Capítulo 12

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cambios de escena estarán => (°°°°°°°°)

 cambios de narración de los personajes => (*-*-*-*-*-*)

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Le tomó todo un jodido día ordenar su casa. La cocina, la sala, los cuartos, el baño, el pasillo, los escalones. Todo se encontraba despejado, sin suciedad, sin lagos de agua en el suelo, y más importante, sin trozos esparcidos a diestra y siniestra por el lugar. No le fue posible hacer más que eso, claro, dejando de lado el tiempo que tuvo que dedicar a lavar la ropa de la enana y ponerla a secar. Qué dolor de cabeza la niña.

Leo en ningún momento dio muestras de ofrecer ayuda, y cada vez que Ed se la pedía salía con la frase: «Tu monstruo, tu problema», para luego continuar con la lectura interminable del libro. ¿Acaso creía que no se daba cuenta que llevaba más de una hora sin pasar la página?

Kym tampoco resultaba ser la mejor opción, debía especificar con exactitud la tarea que le encomendaba, de lo contrario destruía todo cuanto tocaba. Ed no pudo controlar su exasperación y terminó por gritarle. La única reacción que obtuvo de ella fue un rostro inexpresivo, hasta Leo se mostró más impresionado que ella por sus gritos. Después de eso optó por hacer todo por su cuenta, incluida la comida, al menos el imbécil de su hermano decidió colaborar en eso, solo en eso.

Se levantó de la cama, chasqueando la lengua. Ella no hacía absolutamente nada y aun así no lo dejaba dormir. Bajó las escaleras, pensando en el trato que Kym y Leo habían hecho, ninguno de los dos entró en detalles acerca del acuerdo, pero al parecer ambos pensaban cumplirlo, ¿por cuánto tiempo? Lo ignoraba.

Salió de sus pensamientos al llegar al final de las escaleras. Concentró su vista en las sombras que reinaban en la estancia, calculaba que serían las dos de la mañana. Hacía dos horas que Leo y Ed subieron para irse a dormir, Ed suponía que su hermano dormía, de lo contrario estaría vigilando a Kym, quien se quedó en la sala junto a la ventana. Antes de subir Ed le había ofrecido su cuarto, después de todo aunque Kym resultara ser una enana irritante que lo exasperaba cada dos por tres, no dejaba de ser eso, una enana, es decir una mujer, y su educación inculcada le obligaba a ser un caballero ante ese pequeño ser molesto. Kym lo rechazó o al menos así interpreto su silencio, al parecer mirar hacia fuera era más importante que contestarle. Ed se encogió de hombros antes de seguir la espalda de su hermano escaleras arriba. Pensaba que vería a Kym en la mañana, pero no contaba con su falta de sueño debido al continuo pensamiento de la enana rondando por la casa.

Sus ojos se detuvieron en la figura irregular asomada por la ventana. Kym no se había movido ni un milímetro desde la última vez que la vio. Se acercó a ella despacio, cuidando de no hacer ruido que pudiera alterarla. Ed se detuvo al llegar a los tres metros acostumbrados, pero al no ver reacción alguna decidió acortar las distancias hasta situarse justo a su lado. La mirada de Kym se perdía en el infinito cielo, su rostro se mantenía inexpresivo, aunque sus ojos mostraban un brillo nostálgico. Por unos minutos Ed se quedó admirándola, Kym ya no se veía como la niña de siempre, ahora parecía una mujer. Una mujer que resguardaba profundos secretos en su interior.

—Hay un bonito cielo —comentó, arrepintiéndose de haber hablado. ¿Qué clase de frase era esa? Se revolvió el cabello. Kym no le prestó atención —. Las estrellas se ven bien. —Se pasó una mano por el rostro. Debía dejar de hablar.

—Contenedores.

Ed giró su rostro para verla. La enana seguía con la vista fija en el cielo.

—Las estrellas son contenedores de todos los deseos de las personas buenas. —Ed permaneció en silencio, hasta la voz de Kym sonaba diferente —, cuanto más brillante son, mayor es la cantidad de deseos que guardan.

La QuimeraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora