Año 1954, rumbo por el condado de Dutchess, Nueva York, precisamente a una milla al sur de Dover Plains (aldea de Dover), habiendo pasado con intransigencia aquel cartel que marcaba Oniontown, el grupo de jóvenes se trasladaban sobre su pintoresca aunque algo sucia y descuidada furgoneta blanca con una raya al medio horizontal color celeste cubriendo la parte de abajo. Era conducida por aquella deshabitada carretera, rodeada de pasto seco y vislumbrando a lo lejos en el horizonte un alargado manto de frondosos árboles. Desde la radio se exponía clásica música moderna al mejor estilo del rock country, género musical preferido por excelencia de la mayor cantidad de habitantes de varios condados. Guiándose por la escasa luminosidad del cielo, que denotaba una capa azulada, se podría descifrar el horario, cercano a las 07:00 a.m. Una parvada de cuervos pasaba volando predominante sobre el horizonte, seguros de su camino, dispuestos a alimentarse y/o reproducirse aunque pasando totalmente desapercibidos.
Dentro, John, el más grande del grupo con veinticinco años de edad, nativo de Texas, se encontraba conduciendo dicho vehículo, su cabello negro, sus ojos color café y su piel algo oscura denotaban una personalidad rústica mientras que su altura era la del promedio y su complexión notablemente delgada. Mariah, nativa de Michigan, chica de veinticuatro años, de cabellos negros no tan largos, piel blanca como la nieve y ojos color gris, tomando así una apariencia algo gótica, además de baja estatura y cuerpo delgado, se deleitaba al fumar su cigarro el cual sostenía con su mano fuera de la ventanilla para tratar de no afectar con el humo a su pequeño hijo Thomas, niño de tres años, de cabellos castaños, blanco y ojos oscuros, quien se hallaba sentado en su regazo. Mientras fumaba, tarareaba partes de la canción que estaba sonando. Detrás, en la parte donde no había más asientos, Nathan, Ariel, Juliette y Alan cantaban juntos, y muy alegres, aquella canción. Ariel, hermano menor de Mariah, también perteneciente al condado de Michigan, de diecinueve años, cabello rubio, piel blanca, ojos miel, delgado y altura promedio, se mantenía sonriente, recostado de espaldas sobre Nathan, quien lo rodeaba con su brazo izquierdo mientras fumaba también un cigarrillo con la mano libre. Este, siendo mayor a él, con veintitrés años de edad, cabello oscuro, ojos azules y piel blanca, además de ser delgado y poco más alto, nativo de Nueva York, quien presentaba una seria expresión mientras disfrutaba de su vicio. En una de las esquinas permanecía Juliette bebiendo cerveza de una lata de aluminio. Perteneciente a Los Ángeles, de diecinueve años de edad, llevaba cabellos castaños por debajo de los hombros, su piel era blanca y sus ojos verdes. Tenía una baja estatura y un cuerpo sumamente delgado. Y por último pero no menos importante, sentado tranquilo, cantando con gran entusiasmo en la otra esquina frente a Juliette se encontraba Alan de 20 años, nacido en California. Era un chico de cabellos negros peinado hacia la nuca, piel blanca y ojos oscuros sobresaliendo su baja estatura y su cuerpo robusto. Todos juntos se habían tomado unos días libres dispuestos a asistir a aquel gran concierto donde se presentarían algunos de sus artistas preferidos, el cual se llevaría a cabo una milla más adelante.
- ¿Hay alguna forma de que dejen de cantar?-rió John manteniendo el volante firme, hablando a los que se encontraban detrás.
- ¡No! -rieron al contestar los otros tres. Mariah los observó unos segundos detenidamente y luego dejó caer la ceniza de aquel cigarro a medio consumir fuera del vehículo. En un momento, con la idea de pasar por desapercibido, Alan miró fijamente a los ojos de Nathan, haciendo un pequeño gesto con su pulgar y dedo índice presionados entre sí, acercándolos y alejándolos de sus labios varias veces rápidamente, referenciando a la ilegalidad, a lo que el mayor sonreía asentando con la cabeza. Ariel observaba intrépido tales comportamientos y guardaba silencio, fingiendo no haberse percatado de nada. Juliette daba el último sorbo y tras abrir una de las ventanillas lanzaba la lata vacía hacia afuera, emanando aquel estrepitoso sonido metálico hasta ser perdida de vista
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Oniontown
HorrorAño 1954. Cuando un grupo de desatados y entusiastas jóvenes ignoran las advertencias de tomar otra carretera, terminan adentrados en un escalofriante pueblo aparentemente olvidado por Dios... Un pueblo donde está prohibido entrar... pero también es...
