Título de ejemplo, no lo tengo muy claro.

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Eran las 10:30 PM en Nueva York cuando Lieselotte pisó por primera vez fuera de su país, estaba helado y en el aire se sentía una saturación extraña, como si no fuera fresco. Lieselotte estaba extenuada, el viaje desde Alemania a USA tardó más de 20 horas, debía encontrar rápido un lugar en donde quedarse pues tiempo no le sobraba.

A paso rápido, Lieselotte caminó fugaz por las ocupadas calles new yorkinas, buscando algún hotel, alguna referencia o pista de donde quedaba su lugar de trabajo. Su inglés no era muy bueno que digamos, porque aunque entendía lo que le decían era un espectáculo de media hora entender lo que ella quería decir, por esto mismo se limitó a observar. Esto hasta que, un señor con pinta de estafador de primera se acerca a Lieselotte, confiado, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Buenas noches señorita...- Dice el caballero – Veo que no está muy ubicada en esta enorme ciudad, ¿o sí?

Una ronca risa hace que Lieselotte se dé cuenta de que el caballero le ofrecía subirse a su taxi, que era llamativo, con luces de neón dentro en la cabina y con numerosas pegatinas dentro y fuera.

-Lo siento mucho señor, pero yo no quiero, uhm, ir con usted- Dijo intranquila Lieselotte-

El fuerte acento de Lieselotte hace que el misterioso caballero insista aún más, estaba decidido a llevársela a donde sea que fuera. Entonces, Lieselotte decide afrontar el peligro, quizá era común en esta ciudad ofrecer transporte de esta manera y mientras el caballero se subía, pensó que fue su mejor opción, estaba pérdida y cansada, solo debía pedirle que le lleve a un hotel.

El taxista, siempre sonriente, le pregunta a Lieselotte hacía adonde quiere ir. Ella tardó un tiempo en maquinar las palabras, entonces dio la vaga idea de un lugar donde quedarse. Sin rechistar, el taxista pisó a fondo su acelerador y maniobró como un fantasma entre el tráfico infinito de las ajetreadas calles de Nueva York.

Llegaron a un barrio sospechoso, bajo un manto oscuro, sin gente en las calles ni luces prendidas. Lieselotte preguntó nerviosa si estaban llegando y el taxista se limitó a sonreír. Ya había pasado un rato desde que se alejaron de la ciudad, no sabía en donde estaba. Justo cuando Lieselotte estaba dispuesta a exigir que el taxista explicara a donde iban, el taxi paró frente a una pequeña casa entre medio de 2 gigantescos edificios. Era vieja, con el techo descolorido y muy roto, las paredes estaban arañadas por todas partes y con mucho esfuerzo se lograba ver un pequeño cartel que decía "Alojamiento".

Lieselotte entendió que era lo mejor que pudiera hacer por su primera noche y procedió a pagar. El taxista soltó una larga carcajada al ver los billetes alemanes que estaba entregando Lieselotte y le dijo que esta vez, la casa invita. Lieselotte, un poco harta ya, se despide del caballero taxista y toca a la puerta.

Algo.Where stories live. Discover now