndose?
— ¿Sabías que espiar es de mala educación? — Le preguntó aquel, sus manos aún deslizándose por las teclas de aquel precioso instrumento.
— Ah, yo... — Mordió su labio ante la búsqueda de una respuesta que no obtendría. Él tenía razón. — Me gusta, me gusta como tocas.
— Gracias. — Agradeció, y aquello fue lo último que dijo antes de volver a concentrarse en la melodía que producían sus propios dedos.
Cada vez que el alba hacía presencia en aquel cielo lleno de oscuridad, era que estas dos almas se reunían, no habían palabras, solo la melodía producida por el mayor entre los dos. Ni sus identidades sabían el uno del otro, ¿Entonces por qué parecían saber incluso más de lo que deberían? Ese sentimiento de su cercanía, cuando al menor le latía rápidamente el corazón al dar un paso más cerca cada día, sin rechazo por parte del otro, aquel sentimiento inefable que provocaba el acelerado latir por miedo al rechazo y a la vez por la emoción de estar más cerca.
Qué error cometió al sentirse lo suficientemente cercano a él.
Qué error cometió al dejar que el sentimiento creciera.
Sus pasos acelerados buscaron a aquel chico de piel pálida por toda la institución, cansado, pero luchando por encontrarlo, yendo en contra de sus propios deseos. Siempre, en el mismo lugar, a la misma hora. Sin embargo, ¿Qué fue lo que ocurrió para que todo cambiara tan drásticamente? ¿Qué fue lo que provocó la ruptura de toda lejanía? Porque lo envolvió en sus propios brazos, compartiendo el sentir de su corazón, el cual latía como un loco en aquellos momentos en los que aquel no podía estar tranquilo.
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Fanfiction"Si lo olvido, si cierro mis ojos y me envuelvo en la ignorancia, hazme recordarlo, hazme recordar que eres solo tú" Un regalo de cumpleaños que debía ~
